Durante los últimos dos años un grupo de investigadores en México, cuyo líder fue la Dr. Isabel Galina del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM, estuvo desarrollando el proyecto Intercambios oceánicos (OcEx) otuvo financiamiento de la Convocatroria Digg in to the data (2017). 

Un proyecto que reunió a investigadores de distintas disciplinas de nueve universidades de Estados Unidos, México, Alemania, Países Bajos, Finlandia y Reino Unido, para analizar patrones de flujo de información en periódicos de todo el mundo, por medio del uso de métodos computacionales para conectar hemerotecas digitalizadas y proveer de herramientas para su estudio. 

En México, el proyecto permitió reunir a un pequeño grupo de investigadores, al que se incorporaron estudiantes de doctorado, maestría  y licenciatura. En esta entrada presentamos la reflexiones que, por un parte, hace Laura Angélica López Méndez, estudiante de la licenciatura en Filosofía de la UNAM, y por otra, la historiadora  Dr. Laura Martínez Domínguez, quien se inciporó incialmente como doctoranda, sobre su participación en el proyecto.   

Comenzar en las Humandiades Digitales 

Laura Angélica López Méndez

Antes de integrarme al equipo de Intercambios Oceánicos, daba por sentada la existencia de expertos en computación que desarrollan herramientas digitales para la labor académica, con las cuales trabajamos y vivimos; sin embargo, al adentrarme al mundo de las humanidades digitales pude concebirlas como un sector esencial en las prácticas humanísticas venideras. La unión de filosofía y computación ha ampliado significativamente mis competencias laborales, y lo que es aun más importante, me ha abierto la puerta a nuevas metodologías y objetos de estudio.

Mi lugar en el equipo está en el apoyo a la mayoría de los subgrupos del proyecto, y en el breve trayecto que he recorrido hasta ahora, he trabajado con los periódicos del siglo XIX en su presentación digital y de varias maneras, que van desde la limpieza de OCR, pasando por la traducción y síntesis de información, hasta la construcción histórica del proceso de su digitalización y de la creación de la Hemeroteca Nacional Digital de México. Además, el proyecto Intercambios Oceánicos me ha abierto la puerta al uso de TEI, herramienta de la cual sigo siendo aprendiz.

Leer noticias acerca de la ejecución de Maximiliano, la erupción del volcán Krakatoa, o la no-tan misteriosa explosión del acorazado Maine, ha sido una experiencia surrealista; interactuar con lo que podría ser la primer globalización de información y ser partícipe de un proyecto que pretende abrir esa posibilidad al público, ha sido enriquecedor y lo he disfrutado mucho. Pensar que pasamos de la transmisión de información a través de cables submarinos, a un toque entre la pantalla del teléfono celular y el dedo, me da una idea de la magnitud del evento que representa la era digital, que si bien llegó hace tiempo a nuestra vida cotidiana, no deja de sorprendernos.

Agradezco al proyecto Intercambios Oceánicos por permitirme ser parte de tan intensa e interesante labor, y por haberme iniciado en las humanidades digitales, en las cuales me queda mucho camino por recorrer.

No desdeñar las colecciones digitales

Laura Martínez Domínguez 

Desde el año de 2003 inicié la elaboración de fichas y bases de datos de los periódicos de las primeras décadas del siglo XIX en la Hemeroteca Nacional. Mi labor artesanal, primero en papel y luego en Word y Excel me llevaron a concentrar varios cientos de páginas. A partir de ahí examiné bajo ciertas preguntas a los datos, cuyos resultados mostré en modestas gráficas que integraron mis tesis de licenciatura a doctorado. Hasta aquí había sido mi incursión y provecho del uso de la tecnología. De esta manera, al sumarme al proyecto de investigación Intercambios Oceánicos en 2018, conocí un mar de posibilidades para la recolección, clasificación y análisis de datos. En primer lugar, exploré con mayor detalle la Hemeroteca Digital, lo cual me permitió apreciar sus alcances y virtudes y no desdeñarla por ser una colección incompleta. En particular, este proyecto me permitió explorar y comparar otros repositorios digitales, con lo cual me valorar la importancia del OCR, como un elemento central para el estudio de las humanidades. En segundo lugar, conocí herramientas digitales para la organización y análisis que hacen posible un examen tanto preciso como veloz de los datos de corpus mucho más grandes de los que había trabajado de forma individual. De hecho, una de mis reticencias para el uso de las herramientas era mi desconfianza hacia su capacidad para detectar con precisión los datos que se necesitaban examinar. Esta cuestión me hizo conocer que si bien hay márgenes de error, estos no sólo son pequeños sino que para el análisis de inmensas cantidades de datos las tendencias generales que se pueden establecer son valiosas por sí mismas. Además de la precisión en el examen de los datos, el abanico de herramientas digitales es muy amplio, tal es el caso de los mapas que muestran determinados flujos de datos que, para un historiador interesado en el análisis del espacio geográfico es muy significativo. Igualmente, estas herramientas son ideales para quienes estudien historia de las ideas e historia conceptual, pues permite la localización y la configuración de campos semánticos en el tiempo. En tercer lugar, en el proyecto de Intercambios Oceánicos pude trabajar de manera colectiva y genuinamente interdisciplinaria, lo cual fue enriquecedor en los planos teóricos y metodológicos. En cuarto y último lugar, este proyecto me abrió la oportunidad de estudiar la prensa mexicana e internacional de finales del siglo XIX, de manera que pude ampliar mi conocimiento como historiadora de la prensa. Igualmente, fue enriquecedor analizar cómo era la circulación de noticias internacionales en los años dorados del telégrafo y cómo se constituían  los nodos y periferias informativas.