Digitalización del conocimiento: ¿un conflicto de clase?

Del 29 al 30 de junio de 2017 se celebrará en Granada (España), el Congreso Internacional “Territorios Digitales“, en el que participaré con una conferencia intitulada “¿Porqué la digitalización del conocimiento es un problema geopolítico?”. El evento estará organizado por el grupo #CSHDSUR y el proyecto Knowmetrics. Anticipo aquí algunos de los temas que trataré en mi intervención y en las que profundizo en un artículo que saldrá a la luz en breve, en un libro web titulado: Playlist! Humanidades y Ciencias Sociales Digitales desde el Sur, volumen coordinado por David Domínguez Herbón y Miriam Peña Pimentel, de la Red de Humanidades Digitales.

Las principales cuestiones que buscaré confrontar en mi contribución son:

1. las desigualdades (sociales, lingüísticas, económicas, etc.) en el acceso a las tecnologías, a las herramientas y a las aplicaciones sobre las cuales se basa hoy en día la difusión y gestión del conocimiento;
2. la siempre tan nociva concentración en pocas manos de gran parte de estas herramientas y tecnologías;
3. el imponente oligopolio angloeuropeo de las publicaciones científico-académicas;
4. la amenaza que todas estas concentraciones (no sólo de propiedad, sino también de códigos y de lenguajes) constituyen para la diversidad lingüística y cultural.

Sin hacer la necesaria consciencia de estas problemáticas (estrechamente entrelazadas), cualquier proceso de digitalización corre el riesgo de consolidar y reforzar las brechas y desigualdades a nivel social, económico, político, cultural y tecnológico.

¿Qué guía hoy en día la digitalización del conocimiento? ¿Cuáles –y cuántos– son los modelos, los estándares y las organizaciones que la representan y la gestionan? ¿Quién habla, desde dónde lo hace y por qué lo hace? Tratar de responder a estas preguntas significa inevitablemente poner de relieve la cuestión de la soberanía epistemológica de todas las áreas geográficas fuera de la “anglósfera”, o, lo que es lo mismo, imponer a la comunidad global de las Humanidades Digitales un problema de orden geopolítico.

No obstante todos los esfuerzos aplicados en estos últimos años, la mayor parte de las herramientas intelectuales en el campo de las Humanidades Digitales siguen todavía en manos angloeuropeas: la conferencia anual (de la que la primera excepción será el DH2018, a celebrarse en México), su sitio web (sólo en inglés), la lista de correo Humanist, la revista monolingüe Digital Scholarship in the Humanities (antes Literary and Linguistic Computing), las monografía más o menos financiadas (como los Companions)…, sin contar el software, los lenguajes de programación y los así denominados “estándares”, como el que controla el Text Encoding Initiative Consortium. Además, este hecho nunca se ve suficientemente reflejado en la microfísica de las transacciones comunicativas que va desde la lengua empleada en las reuniones de las organizaciones de este campo (véanse, por ejemplo, las transcripciones disponibles en línea, exclusivamente en inglés) hasta los mecanismos de recompensa y gratificación, profundamente radicados en el sistema cultural angloamericano/europeo, que son impuestos como si fueran ‘estándares’ en cada contexto social y comunicativo. ¿Por qué, entonces, deberían nuestros colegas anglófonos declinar este enorme capital, citando a Bourdieu, de “poder simbólico”?

A propósito del capital, para nuestros colegas estadounidenses, incluso para aquellos que subrayan la ausencia de una aproximación crítica a las Humanidades Digitales, parece funcionar, especialmente por lo que respecta a la hegemonía histórica de sus propias formas de expresión y de producción (de la lengua a las formas organizativas y retóricas de la ciencia y de la tecnología, ecc.), una remoción que recuerda aquella descrita por Karl Marx en el primer libro de El Capital. En el libro V de la Ética a Nicómaco, Aristóteles analizaba las formas de valor y se preguntaba por qué cosas tan distintas como, por ejemplo, “cinco lechos y una casa” pueden ser conmensurables, es decir, tener el mismo valor. Y sin embargo aquí el análisis de Aristóteles, según observa Marx, se detiene “y renuncia al ulterior análisis de la forma de valor”. ¿Por qué? ¿Cuál es la “sustancia común” que vincula los cinco lechos y la casa? La respuesta de Marx es el trabajo humano. Ni siquiera el genio de Aristóteles podía captar el concepto de trabajo, puesto que al hacerlo minaba su propia sociedad, la griega, fundada en el trabajo esclavo: el trabajo, simplemente, no existía.

De manera análoga, los humanistas digitales anglófonos (y, en realidad, casi todos los académicos que trabajan en los grandes centros angloeuropeos de investigación), desde aquella torre de marfil que les proporciona una visibilidad y un financiamiento inconmensurables respecto al resto del mundo, remueven constantemente de su discurso “crítico” la immensa ventaja, material y simbólica, de la que gozan[^1]. Esta ventaja equivale a un excedente de trabajo para todos los que no tienen el privilegio de nacer, ser educados y trabajar en un centro epistémico de la anglósfera. El resultado, frecuentemente paradójico, es que gran parte del trabajo intelectual humano de todos los que no recibimos el jornal de los patrones de Berkeley, New York, Boston, Chicago, Cambridge, Oxford, etc. queda bajo un manto de total oscuridad y, por tanto, es irrelevante.

Pero el punto es, en realidad, este: la “relevancia”, por parafrasear a Paulo Freire, sólo puede ser producto de un acuerdo entre dominado y dominador. La remoción o el olvido que de los propios privilegios efectúa el privilegiado es condición necesaria, pero nunca suficiente. Si Scopus o Web of Science deciden qué revistas indexar, el problema no son los índices, sino nuestra subordinación a –o nuestra complicidad con– tales representaciones.

Parece necesario poner de manifiesto que las Ciencias Sociales, y especialmente la Sociología, discuten estos asuntos desde hace algún tiempo, no sólo mediante la crítica y el análisis, sino con la claridad necesaria para derribar las visiones “recibidas”:

>“An intellectual revolution against the provinciality of social science has begun. The premise of this revolution is that disciplinary sociology’s concerns, categories and theories have been formulated, forged, and enacted within Anglo-European metropoles in the interest of those metropolitan societies, and so a new “global sociology” that transcends this provinciality is necessary. The institutional dimension of this project involves a critical reconsideration of the inequalities between the wealthy universities of the United States and Europe and the poorer institutions in the Global South” (Julian Go, 2016).

Por consiguiente, las Humanidades Digitales no necesitan sólo de más cultural criticism, sino de más política. Y podría comenzar, por ejemplo, por presentar desigual batalla a favor la extensión de los conceptos de libertad, derechos y democracia sobre nuestros vestigios digitales, considerándolos a todos los efectos una extensión de nuestra ciudadanía, o sea, de nuestros cuerpos, de nuestras identidades, de nuestras lenguas y de nuestras memorias.

[^1]: Tampoco –y, quizás, especialmente– en la academia el lugar desde el que se habla es neutro respecto de aquello de lo que se habla, como nos recuerda Eileen Joy en un bellísima y combativa contribución.

Domenico Fiormonte

*Publicado el 18 de mayo de 2017 en Infolet. Traducido del italiano por David Domínguez Herbón*

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The Programming Historian en español

A principios de este mes (marzo, 2017) se publicó una primera traducción al español del sitio web The Programming Historian. Se trata de una versión ligera, es decir, sin la totalidad de los contenidos actuales del sitio en inglés, que presenta la serie original de los diecisiete tutoriales introductorios al lenguaje de programación Python con los que comenzó el proyecto en julio de 2012, escritos por William J. Turkel y Adam Crymble. Este conjunto de lecciones muestra cómo escribir el código de pequeños programas modulares que, una vez ensamblados, permiten descargar el contenido de páginas web, manipular el texto resultante como cadenas de caracteres y extraer diversa información mediante el conteo de frecuencia de palabras, el análisis de palabras clave en su contexto mediante la construcción de n-gramas y la generación de visualizaciones para la salida de datos en un archivo .html. El ejercicio se realiza con el contenido de un repositorio documental que fue puesto en línea por etapas, entre 2001 y 2008, The Proceedings of the Old Bailey London’s Central Criminal Court, que resguarda la transcripción de 197,745 juicios criminales llevados a cabo en Londres entre 1674 y 1913. En otras palabras, la finalidad de estos tutoriales es mostrar, teniendo como laboratorio un archivo histórico correctamente digitalizado, cómo se puede utilizar un lenguaje de programación de código abierto y uso libre para que los mismos historiadores y humanistas aprendan a construir sus propias herramientas digitales, lo cual puede resultar muy útil en diversas etapas de un proceso de investigación.

Desde hace algunos años, los historiadores de la comunidad académica hispanohablante hemos adoptado una serie de herramientas informáticas, técnicas y flujos de trabajo en nuestras investigaciones, sobre todo como instrumentos complementarios para el análisis histórico. El abanico es amplio y va desde bases de datos, hojas de cálculo, software para el análisis de redes sociales, hasta sistemas de información geográfica para el estudio de relaciones espaciales y, sobre todo, visualizaciones cartográficas. Esta apropiación de recursos, hay que decirlo, ha sido generalmente asistemática, ha obedecido a tendencias marcadas por ciertos investigadores o pequeños grupos de trabajo vinculados a corrientes de otras tradiciones académicas, y suele darse de manera un tanto irreflexiva, ya que nos decantamos preferentemente por la utilización de software propietario, con los peligros que esto conlleva en términos de la sostenibilidad de nuestras investigaciones. Pero, sobre todo, hemos carecido de plataformas abiertas o redes colaborativas para aprender a sacarle mejor provecho a las tecnologías de la información y la comunicación, de manera productiva a la vez que crítica y reflexiva. Dicho de otra manera, no hemos logrado pasar del adoptar tecnología desarrollada en otros contextos y para otras necesidades, a adaptar la tecnología en su forma más básica para generar las herramientas adecuadas para nuestras propias necesidades de investigación.

