Las humanidades digitales en la India. Un mapa

En tiempos resientes hemos visto extenderse la práctica y la enseñanza de las humanidades digitales (HD) por muchas partes del mundo. En contraste con lo que ocurre en aquellos países donde las HD se han desarrollados ya durante décadas y han alcanzado un grado de institucionalización y estandarización disciplinar importante con la creación de centros de enseñanza y de investigación, en los nuevos espacios globales de la Humanidades Digitales, la mayoría de ellos en el sur, las hemos recibido con ambigüedad. El entusiasmo que despierta utilizar herramientas digitales para las humanidades va de la mano de una cautela respecto de lo que las humanidades digitales implican como disrupción de las tradiciones académicas locales y los modelos disciplinares predominantes, por señalar sólo los dos más significativos.

En México, por ejemplo, cuando formamos la RedHD, una de las primeras decisiones que tomamos fue no definir las HD. Lo hicimos porque no queríamos partir de una cierta concepción de las HD, sino más bien mirar el entorno en busca del trabajo académico que podría identificarse con las Humanidades Digitales. Era una forma cauta de no adscribirse a un concepto, pero al mismo tiempo, una forma de abrir la puerta a aquellos académicos y aquellas prácticas a los que la idea de unas humanidades digitales les fuera afín.

Pero el problema de la definición de las HD en los países del sur parece extenderse, al igual que las HD, a nivel global. Justo en el centro del libro Mapping Digital Humanities in India de P. P. Sneha que se puede descargar aquí, se halla la decisión del autor de no partir de una definición de las humanidades digitales como principio metodológico válido para poder hacer un mapa de cómo se practican en la India.

“With few ‘digital humanists’ (a term many DH scholars in India have consciously chosen to stay away from) and DH centers around, and the discourse being far from stable in India, the best way to explore this supposedly new phenomenon then seemed to be to understand some of the immediate problems and questions with the notion of the ‘digital’ itself.”

La decisión de desplazar el problema de la definición por las preguntas sobre lo digital en India, es claramente política, porque lo que busca es situar las prácticas y el sentido de las HD en un contexto específico, donde lo digital tiene cierta forma. Al igual que en México y muchos países de América Latina, en la India, según Sneha, la discusión sobre lo digital, “have been located within the domain of the development of Information and Communication technologies for Development (ICT4D), in sectors ranging from education to governance. Principalmente, escribe, “through rhetoric about its potential to address and even resolve social and economic problems … now anything digital automatically translates to ‘good’ and ‘beneficial’.”

Esta visión positiva (y a crítica) de lo digital que ha venido definiendo las políticas de digitalización en los países del sur, se encuentra en India, como en muchos otros países, con una crisis de la educación en general, de la educación superior en particular, y muy concretamente de las humanidades. De modo que la promesa de las HD en ese contexto particular, ofrecen a las humanidades una convergencia con el cambio inminente que significan las tecnologías digitales, incluso sin la necesidad de intentar mostrar que hay una verdadera conexión entre las dos.

Muchos de los problemas que le dan forma a la práctica de las humanidades digitales en la India tiene que ver precisamente con que tanto estas tecnologías digitales son adecuadas a esa convergencia. Pero no se trata en realidad de un problema tecnológico, sino sobre todo de un problema político y social.

Aunque Sneha no es especialmente enfático en las implicaciones políticas de los problemas de lo digital –su interés se centra sobre todo en la forma de las HD en India- es difícil no ver así lo que el propio Sneha presenta como condiciones para el desarrollo de las HD en India. Por ejemplo, la cuestión de la obsolescencia tecnológica y la dificultad de acceso a nuevas tecnologías o incluso la resistencia a abandonar ciertas tecnologías, que marcan un límite a la apropiación de las tecnologías de las HD. Lo mismo ocurre con la lengua, quizás de manera aún más drástica y con implicaciones sociales y políticas más profundas.

Las tecnologías de codificación existentes, desarrolladas en Occidente, no son herramientas útiles para la representación digital de lenguas no occidentales como el bengalí. Lo mismo pasa con los instrumentos de digitalización: sistemas de escaneo y de reconocimiento de caracteres, que tampoco han sido desarrollados para lenguas no occidentales. Se trata, señala Sneha, de un límite mayor para las HD en India porque contiene los esfuerzos de digitalización y obliga a invertir mucho tiempo en el desarrollo de teclados y software de reconocimiento de caracteres, para que el bengali y otras lenguas de la India entren al frágil mundo de lo digital.

El archivo es otro problema. Tanto por la incompletud de los archivos -la necesidad de terminar de construirlos, de incluir en ellos documentos en otras lenguas, como por la cuestión de la infraestructura revela que, expresamente para Sneha, tiene importantes  las implicaciones políticas: “The investment on infrastructure for the archive –escribe- is determined by different kinds of interests and will play an important role in how archival efforts will ultimately develop. As Dr. Sundaram reiterates, the point to note is that new archival efforts are not only general repositories, but critical interventions in themselves. They foster new kinds of visibilities.”

Encuentro que la lección más importante de Sneha consiste en señalar que estar en el Sur implica una cierta relación con lo digital. Una relación que limita y modifica el desarrollo de las HD por el simple hecho de que las tecnologías digitales no han sido hechas teniendo presente las necesidades de comunidades específicas, sino los ideales y las necesidades de la región en que se desarrollan, al norte y en inglés, que se toma a si mismo como estándar universal.

Una última observación sobre el texto de Sneha. La ambigüedad respecto de las HD, producto de estas condiciones específicas de la relación con lo digital en la India, se refleja en su inclusión en la academia. Mientras las universidades están interesadas en ofrecer cursos y desarrollar proyectos a partir de la óptica de que tecnología es “Bueno”, “often there is resistance from individual humanities departments, for several reasons ranging from lack of expertise, to concerns about the course being too ‘technological’.”

El problema me parece rebasa lo que apunta en su texto, la falta de comprensión del rol de la tecnología en las humanidades y la falta de involucramiento en proyectos y plataformas digitales, sino que puede ser reflejo de una resistencia aun mayor a una disrupción que implica modificar no sólo formas de resolver problemas, sino alterar toda la estructura asociada con la construcción, validación y reconocimiento del trabajo humanístico que en algunos países del Sur, y pienso sobre todo en México, responde a un imaginario muy específico. Cierro con una reflexión del propio Sneha:

The computational possibilities of DH still need to be explored, but how much of these contribute qualitatively to addressing or even furthering certain disciplinary concerns, still remains an open question.

 

Referencia:

Puthiya Purayil Sneha. Mapping Digital Humanities in India.  CIS Papers 2016.02 

Published by The Centre for Internet and Society, India | cis-india.org

30th December, 2016

http://cis-india.org/papers/mapping-digital-humanities-in-india

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