Las bibliotecas entre el Paréntesis de Gutenberg y la cultura libresca

Alejandro Piscitelli (UBA/ILCE)

1 Las tesis del paréntesis de Gutenberg

“Nuestros instrumentos de escritura contribuyen a nuestro pensamiento” (Nietzsche)

La tesis de “El Paréntesis de Gutenberg” fue formulada originalmente por el profesor Lars Ole Sauerberg del Institute for Literature, Media and Cultural Studies de la Universidad de Dinamarca del Sur que forma parte de un grupo que en el año 2007 lanzó el proyecto “The Gutenberg Parenthesis Research Forum“, que ha logrado sintetizar en forma virtuosa sus principales puntos de vista en este poderoso diagrama.

parentesis-gutemberg

El diagrama revela la emergencia de una conciencia post-letrada para la cual el predominio en la producción cultural del texto impreso, no menos que la forma de la del libro, no ha sido más que una fase histórica que estaría llegando a su fin bajo el impacto de la tecnología digital e Internet.

Desde la perspectiva de un futuro no muy lejano el período de 500 años comprendido entre finales del Renacimiento hasta principios del siglo 21 se verá dominado e incluso definido por el significado cultural de la imprenta -por lo menos en la forma del libro producido en masa-, que es prácticamente sinónimo de la cultura occidental. En consecuencia, parece apropiado para designar este período, que corresponde aproximadamente desde la mitad de milenio de 1500 hasta 2000 como “El Paréntesis de Gutenberg”.

Con la invención de los tipos móviles y de la imprenta, las condiciones para la comunicación y el acceso a la información y el conocimiento cambiaron radicalmente. El cambio no afectó solamente el aspecto material de difusión de la información y el conocimiento, sino también -en el proceso-, a la propia naturaleza de la cognición (Ong 1977, 1987).

Hoy en día, en forma análoga pero inversa, el libro producido en masa se disuelve en un entorno digital, que permite una reproducción y difusión ilimitadas superando incluso a las más larga tiradas mastodónticas de los best-sellers a la Harry Potter que muchas veces venden decenas de millones de copias en pocos días o meses.

En términos de difusión la conversión digital también reduce el libro a una opción más entre otras frente a una panoplia de diferentes medios de comunicación y permutaciones. El cierre del paréntesis de Gutenberg abre una ecología cognitiva, solo vislumbrable en parte y altamente incomprendida cuando no rechazada por el establishment letrado, cuyos bordes recién hoy empezamos a entrever.

Cognitivamente es imposible separar la forma y la materia de la mediación. Desde que los proto-libros llegaron por primera vez a la existencia bajo la forma tablillas de arcilla, papiro y pergaminos de cuero, han sido portadores de la autoridad (Dahl, 1991; Chartier, 1992, Eco & Carriere, 2010). La autoridad religiosa fue ejercida durante siglos por la Biblia iluminada a mano, producida a medida con propiedades exclusivas, definidas para aquellos que sabían leer y escribir, y para quienes el libro era accesible en exclusividad.

El libro hecho a mano con caligrafías, único, pre-Gutenberguiano, fue una autoridad en sí, de carácter numinoso. Durante la Edad Media la Iglesia trató de estabilizar todo sentido con referencia a la Palabra revelada en la Biblia, al mismo tiempo que consideraba a los fenómenos empíricos como otra verdad revelada complementaria, entendido como un segundo libro de Dios (Eisenstein, 1983; Olson, 1999).

Con su monopolio sobre la educación y su desarrollo, la Iglesia logró estabilizar alrededor del libro, un objeto altamente concreto, un depósito de la verdad, sumándole otro libro, la Summa, como al unificador ideal y armonizador de toda verdad.

El libro se hizo por lo tanto portador de la verdad y su garante supremo. Cuando más tarde el marco de referencia cambió de la voluntad de Dios a la naturaleza, -vista como la única manifestación de Dios- el camino estaba allanado para la emergencia de El Siglo de las Luces con su respeto por el libro como símbolo de aceptación general del conocimiento científico (Darnton, 2006; Blom, 2007). En el Siglo de las Luces tenemos una cultura del libro ya establecida, y al libro de la cultura como su estandarte .

2. ¿Porqué muchos fruncen el ceño frente a la tesis del Paréntesis de Gutenberg?

