Reflexiones contra el ciberfetichismo académico

Hay discursos post-apocalípticos, los hay apocalípticos, y los hay también preventivos. Hoy quiero llamar la atención sobre uno de este último tipo, pues coincidamos o no con el análisis de su autor, es una obra enriquecedora, iluminadora y propositiva. Se trata de una lectura que realizamos hace ya unas semanas en el SeminarioHD y que generó amplia discusión y un punto de desacuerdo común.

sociofobia

Pareciera, a la luz de la lectura del libro Sociofobia. El cambio político en la era de la utopía digital, de César Rendueles, que la misma tecnología que producimos nos aboca al abismo. Coincidimos con el autor en que el determinismo tecnológico, aplicado a las ahora denominadas “TIC”, nos imbuye de nuevos ánimos a la hora de trabajar. Podríamos incluso distinguir a simple vista, entre nuestros comunes compañeros de Facultad, dos formas distintas de proceder hacia estas “nuevas tecnologías”, entre quienes usan un producto de una marca o de otra, simplemente porque por ser de ésta o de aquélla marca; también distinguiríamos a aquellos que no usan de estas marcas, porque se les antojan, en cualquier caso, inventos del demonio. Siempre, y a pesar de las campañas en contra, podemos etiquetar -taggear, si se quiere- digital o analógicamente. Que hacerlo sea o no moralmente reprobable, no es el tema central de esta entrada.

A pesar de la importancia de factores económicos o propagandísticos -ajenos pero insistentes- sobre nuestras elecciones cotidianas, desde las Humanidades Digitales parece haber cierta tendencia a usar y abusar del “juguete nuevo”. La simplicidad de la elección, que debiera estribar en las necesidades propias y no en la oferta del mercado, tiende a hacerse más palpable quizás porque no aplicamos con la debida seriedad la navaja de Ockham. Simplificar nuestra vida a partir de nuestras necesidades, no tanto para resistir estoicamente a la tentación como para evitarnos el estrés de caer en el ciberfetichismo, esa forma extrañamente nueva y aberrada de “fetichismo de la mercancía” marxista.

¿Nos son necesarias las máquinas, los aparatos, las técnicas que usamos? Ya Mumford puso en buenos términos la relación entre ser humano y tecnología en Técnica y Civilización (aun con una idea de progreso que hace tiempo ya se vio rebasada), y Santos, en A natureza do espaço colocó la técnica como objeto central del estudio humanístico. Los humanistas digitales, o aquellos dedicados a la teoría y praxis de la cultura digital, deberíamos tener mucho más cuidado aún con el exceso técnico, que derivaría, para Rendueles, en ciberfetichismo. La simple existencia de una herramienta, no obliga a su uso, principio legal del que se derivó, por ejemplo, en su momento, la condena a los EE.UU. por el empleo militar contra civiles de la bomba atómica. “¿Qué necesitamos?”, en un primer lugar, y “¿Qué nos ayudaría?”, después, son las preguntas que nos podemos hacer. No porque existan bases de datos para representación visual de grafos, como Sylva, voy a usarlas en mi investigación, si no me van a aportar nada nuevo (salvo, claro está, une certain belleza estética…).

Quizás, más que ciberfetichismo, cabría preguntarse por una nueva estética de la tecnología como salida a esta ultraeconomización material de la tecnología. Y esa estética, que por fuerza debiera ser útil al ser humano, aplicada con humildad (simplificando en todo lo posible), ayudaría al mejor diseño de nuestro trabajo como humanistas digitales.

Recordando al viejo Catón, “Ceterum censeo Carthaginem esse delendam“…

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