En ese sentido, la traducción al español de Programming Historian significa un importante beneficio para la comunidad hispanohablante de historiadores y humanistas digitales. Al tratarse de un gran manual que cubre de manera modular el desarrollo de habilidades técnicas digitales y el aprendizaje de herramientas, técnicas informáticas y optimización de los flujos de trabajo más adecuados para las máquinas que utilizamos, los humanistas digitales podemos potenciar nuestro acceso a la tecnología con el objeto de adaptarla a nuestras necesidades de generación, aplicación y trasmisión del conocimiento desde una perspectiva local. Por ejemplo, una serie de tutoriales de Programming Historian están enfocados a la mejor administración de los datos digitales que generamos e intercambiamos durante los procesos de investigación y comunicación de resultados. En ellos se discuten desde las mejores estrategias para la conservación de nuestros datos digitales hasta la adopción de prácticas sostenibles a largo plazo mediante la adopción de herramientas y flujos de trabajo que nos permitan liberarnos del yugo de las suites ofimáticas propietarias, condenadas más temprano que tarde a la obsolescencia programada. Otra serie de tutoriales trata las técnicas de manipulación de datos a partir de un mejor conocimiento de cómo funcionan los diferentes sistemas operativos, de privilegiar el uso de la interfaz de línea de comandos sobre la interfaz gráfica, ya sea en sintaxis de bash o Windows-PowerShell; de introducirnos a los conceptos básicos de lenguajes de programación más usuales como Python o R, con ejemplos aplicados a investigación real. Hay otros tutoriales que abordan el uso de herramientas y APIs como Antconc, Zotero, OpenRefine; que discuten lenguajes de consulta como SPARQL o muestran la aplicación de técnicas de programación para generar procesos de aprendizaje máquina mediante el clasificador bayesiano simple o la búsqueda de patrones de secuencia mediante expresiones regulares. A fin de cuentas, que aprendamos y seamos concientes que nuestra computadora personal puede ser un potente laboratorio de investigación con los propios recursos que ofrece por defecto y sin tener que recurrir a la adquicisión de costosísimas licencias de software propietario. Todo está en que dejemos de tratar a nuestras computadoras como meros procesadores de texto.

La iniciativa para crear la versión en español de Programming Historian data de principios de junio de 2016, en forma de una convocatoria abierta con el afán por potenciar la diversidad y el acceso a un uso más democrático de las tecnologías, que es la filosofía de sus miembros. La meta que tenemos ahora es traducir las cerca de cincuenta lecciones que actualmente tiene el sitio, más las que están en proceso de edición. Además de ello, hay una clara y notable apertura para que la comunidad académica digital hispanohablante proponga la publicación de nuevas lecciones que estén relacionadas con el desarrollo de herramientas útiles para los intereses, condiciones y necesidades locales. En ese sentido, cabe recalcar que The Programming Historian es un proyecto colaborativo y, por lo tanto, abierto a un público diverso interesado en participar, y que al respecto tiene ciertas reglas muy claras y sencillas. Por ejemplo, la discusión y evaluación de las aportaciones se da de manera abierta y pública, con el objeto de conservar tanto la calidad de lo que publicamos como la transparencia de la discusión. En ese sentido, nos interesa mucho ampliar nuestra red de colaboradores, ya sea como autores de nuevos tutoriales, traductores, editores, evaluadores o gente que quiera donar un poco de su tiempo en la mejora de nuestra publicación, desde comentarios hasta involucrarse en los procesos editoriales. Por favor, si tienes interés en participar, consulta las diversas maneras de contribuir a nuestro proyecto.

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Las humanidades digitales en la India. Un mapa

En tiempos resientes hemos visto extenderse la práctica y la enseñanza de las humanidades digitales (HD) por muchas partes del mundo. En contraste con lo que ocurre en aquellos países donde las HD se han desarrollados ya durante décadas y han alcanzado un grado de institucionalización y estandarización disciplinar importante con la creación de centros de enseñanza y de investigación, en los nuevos espacios globales de la Humanidades Digitales, la mayoría de ellos en el sur, las hemos recibido con ambigüedad. El entusiasmo que despierta utilizar herramientas digitales para las humanidades va de la mano de una cautela respecto de lo que las humanidades digitales implican como disrupción de las tradiciones académicas locales y los modelos disciplinares predominantes, por señalar sólo los dos más significativos.

En México, por ejemplo, cuando formamos la RedHD, una de las primeras decisiones que tomamos fue no definir las HD. Lo hicimos porque no queríamos partir de una cierta concepción de las HD, sino más bien mirar el entorno en busca del trabajo académico que podría identificarse con las Humanidades Digitales. Era una forma cauta de no adscribirse a un concepto, pero al mismo tiempo, una forma de abrir la puerta a aquellos académicos y aquellas prácticas a los que la idea de unas humanidades digitales les fuera afín.

Pero el problema de la definición de las HD en los países del sur parece extenderse, al igual que las HD, a nivel global. Justo en el centro del libro Mapping Digital Humanities in India de P. P. Sneha que se puede descargar aquí, se halla la decisión del autor de no partir de una definición de las humanidades digitales como principio metodológico válido para poder hacer un mapa de cómo se practican en la India.

“With few ‘digital humanists’ (a term many DH scholars in India have consciously chosen to stay away from) and DH centers around, and the discourse being far from stable in India, the best way to explore this supposedly new phenomenon then seemed to be to understand some of the immediate problems and questions with the notion of the ‘digital’ itself.”

La decisión de desplazar el problema de la definición por las preguntas sobre lo digital en India, es claramente política, porque lo que busca es situar las prácticas y el sentido de las HD en un contexto específico, donde lo digital tiene cierta forma. Al igual que en México y muchos países de América Latina, en la India, según Sneha, la discusión sobre lo digital, “have been located within the domain of the development of Information and Communication technologies for Development (ICT4D), in sectors ranging from education to governance. Principalmente, escribe, “through rhetoric about its potential to address and even resolve social and economic problems … now anything digital automatically translates to ‘good’ and ‘beneficial’.”

Esta visión positiva (y a crítica) de lo digital que ha venido definiendo las políticas de digitalización en los países del sur, se encuentra en India, como en muchos otros países, con una crisis de la educación en general, de la educación superior en particular, y muy concretamente de las humanidades. De modo que la promesa de las HD en ese contexto particular, ofrecen a las humanidades una convergencia con el cambio inminente que significan las tecnologías digitales, incluso sin la necesidad de intentar mostrar que hay una verdadera conexión entre las dos.

Muchos de los problemas que le dan forma a la práctica de las humanidades digitales en la India tiene que ver precisamente con que tanto estas tecnologías digitales son adecuadas a esa convergencia. Pero no se trata en realidad de un problema tecnológico, sino sobre todo de un problema político y social.

Aunque Sneha no es especialmente enfático en las implicaciones políticas de los problemas de lo digital –su interés se centra sobre todo en la forma de las HD en India- es difícil no ver así lo que el propio Sneha presenta como condiciones para el desarrollo de las HD en India. Por ejemplo, la cuestión de la obsolescencia tecnológica y la dificultad de acceso a nuevas tecnologías o incluso la resistencia a abandonar ciertas tecnologías, que marcan un límite a la apropiación de las tecnologías de las HD. Lo mismo ocurre con la lengua, quizás de manera aún más drástica y con implicaciones sociales y políticas más profundas.

Las tecnologías de codificación existentes, desarrolladas en Occidente, no son herramientas útiles para la representación digital de lenguas no occidentales como el bengalí. Lo mismo pasa con los instrumentos de digitalización: sistemas de escaneo y de reconocimiento de caracteres, que tampoco han sido desarrollados para lenguas no occidentales. Se trata, señala Sneha, de un límite mayor para las HD en India porque contiene los esfuerzos de digitalización y obliga a invertir mucho tiempo en el desarrollo de teclados y software de reconocimiento de caracteres, para que el bengali y otras lenguas de la India entren al frágil mundo de lo digital.

El archivo es otro problema. Tanto por la incompletud de los archivos -la necesidad de terminar de construirlos, de incluir en ellos documentos en otras lenguas, como por la cuestión de la infraestructura revela que, expresamente para Sneha, tiene importantes  las implicaciones políticas: “The investment on infrastructure for the archive –escribe- is determined by different kinds of interests and will play an important role in how archival efforts will ultimately develop. As Dr. Sundaram reiterates, the point to note is that new archival efforts are not only general repositories, but critical interventions in themselves. They foster new kinds of visibilities.”

Encuentro que la lección más importante de Sneha consiste en señalar que estar en el Sur implica una cierta relación con lo digital. Una relación que limita y modifica el desarrollo de las HD por el simple hecho de que las tecnologías digitales no han sido hechas teniendo presente las necesidades de comunidades específicas, sino los ideales y las necesidades de la región en que se desarrollan, al norte y en inglés, que se toma a si mismo como estándar universal.

Una última observación sobre el texto de Sneha. La ambigüedad respecto de las HD, producto de estas condiciones específicas de la relación con lo digital en la India, se refleja en su inclusión en la academia. Mientras las universidades están interesadas en ofrecer cursos y desarrollar proyectos a partir de la óptica de que tecnología es “Bueno”, “often there is resistance from individual humanities departments, for several reasons ranging from lack of expertise, to concerns about the course being too ‘technological’.”

El problema me parece rebasa lo que apunta en su texto, la falta de comprensión del rol de la tecnología en las humanidades y la falta de involucramiento en proyectos y plataformas digitales, sino que puede ser reflejo de una resistencia aun mayor a una disrupción que implica modificar no sólo formas de resolver problemas, sino alterar toda la estructura asociada con la construcción, validación y reconocimiento del trabajo humanístico que en algunos países del Sur, y pienso sobre todo en México, responde a un imaginario muy específico. Cierro con una reflexión del propio Sneha:

The computational possibilities of DH still need to be explored, but how much of these contribute qualitatively to addressing or even furthering certain disciplinary concerns, still remains an open question.