Mientras que para nosotros la idea pretende ser revulsiva, y heurística para un gran bibliómano como es Joaquín Rodríguez (2010) la misma es simplemente insostenible. Mal podría haber abierto Gutenberg un paréntesis que en realidad había sido plantado por el códice once siglos antes. Gutenberg no habría hecho sino instrumentalizar y seriar, reproduciéndola maquinalmente, la arquitectura de ese artefacto.

El libro como mediación específica del conocimiento (Dahl, 1991), tiene por lo tanto unos 1700 años. Y si de paréntesis queremos seguir hablando entonces habría que ensancharlo tanto que terminaríamos abarcándolo todo.

Rodríguez acudiendo al genial Stanislas Dehaene (2009), nos recuerda que los sistemas simbólicos de notación numérica que aparecieron en el año 3300 AC. en ciudades del Medio Oriente como Susa, son el antecedente de nuestros actuales sistemas de escritura. La codificación de ideas abstractas como los números o el tiempo, jugaron pues un papel esencial en el surgimiento de la escritura.

Aquí subyace la principal discrepancia entre quienes suponen que el futuro implicará una radicalización de la escrito, y entre quienes creemos que el futuro supondrá una retroprogresión hacia lo oral. Ambos coincidimos en que estamos en el inicio de una nueva forma de civilización, porque los instrumentos de mediación hacia el conocimiento, de creación, uso y distribución, están variando. Y también coincidimos en que la civilización digital, porque de ella se trata, generará sus propios lenguajes, sus propias nociones de propiedad y autoría, su propio entendimiento de lo que es una obra y de la existencia de un canon.

En lo que disentimos es que queremos seguir -es mas queremos empezar a- hablando de “El Paréntesis de Gutenberg”, y no de solera, sustrato o sedimento, porque lo que se dispara con estos nuevos soportes, sintaxis, formatos, hipertextos y narrativas transmediáticas, no es tan solo una variante posible de lo escrito, sino un cuestionamiento mas cerrril, la aparición de nuevas tecnologías enmarcadas en una epistemología totalmente ajena al grafocentrismo (Levi-Strauss, 1970a, 1975; Derrida, 1969).

A lo mejor en vez de tener que optar por una u otra opción podríamos imaginar que la polémica acerca de “El paréntesis de Gutenberg” -traducida en si estamos ante el cierre o la reapertura, es decir frente al #findegutenberg o el #renacimientodegutenberg-, nos remite a un «territorio medio» (Mavrakis, 2010) donde “ahora” habitan todas las dudas que antes del #findeGutenberg se tenían por certezas.

¿Qué será a partir del #findeGutenberg lo Real? ¿Cuál será el lenguaje del #findeGutenberg?

3. Leer de infinitos modos

Es un lugar común insistir que el advenimiento de la religión digital está causando las mismas zozobras, utilizando mecanismos similares, y generando polémicas y discusiones muy semejantes, a las que la humanidad ha vivido en ocasiones anteriores (Birkerts, 1994; Shillinsburg, 2006). Ya sea cuando se inventó la imprenta, o mucho mas lejano en el tiempo, cuando se diseñaron los primeros alfabetos, y la oralidad fue sustituida por la viralización de la escritura, en particular a través de la construcción de su versión alfabética.

Lo hemos repetido en innumerables ocasiones por lo cual conviene ir en otras direcciones de trabajo mas ricas que las letanías o las constataciones. Es lo que ha hecho Karin Littau (2008) en Teorías de la Lectura. Libros, cuerpos y bibliomanía una obra mas que valiosa para seguir profundizando en los infinitos vericuetos que supone tomarnos en serio a El paréntesis de Gutenberg.

Uno de los aspectos mas interesantes de estas investigaciones cruzadas es que ambos -apólogos del libro, apólogos de la computadora- pasan por alto un hecho crucial, a saber el carácter material de los contenidos empaquetados en los distintos formatos. Porque un libro -o una pantalla- no son uno sino que siempre son -al menos- dos: un artefacto manufacturado y un transmisor de significado.

La disociación entre ambas funciones es bastante reciente, no tiene mas de un siglo. Al haberse producido en forma oculta y poco reconocida, esconde el principal motivo por el no cual no podemos pensar, ni realizar una transición remedial del papel a la pantalla, y terminamos invariablemente enredados siempre en discusiones estériles, simplistas y básicamente reduccionistas.

