Humanidades Digitales y Estudios de Medios

En los últimos cinco-diez años que han sido testigos del boom de las Humanidades Digitales hemos debatido y, al final, internalizado la idea de que las disciplinas humanísticas, hasta no hace mucho cercadas en prácticas y ámbitos librescos, han sido revolucionadas por la existencia de publicaciones electrónicas, de proyectos de digitalización, de las posibilidades del procesamiento computacional y de los medios de comunicación que fomentan el trabajo colaborativo e interdisciplinario. Todo esto es cierto. No obstante, creo que hay otro giro fundamental de las HD en comparación con las “humanidades analógicas” y que da otra capa teórica y práctica a todo lo antes mencionado: el cambio de medio de sus objetos de estudio contemporáneos.

Curiosamente, el enfoque en este cambio de medio no ha sido parte central de las prácticas de las HD que nos han mantenido muy ocupados haciendo digitales los objetos que no lo son por medio del modelado y recolección de datos de fenómenos complejos, del marcado de textos de forma que puedan ser procesados computacionalmente y, claro, de proyectos de digitalización. En este panorama, aunque sí se han filtrado a las HD, los estudios sobre el cambio de medio se han realizado desde la historia del libro, el diseño de interfaces, los estudios de lectura y, esencialmente, la teoría de medios. Aquí, entonces quiero resaltar la importancia de las reflexiones provenientes de la teoría de medios para toda labor humanística digital y su potencial como otro más de los productivos intercambios disciplinares de nuestro campo.

Antes de continuar, deseo dar un par de ejemplos, Historia y Estudios literarios, que sirven para ilustrar este argumento pues han visto no solo el ámbito general de su práctica modificado por los medios digitales; sino que más radicalmente, inclusive sus fuentes primarias contemporáneas son objetos nacidos digitales. Pensemos en la enorme producción y la evolución de sitios web—todos potencialmente relevantes para el estudio de la historia reciente, no solo de la historia de la web—desde hace un par de décadas. Como lo estudia el canadiense Ian Milligan estos registros de la actividad humana han estado conduciendo a los historiadores desde una economía de la escasez (con fuentes primarias limitadas aunque estables) a una de abundancia (con fuentes primarias cuantiosas pero de gran inestabilidad), pero implica el cambio conceptual significativo de no estudiar únicamente los grandes momentos vividos y registrados por unos cuantos, sino de breves momentos experimentados y registrado por muchos. De forma similar, consideremos la creación literaria de los últimos treinta años donde la producción creativa ya no es exclusivamente de manuscritos que luego son impresos y publicados sino, cada vez más, de textos electrónicos, multimediales y transmediales editados y publicados de formas diversas. (En este blog, Karla González y Roberto Cruz Arzabal escribieron al respecto hace unos meses). Estas creaciones literarias contemporáneas han planteado el problema para críticos y teóricos literarios de realizar teorizaciones específicas sobre recursos literarios que ya no son solamente verbales, sobre textos que son imagen y sonido y que, en los casos pioneros, pueden ya ser únicamente leídos en computadoras obsoletas para cualquier otra actividad.

Estos dos ejemplos nos dejan ver que no solo la práctica metodológica y comunicativa de las disciplinas humanísticas se ha mudado al ámbito digital. Además, hacen evidente que la propia producción cultural que estudiamos (registros históricos, archivos, obras literarias y visuales, etc.) y, en sí, la propia materialidad de dicha producción cultural es ya también de corte digital. En última instancia, cabe señalar que muchas de estas fuentes primarias (Twitter es una muy clara) son posteriores a los inicios de las HD—e incluso después de su consolidación en el mundo anglosajón en los primeros años del siglo—y, por lo tanto, suponen una teorización in medias res que redibuja las HD constantemente.

De esta forma, este giro del medio de producción cultural presenta otro estrato en el que los humanistas digitales, no solo en historia y estudios literarios, tienen la oportunidad de ser reflexivos y propositivos y adoptar conocimientos producidos desde otros campos como la teoría de medios. Los estudios de medios ofrecen, por ejemplo, teorizaciones importantes sobre las estructuras de poder y económicas que han determinado, por mencionar una, la arquitectura de la world wide web y, en consecuencia, las condiciones sobre las que la producción cultural en la web ha tenido lugar. La mirada a la dimensión mediática, como lo proponen Jussi Parikka y Erkki Huhtamo en Media Archaeology: Approaches, Applications, and Implications “enfatiza las manifestaciones discursivas de la cultura tanto como las materiales”[1]. Por otro lado, como ha demostrado el extenso trabajo de Katherine Hayles, los estudios de medios desnaturalizan las cualidades presupuestas sobre los medios impresos o digitales—y su estudio—para dar lugar a visiones que complejizan los productos culturales que han emergido de cada medio. Su colección coeditada con Jessica Pressman Comparative Textual Media es muestra de la variedad de reconfiguraciones de los medios textuales en la era postimprenta. Del trabajo de Hayles y Pressman también es relevante para la forma en la que los humanistas digitales realizamos nuestra labor investigadora el que “los ciclos recursivos de retroalimentación entre forma y contenido no son característicos de casos especiales únicamente […] sino la base necesaria desde la que parte cualquier investigación” [2].

La incorporación de aproximaciones provenientes de la teoría de medios en las humanidades digitales, asimismo, tienen el potencial de extender y profundizar aún más las prácticas interdisciplinarias entre registros, archivos y productos culturales provenientes de campos hasta ahora compartamentalizados por temas, épocas, o entorno de producción. En pocas palabras, la teoría de medios abre una ventana a las condiciones específicas de la producción cultural de la que las humanidades (digitales o no) se ocupan—sus implicaciones conceptuales, semánticas, hermenéuticas, afectivas, materiales, económicas, sociales, etc. Pero más allá de eso, una tarea que las humanidades digitales podrían heredar de la teoría de medios, como lo ha expuesto McKenzie Wark, es “encontrar nuevos pasados […] como una parte integral de encontrar nuevos presentes y futuros posibles”. Si bien es cierto que en la práctica de las HD algunos de esos nuevos pasados pueden no ser muy lejanos temporalmente, la noción se sostiene y, lo que es más, modifica las teorizaciones sobre medios que nunca prosperaron, que se volvieron obsoletos o que continuamos utilizando en instanciaciones contemporáneas.

Sin duda, este cambio de medio en las fuentes primarias irá ganando mayor atención conforme adoptemos una perspectiva de medios que los considere tanto el objeto de estudio como parte del método de estudio. Y quizá sea ahí donde los humanistas digitales podemos no solamente incorporar los medios, los canales de comunicación y las metodologías que han emergido a lo largo de la historia de la computación, el internet y la world wide web hasta ahora, sino también teorizar—desde una perspectiva (post)digital— sobre la forma en la que los medios determinan (y han determinado) el pensamiento humanista desde hace siglos.

Referencias

[1] Huhtamo, Erkki, and Jussi Parikka. Media Archaeology: Approaches, Applications, and Implications. University of California Press, 2011.

[2] Hayles, Katherine, and Jessica Pressman, eds. Comparative Textual Media Transforming the Humanities in the Postprint Era. Minneapolis: University of Minnesota Press, 2013.

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