 

Referencia:

Puthiya Purayil Sneha. Mapping Digital Humanities in India.  CIS Papers 2016.02 

Published by The Centre for Internet and Society, India | cis-india.org

30th December, 2016

http://cis-india.org/papers/mapping-digital-humanities-in-india

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Consumo de datos móviles

Consumo de datos móviles

Alberto Ramírez Martinell | @armartinell

El consumo de datos móviles de los usuarios de teléfonos inteligentes depende de sus intereses personales. Y aún cuando podamos delinear un patrón de interacción con el dispositivo –en el que se describa si el usuario es asiduo a las redes sociales o a la visualización de videos– su consumo no solamente varía por el tipo de información que se consulta sino también por la aplicación con la que se accede o genera.

Durante la primera década del siglo XXI, la telefonía móvil en México –y en el mundo– se popularizó notablemente (ver Casillas, Ramírez, Carvajal y Valencia, 2016) incrementado consigo las valoraciones generales de acceso a la información y la necesidad creciente de conectividad permanente. Para los usuarios que quieren estar conectados a la red todo el tiempo es decir, para los hiperconectados, la conexión a la red desde una computadora –llamémosla local– es insuficiente. Las computadoras de este tipo juegan para ellos una función de equipos de base, de estaciones de trabajo o de centros de respaldo y almacenamiento; dejando latente una necesidad de cobertura de conexión más amplia y de acceso a la información al no estar frente a una pantalla local. Desde su popularización en 2008, los teléfonos inteligentes –con planes de datos cada vez más comunes– han fungido como el enlace móvil permanente y ubicuo que los hiperconectados necesitan.

La intervención

Con el afán de explorar de una manera inicial y asistemática cómo se distribuye el consumo de datos móviles de los usuarios hiperconectados, me dispuse –por mera curiosidad– a revisar mi consumo de datos móviles. Para hacerlo, utilicé sin restricción de acceso a la información durante 4 meses un teléfono inteligente. De ninguna manera pretendo generalizar las observaciones ni hacer teorías al respecto. Simplemente quiero poner en perspectiva mi percepción de uso con el consumo de datos móviles.

Podría decir que el uso que le di al dispositivo durante el periodo de observación fue típico. De manera normal y dependiendo de las fechas, contextos y circunstancias de acceso a la información que se dieron durante ese periodo procuré mis redes sociales, revisé páginas web, hice búsquedas de información, actualicé el sistema operativo y las aplicaciones que están instaladas, consulté el correo electrónico y utilicé las aplicaciones de mensajería instantánea que cotidianamente uso así como las aplicaciones de mapas y GPS.

A continuación presento mis observaciones y reflexiones primeramente sobre 1) mi comportamiento frente al dispositivo digital portátil y posteriormente sobre 2) el consumo de datos en el periodo de análisis.

Comportamiento frente al dispositivo digital portátil

Para poner en perspectiva los datos que presento en la siguiente sección debo acompañar la observación con una reflexión de mi percepción sobre el uso del teléfono inteligente describiendo mi relación con el dispositivo, aunque sea de forma subjetiva.

Todos los días –bueno casi todos– salgo a correr por la mañana acompañado de una aplicación de control de distancia, tiempo y ruta (runmeter). En el trayecto de aproximadamente 30 minutos aprovecho para cazar un par de pokemones para mis hijos –y para mi también–. Luego reviso el correo electrónico redes sociales y la mensajería instantánea pendiente. Soy un old-digital (ver O’Donoghue, M. y Ramirez-Martinell, 2015) por lo que mi uso de correo electrónico es constante. Sigo valorando esa plataforma especialmente para el intercambio de información relacionada con el trabajo. De la combinación Teléfono Inteligente – Correo electrónico obtengo mi oficina móvil, envío y contesto correos a todas horas y en todo lugar –aunque en el cine no prendo el celular–. Vale la pena mencionar que antes de esta observación yo consideraba que era la aplicación de correo electrónico la que más usaba en el dispositivo.

Mi uso de la aplicación de Twitter es alto, pero más bien pasivo. Reviso contenido, le doy retuit a algunas noticias y en realidad publico poco contenido original (pero ya vi que ser un lurker cuesta). Exploro principalmente al timeline y los mensajes directos pero también consulto información que se ejecuta fuera Twitter.

En Facebook tampoco publico mucho. Veo información, le doy like a algunas publicaciones y comparto otras casi siempre de tipo académico. Tengo un poco más de 250 “amigos” por lo que el muro de la aplicación no es tan rápido y cambiante. Los videos incrustados en la aplicación casi nunca los reproduzco, aunque cuando lo hago, suelo seguir viendo los relacionados. Reviso Twitter y Facebook moderadamente durante algunas pausas del día. Empero tiendo a dedicarle más tiempo por las noches.

De manera moderada –según yo– uso Whatsapp a lo largo del día para charlar con colegas, amigos y familiares sobre temas principalmente de ocio, por lo general en grupos. El mensajero de Facebook lo uso pero notablemente menos que Whatsapp.

Durante esos cuatro meses jugué PokemonGo con mis hijos principalmente los fines de semana por un par de horas, aunque durante la semana tengo la encomienda de hacer Pokeparadas y capturar Pokemones.

Youtube en el móvil lo uso poco –a diferencia de mis hijos quienes lo usan de una manera mucho más intensa, pero eso lo comentaré en otro momento–. La búsqueda de información vía Google o el acceso a páginas desde algún navegador (Google Chrome Browser o Firefox) también es una actividad menor.

La música que escucho con Spotify no está en línea, casi todas las canciones se descargaron en el móvil. Cuando oigo el radio en el coche– uso Shazam para ubicar las canciones que me gustan y agregarlas –si es que están en la base de datos– a Spotify.

Finalmente puedo decir que las actualizaciones del sistema operativo del dispositivo digital portátil y de las aplicaciones que están instaladas no son algo que yo haga conscientemente en la red de 3G, sin embargo en mi observación me di cuenta que de todas formas consumen datos de manera discreta pero voraz.

Entre el uso “moderado” pero diferido del correo electrónico, Whatsapp, Facebook, Twitter, Messenger y PokemonGo durante este tiempo podríamos decir que fue mi celular pasó más tiempo en mi mano derecha que en mi bolsillo izquierdo.

Consumo personal de datos móviles en un periodo de cuatro meses

Durante cuatro meses consumí 11 Giga Bytes de manera homogénea (menos de 3 gigas al mes) para consultar redes sociales (46%); navegación y búsqueda de información (14.08%); actualizaciones de sistema y de aplicaciones (11.65%); correo electrónico (7.23%); mensajería instantánea (6,68%); entretenimiento (6.05%); juegos (4.41%); aplicaciones con GPS (1.95%); entre otras (1.33%). Ver tabla anexa.

Tabla 1. Concentrado del consumo de 11 GB de datos en 4 meses

Como se puede ver en la tabla anterior, el 60% de mis datos móviles lo consumen las redes sociales y búsquedas en Internet. Siendo Twitter con 3.1 Gigas (27.79% del consumo total) la aplicación más voraz de todas; seguida por Facebook con 2.1 Gigas (18.83%) y por Firefox (8.45%); Google (3.77%); y Chrome (1.87%), con el 14% del consumo total.

Entre actualizaciones de apps y del sistema, el dispositivo consumió en el periodo de observación la nada despreciable cantidad de 1.3 Gigas (11.65%), suma dos veces mayor a mi consumo cuatrimestral de datos en Whatsapp.

El correo electrónico que era según yo, la aplicación más utilizada por mi, ocupó el cuarto lugar de consumo de datos con 200 Megas mensuales (806 al cuatrimestre) equivalentes al 7.23% del consumo en el periodo. El detalle del consumo cuatrimestral por aplicación se muestra a continuación.

Tabla 2. Consumo detallado de datos por aplicación
Aplicación Cantidad en Gigas %
Twitter 3,1 27,79%
Facebook 2,1 18,83%
App Store 1,3 11,65%
Firefox 0,942 8,44%
Mail 0,806 7,23%
WhatsApp 0,619 5,55%
Pokémon GO 0,492 4,41%
Spotify 0,454 4,07%
Google 0,42 3,77%
Chrome 0,209 1,87%
YouTube 0,156 1,40%
Messenger 0,126 1,13%
Google Maps 0,105 0,94%
Shazam 0,0653 0,59%
Runmeter 0,0607 0,54%
Uber 0,0514 0,46%
GoRadar 0,0231 0,21%
Contactos 0,0206 0,18%
Instagram 0,0174 0,16%
Calendario y Recordatorio 0,0107 0,10%
Goodreads 0,0091 0,08%
Prisma 0,0075 0,07%
Mercado Libre 0,0072 0,06%
Clima 0,0061 0,05%
ADOMovil 0,0061 0,05%
Configuración 0,0048 0,04%
Pinterest 0,0046 0,04%
Periscope 0,0036 0,03%
IMDb 0,0028 0,03%
Skype 0,0027 0,02%
Mapas 0,0026 0,02%
FaceTime 0,0026 0,02%
Measure Your Land 0,0021 0,02%
Spreadsheets 0,0019 0,02%
SwannEyePlus 0,0019 0,02%
Scanner Pro 0,0019 0,02%
Documentos 0,0016 0,01%
iTunes Store 0,0014 0,01%
Decibel 10th 0,0014 0,01%
Bancomer 0,0014 0,01%
Drive 0,0012 0,01%
Coursera 0,000807 0,01%
EasyMeasure 0,000668 0,01%
Scan 0,000456 0,00%
GIFMaker 0,000413 0,00%
Casa 0,00002 0,00%
Total 11,155064 100,00%


Comentarios finales

El consumo de datos móviles es una cuestión que responde a factores personales –pero sin patrones de conducta estrictos– temporales, contextuales y de necesidad de acceso a la información. Es difícil generalizar los comportamientos y por ende el consumo de la información –incluso a nivel personal– pero haber hecho una pausa para reflexionar sobre mi relación con la información que recibo y envío en el teléfono móvil me permitió hacer evidentes tres cosas.

