Las Humanidades Digitales y la convergencia con la Bibliotecología Digital

                                                                                                                                     Ariel Morán                                                                                                                             @Ariel_Moran

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El poder de la tecnología informática moderna radica en su capacidad para procesar, organizar, almacenar y recuperar información, más allá de las facultades humanas. Este tipo de poder permite a los especialistas en humanidades realizar tareas que habrían sido imposibles de lograr con la lectura tradicional línea por línea. Por ejemplo, el urbanista Jason Gilliland, la geógrafa Sherry Olson y la socióloga Danielle Gauvreau fueron capaces de emplear los Sistemas de Información Geográfica para situar los hogares y recintos unitarios de un censo de alta precisión espacial para la ciudad de Montreal, para el periodo de 1881-1901. Sin duda que las herramientas tecnológicas ofrecieron posibilidades que facilitaron su labor, sobre todo para el levantamiento de datos. Aunque habrá quien diga (y en verdad que lo hay) que para hacer algo así, por ejemplo para una ciudad como Nueva York, bien puede recurrirse a la novela Manhattan Transfer de John Dos Passos, en la que se describe profusamente la geografía urbana de los suburbios neoyorkinos de principios del siglo XX

En esta tónica, puede destacarse el trabajo y sincretismo de Antoinette La Farge —artista que indaga en el arte ficticio, lo efímero de la virtualidad y la cultura red—, quien confirmó el arquetipo de la mujer barbuda a través de la síntesis de dos imágenes de La Gioconda y más de 1,500 autorretratos de Leonardo Da Vinci. Del mismo modo, algunos estudios de evaluación longitudinal de Gary Marchionini —decano en bibliotecología en North Carolina—, encargado del proyecto de la Biblioteca Digital Perseo (www.perseus.tufts.edu/hopper), demostraron cómo los estudiantes utilizan materiales clásicos que habría sido difícil para ellos consultar a través del acceso en el mundo físico, y cómo las herramientas automatizadas hacen que sea más fácil para ellos para descubrir, interpretar, archivar, y colaborar con sus compañeros.

Según el recurso digital LISTA (Library, Information Science & Technology Abstracts), la primera vez que el término humanidades digitales (HD) apareció en la literatura bibliotecológica fue en el número de junio de 1998 de la revista Information Technology & Libraries, en un reporte de dos páginas sobre la National Initiative for a Networked Cultural Heritage. Como un campo en evolución, las HD recientemente han generado más atención por parte de las comunidades académicas de bibliotecología. Un informe de noviembre de 2011 elaborado por la Association of Research Libraries de Estados Unidos fue dedicado de manera amplia a este tema. Según LISTA, existe un aumento considerable en el número de publicaciones sobre HD de 2005 y hasta 2012, en que la cifra casi se duplicó. El fascículo 53 (1) de 2013 de la Journal of Library Administration está dedicado por completo a la exploración de las «Humanidades digitales en las bibliotecas». En la reunión del pleno de la Association of College and Research Libraries, en 2014, se tomó la decisión en el Consejo de Administración de establecer una Grupo de Discusión Humanidades Digital, el cual fusionó intereses con la Federación de Bibliotecas Digitales («dh + lib»): (http://acrl.ala.org/dh/).

Las comunidades de HD y de profesionales especializados en bibliotecas digitales o bibliotecólogos digitales (BD) comparten objetivos y tareas comunes. La naturaleza de los proyectos de HD (como los requisitos de financiación por parte de organismos y el trabajo en equipo) presentan una gran oportunidad para que académicos y profesionales de ambos campos trabajen juntos. La comunidad de BD debe esforzarse para hacerse más visible, valiosa, y accesible a la comunidad de HD. Aún mejor, la comunidad de BD necesita convertirse en parte de la comunidad de humanistas digitales.

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