También este proceso es el principal responsable de haber liquidado definitivamente al carácter revulsivo de la oralidad habiendo sancionado al mundo analítico como privilegio supremo de la razón y la argumentación.

Porque cuando vinculamos estas dos líneas de investigación -la que analiza la maquinaria técnica del texto escrito y la que indaga acerca de los procesos de significación textual-,  queda de manifiesto de qué manera la producción material incide sobre la producción de significado.

Los textos, independientemente del soporte, ponen en contacto el contenido, la forma y la materia, y los lectores reaccionamos frente a los códigos lingüísticos y literarios de maneras idiosincráticas. Por otra parte, leer es un hecho físico. Cuando el lector lee -en papel o en pantalla- son dos cuerpos los que se ponen en contacto, uno hecho de papel y tinta, o de chips y carbono y el otro de carne y hueso en ambos casos (Verón, 2011).

Y aunque hoy hayamos perdido la pista y los antecedentes -y todos los autores mencionados anteriormente nos la devuelven detalladamente-, la lectura en voz alta no es la única prueba de que leer es un trabajo corporal. La historia literaria está colmada de referencias a la lectura en cuanto experiencia que afecta profundamente al lector generando lágrimas, carcajadas, miedo o curiosidad. Solo que el año 2011 estas reacciones se asocian demasiado rápidamente a Corin Tellado y a la literatura menor o popular. Sería un síntoma de la incapacidad de esas clases populares no poder deslindar el conocimiento de la afectación, y la racionalidad de las pulsiones humorales.

Si hasta hace un siglo o dos atrás el arte era persuasión, movilización, alteración sensorial, impacto, llamado a la acción -en las antípodas de la distancia brechtiana que paradójicamente buscaría lograr ese mismo efecto-, todo el siglo XX estuvo orientado a recuperarnos de esas exageraciones y desvíos emocionales, y a convertirnos en espectadores desapasionados pero sobretodo en críticos adustos, imparciales y profundamente racionales de nuestra animalidad.

Mientras -desde Roger Chartier (1992) a Robert Darnton (2003, 2010), también profusamente citados por Littau (2008)- se multiplica la evidencia de que la manera en que la gente lee y hasta la experiencia misma de la lectura depende de las tecnologías utilizadas para registrar la palabra escrita. Dicho con mayor precisión, las tecnologías de los medios no solo han cambiado nuestra relación con la escritura y la lectura sino también nuestra percepción del mundo y hasta la percepción misma.

Como bien dice Friedrich Kittler (1992, 1999) abriendo una línea de trabajo que permite pensar la tecnología en términos de materialidad, los seres humanos cambiamos de posición, de ser agentes de la escritura nos convertimos en una superficie de inscripción.

Littau insiste en que su libro es antihumanista porque antepone una noción nietszcheana de la estética como fisiología a una estética kantiana del desinterés racional. La historia de la dialéctica medios/cuerpo producida en las últimas décadas avala plenamente su elección.

Kittler fue uno de los primeros en mostrar que mientras no existió el cine, el libro tenía el monopolio de la sensualidad y del recuerdo. Una lectura apasionada nos llevaba a alucinar significados entre las letras y las líneas. Pero el advenimiento del cine terminó con este monopolio del imaginario.

El escritor de principios del siglo XX quería conmover al delicado lector con una descarga eléctrica. Justamente eso que el cine recuperaría y potenciaría de modo supremo a lo largo de todo el siglo XX. El cine es la bisagra que deja atrás al papel y anuncia una cultura que tendrá sede de origen en la pantalla.

Dando un salto descomunal, avanzando retrogresivamente, antes de avanzar con Littau podemos retroceder con Havelock (1981, 1982, 1986) y articular la perdida de materialidad y de sensualidad de nuestro contacto con el imaginario con una operación precedente hecha en los albores de la humanidad respecto del silenciamiento de la palabra épica oral y su sometimiento a la disciplina alfabética.

4. Nuevas prácticas y usos: reiniciando bibliotecas

Durante milenios (tenemos un bello testimonio en la biblioteca The Tripitaka Koreana (1251), Haeinsa Temple, South Korea) leer fue acumular objetos de veneración. Muchos siglos mas tarde un personaje como el perfumista Baldini en la novela El perfume, consideraba que la institución bibliotecaria no debía cambiar, y que las innovaciones tecnológicas o de otro tipo nunca podrían sustituir en igualdad de prestaciones a los servicios que ésta ofrece a la sociedad (al menos desde mediados del siglo XIX con la invención de la biblioteca pública de acceso universal en Boston y hasta nuestros días).