  • El consumo de datos de la aplicación no está ligada necesariamente con el tiempo de uso. Aún cuando la app Mail es la que permanece más tiempo en la pantalla de mi móvil, resultó que no era la que consumía más datos.
  • A pesar de que el dispositivo solicita permiso para acceder a la información, –si no se bloquea del todo– el sistema consume datos de manera discreta pero continua.
  • Hay distintas maneras de medir la vida frente a pantalla. Una es mediante el registro del tiempo que pasa uno con el celular en la mano; otra es contabilizando los datos consumidos; pero una más, podría ser la consideración de la atención que uno pierde al ensimismarse en el dispositivo de mano y descuidar lo que pasa fuera de él.

El presente ejercicio podría despertar el interés personal de revisar en qué consumimos nuestros datos para poder estar conscientes de los hábitos de consumo personal. Para replicar la experiencia el uso de aplicaciones de monitoreo de datos podría resultar de utilidad.

Para leer más 

  1. Casillas, M. A., Ramírez Martinell, A., Carvajal, M. y Valencia, K. (2016). La integración de México a la sociedad de la información. En Téllez, C. E (coordinadora). Derecho y TIC. Vertientes actuales. México: INFOTEC. ISBN: 978-607-02-7410-7  |  capítulo|  libro  |
  2. O’Donoghue, M. & Ramirez-Martinell, A. (2015). Old Digital and new digitals: a newer debate onthetypes of digital citizens. In S. Carliner, C. Fulford & N. Ostashewski (Eds.),Proceedings of EdMedia: WorldConferenceonEducational Media and Technology 2015 (pp. 1901-1908). AssociationfortheAdvancement of Computing in Education (AACE). RetrievedSeptember 1, 2016 from https://www.learntechlib.org/p/151611

Este post fue originalmente publicado en: http://www.uv.mx/personal/albramirez/2017/02/08/datos-moviles/

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El #3EHD y sus resultados: La circulación de energía social

En el año 2012, durante el seminario «La representación política: Historia, teorías, mutaciones contemporáneas», Roger Chartier se refirió al concepto energía social (invocando a Stephen Greenblatt) como alusión de las experiencias colectivas escenificadas y representadas a través del lenguaje, experiencias recompuestas  que circulan y que, en el juego de ese vaivén, logran anidarse en el imaginario de algunas comunidades particulares. Una muestra muy clara de estas cargas de energía social son las obras escritas, en cuya composición subyacen las representaciones y formas de circulación de una ingente cantidad de experiencias, y una posibilidad amplia de resignificación por parte de los lectores.

El 3er Encuentro de Humanistas Digitales se desempeñó como un foro en el cual, a través de los proyectos y experiencias, se integraron y expusieron «rastros auditivos, verbales y visuales para producir, formar y organizar las experiencias colectivas, físicas y mentales»[1] a través de la investigación humanística y la tecnología. Pero para acentuar la circulación de ideas que recalca Chartier, como obras escritas, es oportuno y de sumo valor mencionar que algunas de las presentaciones del Encuentro fueron publicadas como artículos en los últimos fascículos de la Revista Digital Universitaria (RDU) de la UNAM y de VIRTUalis del Tecnológico de Monterrey.

La última entrega de la Revista Digital Universitaria (vol. 17, núm. 12), correspondiente al mes de diciembre, de acuerdo a su periodicidad mensual, estuvo coordinada por Ernesto Priani Saisó, quien destaca en la editorial, de forma sucinta, el arraigo integral que las humanidades digitales (HD) están teniendo en las investigaciones humanísticas en América Latina. El primer y el cuarto de los artículos advierten desde su título que su línea se decanta hacia propuestas pedagógicas. Esto no es sólo una mera afinidad o preocupación común, sino que, cabe señalar, ambas autoras, filósofas, presentaron una misma ponencia durante el Encuentro, junto con dos colegas más. El primero de los textos, a cargo de Tzitzi Janik Rojas Torres, plantea la relevancia que puede tener una interfaz gráfica en un repositorio de acceso abierto, ya que ésta puede mejorar la usabilidad al momento de buscar y recuperar información. La propuesta de Paula Lizeth Mora Castillo, por otro lado, plantea la cuestión de «tele-estar», que puede ser vista como «estar en dos lugares a la vez». Para la autora, esto implica ver al sujeto imbuido en una disociación (podría decirse que coexisten un yo analógico y un yo virtual), por lo que la herramienta tecnológica ya no lo es más, pues se vuelve el espacio de desenvolvimiento del yo virtual, y no sólo la extensión del yo analógico. Todo esto lleva a repensar las tecnologías desde el acto de la enseñanza, con una concepción más compleja del sujeto. El segundo artículo —cuya autoría coincide con la de este post— busca expandir el campo de interacción de las HD y la bibliotecología, más allá de los espacios de relación tradicionales, mismos que no se abandonan sino que nutren las nuevas parcelas de desarrollo, a saber: la democracia digital, la ciudadanía digital y el gobierno abierto. El tercer artículo, cuya autoría es colectiva, remite a la posibilidad de potenciar la circulación de ideas, vistas como la energía social evocada por Roger Chartier. Las ventajas del proyecto Fasti Congressuum son presentadas por seis estudiantes de diferentes programas de doctorado en Historia Antigua en España (de la Universidad Autónoma de Madrid, de la Universidad Complutense de Madrid y de la Universidad de Zaragoza). A partir de herramientas tecnológicas, crean una red de difusión —que tiene la gran ventaja de ser gratuita— para call for papers de Congresos, cuya temática linde las tesituras de la historia antigua. La valía del proyecto no descansa únicamente en la difusión distribuida en diferentes medios, sino que en el sitio del proyecto se cuenta con la información de todas las convocatorias de forma organizada según diferentes criterios, para que pueda ser recuperada, dependiendo de las necesidades del usuario.

Para este mes (enero), la RDU publicará la segunda parte del tema Humanidades Digitales (vol. 18, núm. 1).

El más reciente fascículo de VIRTUalis (vol. 7, núm. 13), correspondiente al periodo enero-junio de 2016, es presentado por Miriam Peña Pimentel y Adriana Álvarez Sánchez, quienes —al igual que Ernesto Priani en su editorial en la RDU— destacaron la trascendencia que las HD han tenido, luego de un largo recorrido, en América Latina. Ahora bien, el primero de los artículos es, básicamente, producto de las reflexiones de algunos miembros (no todos) del Seminario de Tecnologías Filosóficas de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la UNAM, coordinado por Francisco Barrón (quienes, por cierto, están a cargo de la coordinación del núm. 16  de esta revista, dedicado al tema «Pensar la tecnología»). En este texto se observan los proyectos de las HD a través del monóculo del concepto kantiano del uso público de la razón; es decir, poner a disposición recursos de información e interpretar datos a través nuevas metodologías tecnológicas. Dicho de otra manera, los autores proponen pensar críticamente las tecnologías (y en esto es pertinente recordar la crítica de Heidegger sobre la técnica, sobre la cual «se escribe mucho y se piensa poco»).[2] El artículo de Virginia Brussa profundiza en las implicaciones de los laboratorios como proyectos HD, pero sobre todo en su proyección, que va más allá de su circunscripción dentro de los centro universitarios, por lo que se desdobla una amplia gama de modalidades de labs (living labs, city labs, hacklabs, World Wide Labs, et al.). Es importante mencionar que el artículo trata in extenso algo que planteó en el post que publicó en este blog en el 2016, en colaboración con Paola Ricaurte. El estudio de caso que plantean Adriana Álvarez y Miriam Peña explora la presencia de contenidos que versan sobre HD dentro de la Licenciatura en Historia de la FFyL de la UNAM, a través de un Seminario Taller Especializado intitulado Humanidades Digitales e Historia. Por su parte, en su artículoDavid Domínguez propone ver a la técnica como medius entre la ciencia y la tecnología, y como forma de develación para saber qué objetos pueden ser considerados objetos técnicos (aunque en la Carta sobre el humanismo de Heidegger se lee que la técnica puede develar pero también ocultar al ser).[3] Así, la técnica digital puede erigirse como un modo de producción de conocimiento y en una forma de traducción cultural. Es de destacar la entrevista que Miriam Peña realizó a Ernesto Priani, de la cual rescato un planteamiento para concluir este post: «¿Qué es lo que ha ido ganando la Red? Lo que ha ido ganando es mayor respaldo institucional, ha servido para generar sinergias, reacciones en cadena entre instituciones que estaban empezando a articular estrategias digitales […] y una proyección más allá del nivel local del establecimiento de esa estrategia para un cuerpo académico, para un ámbito específico».

                                                                                                                                     Ariel Morán                                                                                    @Ariel_Moran


[1]   Stephen Greenblatt, «The circulation of social energy», en The circulation of social energy in Renaissance England. Berkeley: University of California Press, 1988, p. 6.  (The New Historicism: Studies in Cultural Poetics; 4).
[2]   Martin Heidegger, Carta sobre el humanismo. Madrid: Alianza, 2006, p. 56.  (El Libro del Bolsillo/Filosofía).
[3]       Ibíd., pp. 28-29.

 

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Las Humanidades Digitales en expansión

Este 2016 los miembros de la RedHD han tenido gran cantidad de actividades, las cuales David Domínguez relata de forma intensa y extensa en “#RedHD: el verano de las convergencias”, por su parte Miriam Peña nos trae una amplia recopilación de todo lo vivido en el 3EHD, no dejen de revisar estos interesantes artículos.

