Ariel Morán                                                                                    @Ariel_Moran

Aunque han existido discusiones sobre la relación entre las bibliotecas y las humanidades digitales (desde ambos campos), aún no existe, como tal, un modelo general que integre a ambos. Tal modelo debería cumplir con el propósito de, por un lado, ofrecer a los bibliotecarios una visión amplia de los diversos trabajos y proyectos que se llevan a cabo desde las humanidades digitales, y, por otro lado, ayudar a identificar focos de actividad a través de lo que cada parte podría comprometerse con la otra.

Stephen Ramsay —del Center for Digital Research in the Humanities de la Universidad de Nebraska— ofreció en 2010 un discurso en la Universidad Emory intitulado «Care for the soul», en el que vincula a las humanidades digitales con una de las tareas más antiguas de la biblioteca, a saber, la organización del conocimiento (cuyo espíritu puede observarse desde el museion de Alejandría, las bibliotecas monásticas del Medioevo, hasta aquellas de la Ilustración alemana). De lo que él habla en este discurso es de las diferentes variedades de representación y de formas de organización que permiten las tecnologías de la información y la comunicación, además de una mejor difusión con ayuda de herramientas útiles para la investigación académica.

No es un tópico nuevo el preguntarse cómo es que la tecnología afectará las formas en que se organiza el conocimiento. En 1995, en el marco de la 1ª Conferencia Internacional de la UNESCO, organizada para conmemorar su 50 aniversario —cuyo tema de discusión propuesto para el Fórum de Filosofía fue «Aquello que no conocemos»—, Luciano Floridi presentó la ponencia «Internet: Which future for organized knowledge, Frankenstein or Pygmalion?». Entre otras cosas, el investigador italiano señaló que el problema en cuestión de la hiperconectividad no es que no se sepa cómo utilizar la urdimbre de la «red de redes» (no es un problema de pericia técnica), sino que, de manera latente, existe una multiplicidad de cosas que uno puede hacer a través de internet, y esta ingente cantidad aumenta cada día, y supera nuestras capacidades. En otras palabras, parece que existe una estructura de acción que conmina al hombre a desarrollar medios tecnológicos sin evaluar los riesgos inherentes o las consecuencias, por lo que la tarea no es sólo saber usar los artefactos técnicos, sino analizar sus repercusiones en nuestros esquemas del obrar. En aquella ocasión, Floridi arguyó que, frente a esta extraordinaria gama de posibilidades, se hacía casi imposible responder la pregunta de cómo internet afectaría a la organización de la información en un futuro no muy lejano, ya que con el raudo crecimiento del conocimiento se generan al mismo tiempo formas de ignorancia sin precedentes. Este problema expone una relación disímil y contradictoria: cada vez que se produce un cambio radical en la forma en que se instituye el conocimiento, de manera lamentable, algunos grupos se quedan rezagados, legos y sin acceso a la instrucción, y, por otro lado, la nueva tecnología hace que los que la dominan puedan acercarse incluso a otros dominios del conocimiento poco explorados y privilegiados.

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Algunas propuestas de colaboración entre las humanidades digitales y la bibliotecología se plantean si la biblioteca (como institución social) puede funcionar como un espacio para los procesos de digitalización, computación y preservación que acompañan a los proyectos de humanidades digitales. Algunas de esas posibilidades se han discutido en foros como THATCamp, cuya principal característica es la organización de unconferences. En 2013 se organizó el Digital Library Federation Forum: Digital Humanities & Libraries, y en 2015 se llevó a cabo el THATCamp Digital Frontiers. Estos eventos buscaron explorar la creatividad y la colaboración a través de las fronteras disciplinarias (que sirven para unir, no separar) en el ámbito de las humanidades digitales y la memoria cultural, desde una variedad de perspectivas. Desde la bibliotecología también existen esfuerzos institucionales. La American Library Association (ALA), publica y actualiza desde 2009 sus Core Competencies of Librarianship, las cuales, para ser más preciso, son un repertorio de aquellos conocimientos que se consideran necesarios y que deben poseer todas las personas que se gradúan de programas de maestría en bibliotecología y estudios de la información (acreditados por la ALA). Al revisar estas competencias, es posible que muchas de ellas sean percibidas como algo muy cercano a los proyectos propios de las humanidades digitales, por ejemplo:

  • Conceptos y temas relacionados con el ciclo de vida del conocimiento registrado y la información, desde la creación hasta sus etapas de uso.
  • Conceptos, problemas y métodos relacionados con la adquisición y disposición de los recursos, incluida la evaluación, selección, compra, procesamiento, almacenamiento y descarte.
  • Conceptos, problemas y métodos relacionados con el mantenimiento de colecciones, incluyendo la preservación y conservación.
  • Las habilidades de desarrollo descriptivas y de evaluación necesarias para organizar los recursos del conocimiento y la información registrada.
  • Manejo de sistemas de catalogación, metadatos, indización y normas de clasificación y métodos utilizados para organizar el conocimiento y la información registrada.
  • Los principios y las técnicas necesarias para identificar y analizar las tecnologías e innovaciones emergentes con el fin de reconocer e implementar mejoras tecnológicas pertinentes.
  • Técnicas de competencia de la información, métodos de alfabetización informativa y de cultura estadística.
  • Los principios y métodos de promoción que se utilizan para llegar a audiencias específicas para promover y explicar conceptos y servicios.
  • Principios de evaluación y respuesta a la diversidad de necesidades de los usuarios, comunidades de usuarios y las preferencias del usuario.
  • Principios y métodos utilizados para evaluar el impacto de las situaciones o circunstancias actuales y emergentes en el diseño e implementación de servicios apropiados o desarrollo de recursos.
  • Los fundamentos de los métodos de investigación cuantitativa y cualitativa.
  • La necesidad de continuar el desarrollo profesional de los profesionales de las bibliotecas y otras agencias de información.

Un modelo conceptual debería dibujar las condiciones en las que las bibliotecas pueden ser más favorables para funcionar con las humanidades digitales. Las humanidades digitales se centran tanto en la aplicación de la tecnología digital en las prácticas de investigación de las humanidades y ciencias sociales, así como en las reflexiones humanísticas sobre la importancia de que la tecnología. Es indudable que las áreas de recuperación de información, gestión digital y lenguajes de marcado, acceso abierto y preservación de la memoria cultural son los flancos más evidentes de interacción, pero estos no son limitativos.

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Hay que señalar que muchas de las actividades que se inician en el lado humanístico terminan derivando hacia la computación: los catálogos de fichas dan paso a los motores de búsqueda, la clasificación manual se sustituye por el procesamiento del lenguaje natural, entre otros ejemplos. Esta tendencia no implica que hay una cierta direccionalidad fija, por lo contrario, cada solución (tecnológica) a menudo trae consigo un nuevo problema (humano). La tecnología puede ser más poderosa, pero también trae consigo discursos cada vez más especializados. En algunos casos, las innovaciones informáticas pueden entrar a escena bruscamente cuando, de repente, se vuelve posible hacer alguna tarea que era imposible con el mero poder humano (por ejemplo, la visualización que permite la representación simultánea de un millón de puntos de datos). Estas reflexiones sugieren un equilibrio dentro de la relación bibliotecología/humanidades digitales.

A pesar de las evidentes funciones de las bibliotecas universitarias dentro de las humanidades digitales, parecen relativamente claro que comienza un compromiso con otros tipos de bibliotecas. La colaboración de las humanidades digitales con las bibliotecas públicas puede resultar especialmente interesante, al menos desde la perspectiva del usuario. En el ámbito académico de las universidades, el efecto de las humanidades digitales está in crescendo, principalmente porque las poblaciones de usuarios están compuestas por individuos tecnológicamente expertos. Los usuarios de las bibliotecas públicas también requieren acceso a la información, incluyendo la búsqueda de empleo, la investigación sobre la inmigración, información sobre procedimientos legales, revisión periódica del correo electrónico, programas de animación de la lectura, etc. Aquí puede apreciarse una variante del denominado efecto Mateo (según el Evangelio de este apóstol, capítulo 13, versículo 12): «al que tiene, se le dará más todavía y tendrá de sobra; pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tenga». Es decir, parece ser que los esfuerzos se concentran en las poblaciones que ya, de por sí, tienen un constante y consistente acceso a las TIC, y se deja de lado a las comunidades que no. Quizá las humanidades digitales no tengan como prioridad alfabetizar tecnológicamente, pero las bibliotecas sí.

En algunos casos, los usuarios de las bibliotecas públicas pueden llegar a ser un segmento mayor de la población en general, y hay aquí un fuerte argumento para priorizar estas necesidades más básicas sobre los de la mayoría de los usuarios conocedores de la tecnología. Aquí hablamos de una incidencia social muy fuerte de las humanidades digitales y las bibliotecas.