Hasta hace bien poco se podría asegurar que si un usuario de la histórica biblioteca de Alejandría hubiese podido viajar a través del tiempo y entrar en alguna de nuestras bibliotecas, entendería sin demasiada dificultad su funcionamiento básico y gran parte de sus servicios. Y es que la biblioteca ha sido hasta ahora una institución que, por el valor que ha aportado a la sociedad, ha permanecido casi invariable desde sus orígenes, llegando a convertirse en una institución clave en las sociedades democráticas.

Sin embargo el ejemplo anterior es cada vez menos válido. Sobre todo en las últimas décadas, las bibliotecas han cambiado su forma de funcionar y sus servicios Innovaciones como la aparición de internet y su instrumentalización en teléfonos inteligentes y tabletas, han impactado en la forma de funcionar de la clásica institución.

Los ciudadanos ya no tienen que acudir obligatoriamente a una biblioteca para una búsqueda de información, el préstamo de contenidos o la realización de actividades relacionadas con la lectura. Hoy en día tenemos buscadores como Google, préstamo de contenidos a través de plataformas digitales (por no hablar de las fórmulas ilegales de descarga de libros) y redes sociales y blogs especializados donde hablar de literatura y poder relacionarnos con autores y lectores. Estos servicios no están en algunos casos a la altura de los que se prestan desde las bibliotecas, pero representan una opción rápida, barata y cómoda para el usuario.

Al revés de Baldini el cambio en la ecología de la lectura llevó a los bibliotecólogos disruptivos a imaginar que sería posible innovar en todas las funciones de la biblioteca además de inventar muchas nuevas que nunca estuvieron en su agenda.

Los espacios bibliotecarios tienen que ser lugares abiertos a la ciudadanía, como antiguamente fue la plaza pública, hoy en día suplantada en las grandes ciudades por el centro comercial. Además nuestra sociedad es cada vez más digital, y precisamente por ello precisa más de lugares físicos de encuentro. Eso sí, las bibliotecas en tanto que espacios físicos tendrán que idearse de forma diferente a lo que es el concepto tradicional de biblioteca.

1. Los ejemplos son innumerables empezando por innovar en el lugar donde se guardan los libros con ejemplos canónicos como la

– Biblioteca Pública de Nassau en las Bahamas

– la iglesia de Santa Lucía en Sevilla convertida en sede del Centro de Documentación de Artes Escénicas,

– el antiguo Matadero de Madrid transformado en diversos edificios administrativos y culturales, entre los que se encuentra La Casa del Lector.

2 Pasando por los edificios innovadores como:

– Biblioteca pública de Seattle (EE.UU.), http://www.spl.org/ c.

– Biblioteca Real Danesa, conocida con el nombre de «Diamante Negro»,  http://www.kb.dk/en/ y http://www.kb.dk/en/

– Biblioteca Geisel de la Universidad de San Diego (EE.UU.), http://www.archdaily.mx/mx/757553/clasicos-de-arquitectura-biblioteca-geisel-william-l-pereira-and-associates

– Biblioteca de Alejandría (Egipto). http://www.bibalex.org/Home/Default_EN.aspx

• Biblioteca pública de Delft (Holanda), http://www.dok.info/

3 Bibliotecas puramente digitales como

BiblioTech Bexar, Texas (EE.UU.), inaugurada en septiembre de 2013 http://bexarbibliotech.org

4 Bibliotecas virtuales. Haremos mención aquí a algunas:

– Proyecto Gutenberg con 49.000 libros http://www.gutenberg.org

– Biblioteca Digital Mundial http://www.wdl.org/es/

– Europeana.  http://www.europeana.eu

– Biblioteca Digital Hispánica http://www.bne.es/es/Catalogos/-

– BibliotecaDigitalHispanica/Inicio/index.html

– Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

•Google Libros http://books.google.com

5.  Nuevos formatos

bibliobuses, bibliotecas al aire libre,

biblioburros. Son las bibliotecas sin edificio. http://www.metromadrid.es/es/viaja_en_metro/Bibliometro_y_ Locales_de_Ensayo/Bibliometro/

Es el caso del Bibliometro de Madrid.