Además de los trabajos aquí expuestos, durante la segunda mitad del año se llevaron a cabo los Laboratorios Ciudadanos “Ciudades que aprenden” –organizados por Paola Ricaurte directora de Open Labs en México—, en donde se tuvo una pequeña muestra de la amplitud de campos que abarcan las humanidades digitales, con proyectos como:

  • WikiTransporte de Ernesto Priani, iniciativa enfocada a relatar las experiencias de los usuarios de las rutas olvidadas dentro del transporte público en la Ciudad de México.
  • Bibliotecas Madrinas, presentadas por Lourdes Epstein y orientadas a construir comunidades de aprendizaje.
  • cocoroClock, proyecto español para la creación de un banco de tiempo.
  • Artilugio fue una iniciativa enfocada en la creación de recorridos seguros para mujeres que recuperen la habitabilidad del espacio.
  • Caixa Mágica, fue planteada como una herramienta para favorecer la participación ciudadana a través de los medios digitales; esta misma proveerá de internet a pequeñas comunidades para llevar a cabo su cometido.
  • Avóz es una iniciativa que buscar recopilar los trabajos de mujeres en pro de su comunidad para favorecer la construcción de comunidades en las ciudades.
  • 7 punto 8 creó una plataforma digital —a partir de la reconstrucción de Ecuador tras el sismo del 16 de abril de 2016— para dar a conocer los trabajos de las mujeres productoras en situación de vulnerabilidad y construir redes entre ellas.
  • Debido Proceso, busca garantizar los derechos de los indígenas encarcelados.
  • Unidas contra la violencia política, presentó una plataforma colaborativa en donde se recopilaron casos y testimonios para genera una red de apoyo en este ámbito.
  • Archivos Afectivos, la ciudad de los vivos aprende de la ciudad de los muertos. Este proyecto buscó hacer una recuperación de la Ciudad de los Muertos en Bogotá, a través una plataforma digital abierta que cuente con una agenda ciudadana, una cartografía de la memoria y un corpus documental de fotos, objetos, cuentos, etc.

Por último dentro de este laboratorio ciudadano se creó un espacio afectivo que permitió la integración de los participantes entre ellos, con la Biblioteca de México —que prestó las instalaciones— y con la Ciudad; todo esto puede entenderse mejor a través del texto presentado por Aurora Adalid y Antonio Lafuente: Hacer el amor con la ciudad.

De igual forma es importante mencionar la labor del Seminario HD, el cual desde 2013 realiza sesiones semanales en donde se presentan y discuten los trabajos de los miembros de la Red; este año se contó con la participación especial de:

  • Mattel Ciastellardi, impartió una charla sobre Alfabetización Transmedia en la cual discute los cambios en la educación y en los educandos por la introducción de las nuevas tecnologías de la información, desde la televisión hasta los medios digitales.
  • Juan Fernando Mejía, quien presentó la Biblioteca Virtual del Pensamiento Filosófico en Colombia; la cual busca recuperar físicamente las fuentes escritas a partir de 1620 sobre el pensamiento filosófico en Colombia, además de enfocarse en facilitar el acceso a estas para la comunidad nacional y mundial.

Durante este año se presentó la sesión plenaria de este Seminario en El Colegio de México, con la participación de Miriam Peña, Ernesto Priani, Lisa Spiro, Alberto Martínez y Silvia Gutiérrez; en donde se discutió el quehacer de los humanistas digitales, además de la definición del campo y las nuevas áreas académico-administrativas creadas a su alrededor.

Para terminar queremos agradecer a todos los participes del Tercer Encuentro de Humanistas Digitales, ya que sin su participación esta red no existiría, y por ello en 2017 dentro del comité ejecutivo se trabajará para constituirnos como el referente del área en México y mejorar la colaboración y comunicación con los afiliados. Los invitamos a continuar participando de los trabajos de la Red HD, y mantenerse pendientes de los cambios por venir.

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La Sociedad 2.0

Alberto Ramírez Martinell
@armartinell

Texto publicado en El Jarocho Cuántico,
suplemento cultural de La Jornada Veracruz,
el 6 de diciembre de 2015

Leamos —al menos en este contexto— al 2.0 no solo como un calificador de conceptos modernizados sino como un índice relativo a la conciencia colectiva de una comunidad que entiende a la colaboración como un valor social extendido; a las redes como medios de interacción; y a la simplificación de distancias entre los nodos de dichas redes como oportunidades de contacto. Si bien el 2.0 también tiene una connotación informática que alude a una mejora con respecto a una versión anterior; lo que buscamos plasmar en este texto es una reflexión sobre una sociedad que se informa, se comunica e interactúa en red.
En esta visión los intermediarios se reducen. Los extremos se acercan. La sociedad se activa. En un modelo tradicional, el lector va a una librería, elige un libro, lo paga y difícilmente se comunica con el autor y de igual manera el pago en su totalidad no le llega al autor quien solamente recibe un porcentaje de regalías. En una sociedad moderna, —en una sociedad 2.0— el lector sigue al autor en Twitter, se entera de las novedades editoriales, ve la aceptación que la comunicad tiene de la nueva obra y descarga el libro directamente del portal del autor o de un servicio de red al que tanto autor como lector pertenecen.

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Entendamos que la sociedad 2.0 no reemplazará a la sociedad tradicional, pero si encontrará un espacio en el que ambos paradigmas sociales coexistirán; y la manera en que socializamos, consumimos, nos transportamos y hasta estudiamos contará con alternativas distintas a las que hasta ahora habíamos visto.

Socialización 2.0

Las plataformas digitales nos permiten establecer relaciones que antes se lograban solamente mediante el contacto físico o a través de medios de comunicación limitada como el teléfono. Las relaciones digitales que hoy en día podemos establecer, facilitan la creación de redes de interacción social y acceso a la información que nos permiten construir identidades digitales, participar activamente en la web y tender una extensión de interacciones sociales complementarias a las que tenemos de manera física. Si bien, la socialización 2.0 sucede en la web y se plasma en la pantalla no es exclusiva del contexto digital. Las interacciones tienen representaciones y repercusiones en el mundo físico. La plataforma informática solo habilita lo que realmente vale la pena: la participación de una comunidad.

Gracias a lo digital, la comunidad se extiende, trasciende y se suma. Se vuelve una masa con opiniones y con experiencias. Se vuelve influencia de si misma para la toma de decisiones. La masa informa. La masa asesora. La masa influye.

Entretenimiento 2.0

Con lo que respecta al consumo de medios eminentemente unidireccionales como la televisión o la radio, el movimiento de la colaboración, el acceso a contenido bajo demanda en tiempo real y la valoración de los programas por parte de la audiencia ha cimbrado a la industria y a las grandes casas productoras. Por un lado, la televisión tuvo que incorporar a los servicios de redes sociales como nuevos canales de interacción con el público, pero eso no es todo. También se ha visto en la necesidad de desligarse de horarios y de una barra programática para ofrecer acceso a un amplio catálogo de contenido que pueda ser visto en el momento que su audiencia lo desee. Servicios como Netflix, Claro Video, Crackle o Cinépolis Klic son cada vez más populares y poco a poco irán legitimándose en los hogares. El caso de la radio no es distinto. El carácter bajo demanda de servicios como Spotify o Apple Music encontrarán su lugar en la aceptación del público. Pero también merece mención la tendencia del contenido generado por los usuarios: Los youtubers que producen e interactúan en redes sociales con sus seguidores y sacan del modelo de producción a la televisora quien hace tan solo una década tenía todo el control del medio. Con el entretenimiento 2.0 consumidores y productores se acercan, interactúan e incluso intercambian roles.

Transporte 2.0

Compartir espacios en el auto para llevar a personas que se dirigen hacia el mismo destino que tu —sea como aventón o en tándem— o prestar tu coche para hacer un uso eficiente del transporte sin afectar el ya de por si complicado tráfico, parecieran actitudes solidarias propias de los buenos vecinos pero a su vez esporádicas e incluso riesgosas. No obstante, hoy en día existe una práctica emergente en este campo que mediante el uso de plataformas digitales, redes de comunicación y sistemas de cobro digital han transformado tecnológica y socialmente las costumbres de movilidad urbana.

Si bien el transporte 2.0 todavía no es ni común ni aceptado de forma genérica, si ha generado incertidumbre en el gremio de taxistas de diferentes ciudades del mundo.

En este tipo de transporte los pasajeros y choferes se conectan mediante un servicio de red que usa la geolocalización de ambos para acercarlos físicamente de manera eficiente. También recurre a un sistema de cobro digital que de igual forma simplifica la transacción económica y finalmente la masa —the crowd— hace uso de la voz para valorar el servicio del conductor, esto con la finalidad de que otros usuarios puedan elegir de manera informada su siguiente “ride”. El servicio digital de alquiler de choferes bajo demanda ha revolucionado el modelo tradicional del servicio de transporte, de forma que los taxis convencionales han tenido que recurrir a sistemas de comunicación similares –como las aplicaciones para teléfonos móviles Taxi Amigo de Radio Taxi GL o la app Taxi Xalapa– para su promoción y alquiler. A diferencia del servicio de taxi tradicional el transporte 2.0 —como Uber, Cabify, o Blablacar— es más cercano al destinatario final, más eficiente y –debido a las valoraciones sociales del servicio– más competitivo.

Escuela 2.0

De acuerdo a los contextos anteriores, en el campo académico la escuela 2.0 no ha llegado aún. En los casos de socialización, entretenimiento y transporte destacan varios puntos que describen un cambio de paradigma. Tal es el caso de la valoración del servicio por parte de la comunidad; el cambio de roles entre productor y consumidor; el servicio bajo demanda —lo que quiero y cuándo yo lo quiero— y el uso de redes de interacción social. Con esto en mente, la Educación 2.0 requeriría de un contexto abierto y flexible, en el que profesores y estudiantes formaran una comunidad comprometida y articulada por medios digitales, en la que parte de esa comunidad estudiara lo que quisieran y a su vez enseñara lo que sabe. La educación 2.0 necesitaría de un contexto de formación continua y permanente que no estuviera relacionada directamente con un establecimiento o un certificado pero que si contara con el aval y el reconocimiento de la sociedad, del sector público y del privado.

En el proceso de modernización de la educación han surgido proyectos que parecen atender al factor 2.0 de otros contextos, como son los casos de la Wikipedia, enciclopedia social que democratiza el conocimiento en la web; o los Cursos Masivos Abiertos y en Línea (MOOC) que pese a su carácter innovador todavía no encuentran un lugar en la educación tradicional.

El contexto educativo es un espacio que ha permanecido sin ser tocado desde hace muchos años. Las reformas educativas se orientan a lo laboral o en el mejor de los casos al equipamiento. Pero no existe un proyecto educativo sólido que responda a las tendencias del 2.0. Al igual que con el sindicato de taxistas la evolución del sistema educativo hacia los caminos que están siguiendo otras áreas de la sociedad será motivo de disputa. Una institución educativa sin malla curricular, con maestros provenientes de distintos contextos, sin créditos máximos o mínimos, sin títulos, sin espacio físico todavía es una utopía.

Comentario final

La masa —the crowd— es el asesor de la masa. Valora choferes, canciones, series de televisión, destinos turísticos y libros entre otras cosas. A través de su experiencia nos permite tomar decisiones socialmente informadas. Pero para que el sistema educativo se reforme y evolucione a un 2.0 no solamente se necesita cambiar a la escuela. La sociedad civil, el contexto público y el privado deberán estar listos para recibir gente con formaciones distintas, con diplomas o sin ellos. Y al mismo tiempo, nosotros, los individuos, la sociedad, deberá ser capaz de diferenciarse del resto, de recibir buenas valoraciones, de trabajar en red, de estudiar en red, de acceder a diversos MOOC, de construir la Wikipedia, de ser creadores —makers— de aprender permanentemente, de ser una sociedad 2.0.

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3er Encuentro de Humanistas Digitales

Del 12 al 14 de septiembre de 2016 llevamos acabo nuestro 3er Encuentro de Humanistas Digitales en las instalaciones de El Colegio de México. En esta ocasión exploramos el avance en las discusiones, los proyectos y las iniciativas que combinan estudios en las áreas de las Humanidades y las Ciencias Sociales, que utilizan y analizan medios y recursos digitales; en esta ocasión tuvimos especial interés en los proyectos e iniciativas cuya orientación sea hacia las culturas locales en el espacio latinoamericano y otros entornos de la periferia académica y social.

En este Encuentro contamos con la colaboración de un comité académico de especialistas en Humanidades Digitales, todos ellos de diferentes nacionalidades y universidades a nivel mundial y que forman parte de la Red de Humanistas Digitales de México, así como de otras Asociaciones, Laboratorios y Bibliotecas americanas y europeas.

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Las temáticas del 3er Encuentro de Humanistas Digitales propiciaron la discusión académica desde diferentes puntos de vista, haciendo de éste un Encuentro verdaderamente interdisciplinario:

  • Memoria, patrimonio y tecnología.
  • Docencia y Humanidades Digitales. Pedagogía de las Humanidades Digitales. Uso y aplicaciones de cómputo para la enseñanza en las Humanidades.
  • Proyectos de recursos para las Humanidades: por ejemplo, marcado de textos, museos digitales, ediciones críticas digitales y tecnologías avanzadas para las Humanidades y las Ciencias Sociales.
  • Diseño, manejo y uso de recursos digitales para las Humanidades y las Ciencias Sociales. Repositorios, bibliotecas digitales, bases de datos, big data, linked open data, visualizaciones, etcétera.
  • Representación, igualdad de acceso, traducción, impacto, colaboración internacional y aprendizaje mutuo dentro del área de las Humanidades Digitales.
  • Las redes como herramientas de investigación en Humanidades y Ciencias Sociales.
  • Métodos de investigación digital, Ingeniería lingüística, literatura electrónica, Medias, transmedias, transversalidad de lo digital, teoría de videojuegos.
  • Cambios en la comunicación y publicación académica en ambientes digitales, libros electrónicos, colecciones digitales, revistas digitales, acceso abierto.

Dentro de estas disciplinas contamos con más de ciento veinte propuestas de diferentes partes del mundo, tras el dictamen anónimo del Comité Académico y de investigadores invitados, el Encuentro contó con más de 70 presentaciones de la más alta calidad académica en cada una de sus disciplinas.

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El programa del 3er Encuentro contó con la presencia de investigadores de Alemania, España, Perú, Líbano, Estados Unidos, Brasil, Colombia, Portugal y México, quienes presentaron proyectos de diferentes áreas de conocimiento como Literatura, Filosofía, Educación, Comunicación, Ciencias Sociales, Antropología, entre otros.

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Una de las gratas sorpresas con las que nos encontramos en esta tercera emisión del Encuentro de Humanistas Digitales, fue que de la alta presencia de especialistas, el 49% fueron mujeres, lo cual nos coloca en una de las esferas más equitativas dentro de las Humanidades Digitales a nivel mundial.

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Conferencias Magistrales

Con la intención de fomentar la labor en Humanidades Digitales, invitamos a dos conferencistas magistrales; ambos fundamentales para el desarrollo de este campo de estudio en sus respectivos países.

México:

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El Dr. Luis Fernando Lara, profesor-investigador del Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México y autor del Diccionario del español en México, presentó su ponencia titulada “Una experiencia pionera en lingüística y computación” que versará sobre las implicaciones de la interdisciplina entre la ciencia de la computación y la lingüística; se plantearán dos temas de principio: ¿En qué consiste la lingüística computacional? y ¿Cuál es el papel de un corpus de datos de lengua?

Brasil:

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El Dr. Luis Ferla, profesor del Departamento de Historia de la Universidade Federal de São Paulo, presentó la ponencia “Las humanidades digitales y el oficio del historiador” en la que discutirá las articulaciones entre la tecnología de la información y la producción de conocimiento histórico identificando los desafíos y las oportunidades implicados.

Talleres

Este año contamos con tres Talleres, cada uno de éstos se centró en diferentes aspectos del desarrollo de proyectos digitales para las humanidades, desde la literatura electrónica y la transmedia, hasta las visualizaciones y la geolocalización:

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SNA: una introducción al análisis de redes y su visualización

Silvia Gutiérrez y León Ruiz

El Análisis de Redes Sociales es la metodología que estudia las relaciones entre entidades sociales usando la teoría de redes y de grafos. Por la explosión de información de los últimos años pero también por la estructura inherente a las redes sociales en Internet diferentes softwares han sido desarrollados para poder extraer y comprender las relaciones semiestructuradas que se generan en este tipo de redes. El propósito de este taller será dar cuenta de las posibilidades y retos de esta nueva tendencia ofreciendo un panorama tanto de los principios básicos de la teoría que lo sustenta como de una muestra práctica de su aplicación.

Pautas para leer literatura electrónica. Una aproximación intermedial

María Andrea Giovine

El taller tiene por objetivo realizar un recorrido por algunas obras representativas de literatura electrónica, tomadas principalmente de las tres antologías publicadas por la Electronic Literature Organization con el fin de plantear la existencia de diversos géneros literarios, prácticas de escritura y de lectura, así como dinámicas intermediales en el cada vez más amplio y polifacético contexto de la literatura electrónica.

Luego de plantear elementos teóricos básicos que nos ayudan a comprender la literatura electrónica y de mostrarles a los asistentes algunas piezas representativas (primera sesión), en la segunda parte del taller, los asistentes (divididos en equipos), poniendo en práctica los elementos teóricos planteados en la primera parte de la sesión, se aproximarán al análisis de obras de literatura electrónica, el cual compartirán luego con el pleno. No se pretende que el análisis sea exhaustivo, pues el tiempo no lo permitirá, sino que los participantes se familiaricen con los principales procedimientos de configuración y lectura de la literatura electrónica y experimenten de primera mano la interacción con algunas piezas.

Spatial Humanities for Beginners

David Joseph Wrisley

This workshop will focus on introducing participants to basic concepts in the spatial humanities as well as to some trends in location-based research and pedagogy. It will provide an opportunity to experiment with low-barrier web mapping environments, as well as reflect on some challenges facing the practitioner interested in working with traditionally “unmapped” environments.

  • To introduce participants to different forms of, and exemplary projects in, location based humanities research.
  • To illustrate basics about the various data that come together in web-based mapping.
  • To direct participants to places where canonical spatial data can be found (gazetteers).
  • To initiate participants in modeling spatial data for their own projects, particularly those
  • that found outside of more dominant, Euro-American research domains.
  • To teach participants how to create a basic map and visualize it on various interfaces.
  • To introduce various map-based techniques (digital storytelling with maps, georeferencing historical maps, social maps, fieldwork and geo-tagged data collection).

Cobertura del Encuentro

Como es tradición, para la difusión de las actividades del Encuentro, los asistentes utilizaron el #3ehd en Twitter, lo que nos permitió conocer de primera mano las impresiones de los participantes, pero también abrió un espacio de discusión y comentario en tiempo real, tanto presencial, como virtual.

Además, contamos con la cobertura en medios de comunicación pues el 3er Encuentro fue cubierto por periódicos de circulación nacional como Nexos y Crónica, además de la cobertura que Revista Z hizo del mismo en medios electrónicos.

Nexos

El Encuentro de Humanidades Digitales ha sido, desde hace seis años, un espacio de debate en torno al empleo de medios digitales para la investigación, pero también alrededor del impacto de las nuevas tecnologías en los ámbitos educativo, académico, cultural y social, con énfasis en la región latinoamericana, explican los miembros de la Red.

Crónica

Aproximadamente 150 expertos en tecnologías digitales y en disciplinas de humanidades como lingüística, literatura, historia y filosofía se reúnen en la Ciudad de México desde el lunes y hasta este miércoles 14 de septiembre para analizar cómo se puede usar la tecnología para preservar y hacer más equitativo el acceso al conocimiento.