Bookcrossing

24symbols (Streaming)

Books on Bikes La biblioteca pública de Seattle (EE.UU.)

6 Bibliotecas sin libros (físicos) De la ficha catalográfica a la «nube»

Las redes sociales han sido otra ámbito de modificación profundas de la s prácticas curatoriales y de servicios de la bibliotecas. ¿Alguien se habría imaginado en alguna ocasión que se pudiera ser «amigo» de la Biblioteca Nacional de España o de la British Library y recibir información sobre su actividad en tu móvil?

En el caso de las bibliotecas a las redes generalistas como Facebook, Swarm, Pinterest o Twitter y las profesionales como Linkedin debemos sumarle otras como Lecturalia, Goodreads, aNobii,

En líneas generales, las bibliotecas están utilizando las redes sociales con estas finalidades:

– Noticias de actualidad de la biblioteca.

– Actividad que se desarrolla en el centro.

– Incorporación de novedades en el catálogo.

– Difusión de los servicios que ofrecen a la comunidad.

– Recursos e información de interés para los colectivos a los que sirve la biblioteca, desde ofertas de empleo de la zona a información de cómo realizar gestiones en el

ayuntamiento.

– Noticias tanto generalistas como locales sobre actualidad literaria y cultural.

– Encuentros virtuales con autores.

– Club de lectura sobre libros.

Mientras se multiplican las aplicaciones (APPs) asociadas a las bibliotecas proveyendo desde Realidad aumentada para Geoposicionamiento; Vídeos informativos sobre libros; Audio con información turística;  Ordenación e inventario de fondos bibliotecarios.

¿Pero estos servicios añadidos revientan verdaderamente a la biblioteca? Aunque para Jean-Louis Doette (2015) la biblioteca no es un aparto como los museos no hay duda de que la constelación del libro está asociada a una construcción de la percepción y de la sensibilidad sumamente cercana a la de los aparatos.

¿Hemos traspasado el Paréntesis de Gutenberg y todas esas funciones de la biblioteca no son sino un mero atajo que terminarán en un cuál de sac?  Relevamientos actuales (Altersept, 2015) que muestran la caída significativa de ventas de los libros digitales (disparadas en parte por la colusión de precios alcanzada entre Amazon y las grandes editoriales del mundo) nos vuelven mas cautos frente a lo que creíamos una gran disyunción irreversible.

¿O quizás la tensión entre real/virtual, entre medio/multimedio, entre soporte/significado en vez de desvanecerse con el advenimiento de lo digital no hace sino resignificarse/remediarse? Y en ese caso ¿las bibliotecas como matriz de la cultura en vez de licuarse no volverán a ser los faros que fueron durante milenios?

Referencias

Altersept, Alexadra “The Plot Twist: E-Book Sales Slip, and Print Is Far From Dead”. NYTImes. 22, 2015

Birkerts, Sven The Gutenberg elegies. The fate of reading in an electronic age. Boston, Faber & Faber, 1994.

Blom, Philippe Encyclopédie. El triunfo de la razón en tiempos irracionales es la historia de la elaboración de la Enciclopedia (1751-1780). Barcelona, Anagrama, 2007.

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Chartier, Roger. El mundo como representación, Barcelona, Gedisa, 1992.

Dahl, Svend Historia del libro. México, Alianza Editorial, 1991

Darnton, Robert El coloquio de los lectores. Ensayos sobre autores, manuscritos, editores y lectores. México, FCE, 2003

Darnton, Robert El negocio de la ilustración: historia editorial de la Encyclopedie, 1775-1800. FCE, México, 2006.

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Derrida, Jacques De la Grammatologie. Paris, Seuil,1969.

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Rodríguez, Joaquín Edición 2.0 Sócrates en el hiperespacio Madrid, Melusina 2008.

Shillingsburg, Peter L. From Gutenberg to Google: Electronic Representations of Literary Texts. Cambridge University Press, 2006

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Verón, Eliseo “La evolución de la escritura. Medios y cuerpos” http://bit.ly/el95Qk Perfil, 2011.

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Campbell, James W. P.  & Pryce , Will  The Library: A World History Hardcover use pre formatted date that complies with legal requirement from media matrix – University Of Chicago Press, 2013

The Library: A World History Hardcover use pre formatted date that complies with legal requirement from media matrix – October 14, 2013

by James W. P. Campbell (Author), Will Pryce (Photographer) University Of Chicago Press

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