Revista Zeta

Este encuentro, organizado por la Red de Humanistas Digitales que preside la Dra. Isabel Galina, es una de las expresiones más claras de que hemos descubierto nuevos espacios en esa biblioteca de dimensiones homéricas que es el mundo de la información. No por nada la primera participación durante la inauguración fue la de Micaela Chávez Villa, directora de la biblioteca de El COLMEX, quien nos recordó que el papel de los bibliotecarios en las humanidades digitales es el de facilitar el uso creativo de la tecnología en el proceso de la investigación. Las bibliotecas ya no son las mismas que hace cien años, ni sus usuarios los remotos lectores que se entretenían durante largos ratos hojeando páginas y tomando notas con tinta en sus libretas (como yo, el único dinosaurio en el Encuentro que no llevaba una lap o una tablet).

Conclusiones

En este 3er Encuentro de Humanistas Digitales resaltó el interés que América Latina tiene por este tipo de iniciativas, ayudó a difundir proyectos y estudios desarrollados por y para las comunidades que los crean y colocó a la Red de Humanistas Digitales a la vanguardia en la difusión de las Humanidades Digitales, tanto para esta región, como dentro de las esferas internacionales.

Seguimos y seguiremos trabajando hacia la consolidación de este campo de estudio en América Latina y México, ahora con el Congreso Internacional de Humanidades Digitales en 2018.

comitetodos

Gracias

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Como controlar internet en seis pasos (O la geopolítica del oro digital)

 

                                                                                                                                       Paolo Sordi                                Departamento de Estudios Literarios, Filosóficos e Historia del Arte,                                                                                               Universidad de Roma Tor Vergata

                                                                                                                    Domenico Fiormonte                                                                                                Departamento de Ciencia Política,                                                                                                               Universidad de Roma Tre

                                                                                                                                      (Traducción de Ariel Morán)

El mundo occidental sin duda cambió después del 11 de septiembre de 2001, pero la ilusión de que podría cambiar para bien colapsó el 6 de junio de 2013, cuando The Washington Post y The Guardian comenzaron a publicar documentos proporcionados por Edward Snowden sobre la vigilancia de masas. La reciente noticia de que la mitad del Silicon Valley —desde Amazon hasta Google— ha sido cooptada por el Pentágono es sólo la confirmación de que internet se ha convertido en el terreno sobre el que se juega el equilibrio geopolítico mundial. Entonces, las incertidumbres no se dirigen ya hacia la libertad de expresión on line, quizá deteriorada permanentemente. La pregunta actual es: ¿Qué somos realmente? O, en otras palabras, la posibilidad de elaborar a través de nuestras huellas digitales “otro yo” (otro de nosotros), el cual los algoritmos de vigilancia decretan que puede ser más “real” que cualquier otro (lo que manipulamos por encima de lo encarnado). ¿Quién será capaz de descifrar o desmontar estas historias (datos + algoritmos) que día con día escribimos y re-escribimos? Como dijo Stewart Baker en 2013, un abogado de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos: “Los metadatos te dicen absolutamente todo sobre la vida de alguien. Si usted tiene suficientes metadatos, en realidad, no necesita ningún contenido… [Es] una especie de vergüenza la forma predecible en que somos como seres humanos”. Ambas cuestiones, la geopolítica y la identidad (¿bio-geo-política?), y cómo es que nos afectan como ciudadanos y como humanistas y científicos sociales, tienen que ver con la construcción, gestión y manipulación de la memoria y el conocimiento.

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Pero no hemos llegado hasta aquí por accidente. La historia descarta las fracturas abruptas y, probablemente, hay un pecado original detrás de la invención y difusión de internet, como sostienen desde hace una década estudiosos como Alexander Galloway y Wendy Hui Kyong Chun. En el prefacio de Updating to remain the same: Habitual new media (Cambridge, The MIT Press, 2016), Chun sostiene que los cambios no se conseguirán a través de protocolos tecnológicos de la red, sino por la percepción que de ella se tenga en el imaginario colectivo. El “ciberespacio”, como un lugar de expresión de una libertad anónima sustraída al control jerárquico, es el resultado de un malentendido: TCP (Transmission Control Protocol) es una tecnología que controla la transferencia de información, que sin duda no es libre. El razonamiento de la investigadora de la Universidad Brown, sin embargo, subestima un cambio de plataforma (platform switch) que es al mismo tiempo de índole tecnológica y política, y que es mucho más sustancial que aquel designado hace doce años por Tim O’Reilly con la palabra clave ‘Web 2.0’.

El nacimiento de Facebook en 2004 y su expansión, la llegada del iPhone en 2007 y los casos de Wikileaks y Snowden han hecho hincapié en un suceso evidente: con el surgimiento de la red y el proceso iniciado con la introducción de la World Wide Web, en 1989, se tocaron los destinos de la soberanía nacional, la economía real y el control de las masas. En otras palabras, la tecnología es política, cuestión que ya habían prefigurado en los años 50 y 60 los padres fundadores de las ciencias de la comunicación, Harold Innis y Marshall McLuhan. El diseño de la arquitectura de redes, la elección de los medios de almacenamiento, el uso de equipos de creación y distribución de contenidos y conocimiento son procesos que no toman en cuenta solamente, de manera neutral, meras consideraciones informáticas o tecnológicas, sino que revelan un orden de ideas que da forma a las acciones que impactan en la cultura y la sociedad.

El internet contingente”, como David D. Clark lo llama, es un denominativo en el cual se enfatiza que la transición —como lo menciona Chun— está vinculada ciertamente con el momento histórico, pero también con el contexto tecnológico dentro del cual se mueven los usuarios y las fuerzas que constituyen su marco de referencia («The Contingent Internet», en Daedalus, 2016, vol. 145, núm. 1, pp. 9-17). En los primeros años de la década de los sesenta, internet coincidió con el desarrollo del correo electrónico; en los años noventa con la web; hoy día, con Facebook. El trayecto no es casual, pues delinea la desaparición gradual (¿e irrecuperable?) de los actores públicos de la red tecnológica del gobierno: apartaron a los centros de investigación, apartaron al control público, se adentraron las empresas, se adentraron las multinacionales privadas que explotan la red como infraestructura comercial autocrática, para hacerse cargo así del desarrollo y la evolución de las tecnologías digitales.

En el mismo fascículo de Daedalus: Journal of the American Academy of Arts & Sciences dedicado a “El Internet”, en el cual se incluye el ensayo de Clark, Yochai Benkler sistematiza en seis puntos las herramientas de control a través de las cuales los intereses privados de un puñado de grandes corporaciones han tomado el dominio de facto de la red («Degrees of freedom, dimensions of power», en Daedalus, op. cit.). A continuación, tomaremos estos seis puntos, ampliándolos e insertando algunos aspectos no considerados por Benkler:

  1. Los smartphones y las app stores son el primer instrumento de control. En un momento en que la navegación desde dispositivos móviles supera a la que se realiza desde computadoras de escritorio o laptops (se toma como base la encuesta State of the News Media 2016 realizada en los Estados Unidos por el Pew Research Center), la experiencia de navegación de los contenidos de la red se ha dirigido más y más hacia aplicaciones que actúan como un filtro, después de haber sido sometidas, a su vez, a la selección (y al pago de cargos) de Google y Apple. Las políticas de aceptación y privacidad en la tienda de Android y en el iOS responden a reglas basadas en autodichias,*  protegidas por los perros guardianes de los dos sistemas operativos.
  2. La creciente importancia de los smartphones incrementó la importancia, al mismo tiempo, de las redes móviles y de los operadores de telefonía inalámbrica, cuyo modelo de subsistencia es un modelo técnico, legal, comercial y cultural, y —señala Benkler— esto se da así para que el proveedor tenga permitido optimizar una serie de servicios y aplicaciones para un número conocido de usuarios de pago. Al tener el derecho de administrar el despliegue de datos móviles (como ocurrió cuando AT&T llevó a cabo un bloqueo de las llamadas VoIP en su red) y modular los niveles de oferta, el operador dispone de una de las herramientas de control de las cuales carecía en el modelo de nivel de Internet, donde cada dispositivo conectado a la norma del protocolo estaba conectado en una base igualitaria.13
  3. Del mismo modo, la transición de las conexiones telefónicas, de cable a fibra óptica, para los usuarios domésticos marcó un aumento en la complejidad tecnológica y una reducción de los competidores que son capaces de entrar en el mercado. El abandono del cable de par trenzado y los costos de desarrollo de redes de fibra óptica favorecieron la concentración monopólica de proveedores, que adquirieron un control de tráfico y el poder de los paquetes de información de la red, un poder que estos proveedores tienen la intención de reclamar a su cuenta a causa de las inversiones estructurales realizadas. El debate sobre la Net Neutrality gira en torno a este papel. También el poder de control territorial (y extraterritorial) de los estados se ejecuta a lo largo de la fibra óptica. Aproximadamente 900,000 km de cables submarinos transfieren hoy correos electrónicos, mensajes, páginas web, transacciones, llamadas telefónicas, entregándolos de un punto a otro, de un país a otro, de un continente a otro. La trasmisión de un paquete de información obedece todavía al orden de la territorialidad geográfica y no a una cuestión jurídica (o política), aún si el otro extremo del océano lo toma un operador que, aunque no coincida nominalmente, pertenece a la misma multinacional que dirige la comunicación y operación, en virtud de una ley del mercado “tibia” de acuerdos secretos con los gobiernos. Acuerdos que tienen por objeto el intercambio de la licencia nacional de la instalación (o gestión) del cableado de acceso a los datos por la inteligencia. Esta mina transnacional supera en riqueza a la del oro del Oeste, relacionada con la construcción de vías férreas, actualmente rival en valor estratégico con el control de las fuentes de energía. Pero el petróleo y el gas, como lo muestra James Cowie en un análisis de los proyectos de cableado que deben soportar Internet, entre otras cosas, en los estados del Golfo Pérsico, se ejecutan a menudo en rutas paralelas a la geopolítica de la energía. De este modo, descubrimos el papel emergente de Turquía, “posicionado para convertirse en un importante exportador regional del tránsito de Internet a lo largo de rutas terrestres al sur y al este”, lo que quizá explica la esquizofrenia occidental con respecto al presidente Recep Tayyip Erdoğan, desde las protestas de 2013 hasta el intento de golpe de julio de 2016. En suma, antes de todo eso, habrá que volver a leer la historia de los últimos años a la luz de la sed del oro digital, en vez de la obsesión por el oro negro, o sea la necesidad de los estados y regiones enteras del mundo (como África y Oriente Medio) por adoptar una infraestructura de red más eficiente y autónoma. Sin ésta tanto el desarrollo económico como la soberanía político-militar siguen siendo una ilusión.A hand shape pixel cursor shake hands with a 3D user in a tech friendly handshake as man and computer team up.
  4. Todos los oligopolios de puntos de acceso y proveedores de conexión coinciden con el almacenamiento de datos de forma centralizada. Al entregar nuestros archivos a la Nube, abandonamos la era de la posesión para entrar definitivamente en la era del acceso, el ahorro de los costes de los recuerdos “físicos”, lo que maximiza la seguridad de datos y supera, incluso, el concepto de copia de seguridad. Pero nos basamos en un pequeño número de proveedores, incluso los monopolistas, que concentran en sus enormes dispositivos de almacenamiento los documentos del mundo y el derecho en cualquier momento a eliminarlos de nuestros dispositivos o entregarlos a las autoridades que lo soliciten. Ya en 2013, Amazon S3, el servicio de almacenamiento en la nube de Amazon, contenía 2 billones de “objetos” (datos, en el lenguaje de S3). Para simbolizar la transición trascendental de la era del teléfono y el cobre a la de los teléfonos inteligentes y las nubes, está el espacio que alberga uno de los mayores centros de recogida de datos digital que existen, el Lakeside Technology Center, una instalación que abarca más de una millón de metros cuadrados en Chicago, que albergó hasta 1999 la impresión de las páginas amarillas estadounidenses.a
  5. Los big data sobre nuestra vida, recolectados en los centros de datos, surgen ahí, a partir de nuestros documentos, nuestra comunicación en los servicios en la nube y nuestro comportamiento, que son algo tan rutinario que llega a ser casi involuntario, como los jardines vallados de aplicaciones como Facebook. Nunca antes la manipulación del comportamiento se había estudiado y aplicado en el diseño de los servicios en una escala tan amplia, y todo gracias a las estrategias de marketing basadas en la vigilancia y el seguimiento de las acciones del cliente. Esto parece ser el punto de fundición más evidente de los interés de las trasnacionales con las obsesiones de los gobiernos: datos agregados sobre los hábitos, las lecturas, las visualizaciones, las compras, las visitas frecuentes de los ciudadanos, con miras a construir una bografía predictiva, que incluya la venta o la eliminación física. Todas las cosas que Facebook sabe de nosotros, y que el Washington Post ha puntualizado que son (sin duda, de manera aproximada) 98 datos personales, no sólo sirven para colocar el banner de publicidad adecuado, en el perfil adecuado, en el momento adecuado. La edad, el sexo, el idioma, las afinidades étnicas, las orientaciones políticas, el valor de la casa, las mudanzas, las relaciones sentimentales, las relaciones profesionales, el número de líneas de crédito, los viajes, las preferencias, las compras, constituyen un marco cuya precisión y profundidad (y actualización) sería impensable para los mejores informadores de las mejores fuerzas de policía del siglo pasado. Para algunos, es el nacimiento de la algocracia, es decir, un sistema en el que muchas de las decisiones que afectan a la sociedad, desde la presentación de potenciales criminales a la concesión de un banco hipotecario, se dan a través de algoritmos de funcionamiento opaco y sin control. Aquellos que Cathy O’Neil bautizó en Weapons of math destruction como armas digitales de destrucción masiva.12565477_1112975408742766_6180571550087101857_n
  6. Los dispositivos, los sistemas operativos, los algoritmos, las licencias, la memoria de almacenamiento, los datos y, por último, el sexto punto de control: el código. Aquí la discusión va más allá de lo que señala Benkler. Como escribió Friedrich Kittler: “Los códigos —por el nombre y por la materia— son lo que nos determina hoy día, y los debemos saber articular aunque sea sólo para evitar desaparecer por completo bajo de ellos”. Este diluvio universalizador de códigos, que supera todo y absorbe todo, es el legado de la modernidad occidental que permea y, al mismo tiempo, constituye el soporte y el contenido de los flujos de conocimiento. Pero esta vez realmente estamos frente a un codex universalis, a través de cuyas múltiples extensiones, a partir de los medios de comunicación sociales, se ejerce el poder y el control sobre las masas, que va mucho más allá del escenario de los imperios coloniales modernos. De regreso a la red, su lenguaje, HTML, está sujeto a la expropiación por parte de Facebook y Google, que, como lingua franca, es gestionado libremente por el Consorcio de la World Wide Web de Tim Berners-Lee para convertirla en privada e instrumental, en sus respectivos servicios de suministro que regulan el flujo de contenidos digitales, como los Instant Articles y Accelerated Mobile Pages. Servicios para dispositivos móviles que terminan por cerrar el Círculo.

En conclusión, si el universalismo anglo-digital encaja perfectamente con el riesgo de este epistemicidio y la eliminación de la diversidad, no podemos negar, por otro lado, como lo anuncia Dave Eggers en su novela, que en el fabuloso mundo de la “transparencia” de los medios sociales, de Este a Oeste, de Norte a Sur, todos cooperamos con la pérdida de nuestra privacidad y nuestra libertad. Para evitar la pérdida en todas las latitudes del derecho al olvido y de la diversidad epistémica, es necesaria una alianza más amplia y más profunda de aquello esperado por los teóricos del post y decolonialismo. El “pensamiento fronterizo” es una condición insuficiente: tenemos que trabajar hacia una dirección geopolíticamente transversal, para una libertad de (es decir, una “cognitive justicecontra) monopolistas del imaginario, descritos por Eggers. Antes de que sea demasiado tarde, debemos ampliar los conceptos de libertad, derecho y democracia hacia nuestras huellas digitales, considerándolas, a todos los efectos, una extensión de nuestra ciudadanía, o de nuestro cuerpo y nuestra mente.

*    Del griego αὐτό (auto-, “por sí mismo”) y δίκη (-díkê, “justicia”). En italiano, una autodichia es una palabra con un fuerte cariz jurídico. Se refiere a las prerrogativas que tienen algunos órganos constitucionales (sobre todo, las dos cámaras del Parlamento), que les concede la facultad de juzgar controversias o recursos legales relacionados con las acciones de áreas de su dependencia, sin tener que recurrir a la jurisdicción de tribunales externos. Su instrumentación obedece, supuestamente, a la procuración de la división de poderes (Nota del traductor).

 

Versión en español del artículo “Come controllare Internet in sei mosse, Ovvero geopolitica dell’oro digitale”, publicado de manera simultánea el 13 de octubre de 2016 en:

Infolet (Informatica e Letteratura): Blog dedicado a las Humanidades Digitales y a la Cultura Digital, a cargo de Domenico Fiormonte y Paolo Sordi: http://infolet.it/2016/10/12/controllare-internet-in-6-mosse/.

 

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La (p̶r̶e̶s̶e̶n̶c̶i̶a̶) ausencia de las TIC en el Modelo Educativo 2016

                                                                                                             Alberto Ramírez Martinell                                                                                      @armartinell

En materia de tecnologías de la información y la comunicación (TIC), el Modelo Educativo 2016 no es innovador, no es pertinente, no responde a las necesidades de hoy en día y bien pudo haber sido propuesto hace 15 años, cuando el tema de la sociedad de la información tomó relevancia a finales del siglo XX con los textos de Manuel Castells y José Joaquín Brunner y cuando la política federal estaba orientada hacia el equipamiento tecnológico de los establecimientos escolares como se hizo con Enciclomedia a principios de siglo. Aún entonces la infraestructura de red ya era lo suficientemente estable y adecuada para establecer comunicación a través de Internet, que es lo que propone en concreto el modelo educativo 2016.

Si el objetivo del Modelo Educativo 2016 es fungir como instrumento de política para la toma de decisiones en materia educativa, las TIC no pueden ser mencionadas como elemento de modernización si se les acompaña de estrategias clara para su atención.

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La definición de los saberes digitales de los estudiantes y docentes de la Educación Básica y Media Superior no se ha hecho aún y si no se avanza en ese tema la transversalización de las TIC en los planes de estudio y en el marco curricular común no se podrá llevar a cabo. Sin claridad en lo que los estudiantes y docentes deben saber de TIC dependiendo del nivel educativo en el que se encuentran, no se podrá orientar ni la formación, ni la capacitación de los docentes en temas de tecnología digital; ni lo concerniente a un equipamiento tecnológico pertinente; así como tampoco se logrará incorporar a las TIC de forma transversal a los programas educativos del sistema; dejando a los egresados de cada uno de los niveles educativos igual que en los modelos educativos anteriores.

En los tres documentos que componen la propuesta del Modelo Educativo 2016 —con los fines de la educación en el siglo XXI, según también la Propuesta Curricular para la educación obligatoria 2016— podemos encontrar como ideas recurrentes a los cambios globales, a la sociedad del conocimiento y al aprendizaje para el siglo XXI, sin embargo estas ideas no solamente no trascienden el discurso político sino que no se desarrollan en los documentos y terminan por diluirse y desaparecer sin guiar la incorporación de las TIC a la escuela. El detalle del análisis se presenta a continuación.

En el documento hay una referencia a un mundo cambiante e interconectado que requerirá de la formación de un individuo “competente y responsable en el uso de las tecnologías de la información y comunicación” (p. 1) con fines específicamente de comunicación.

El alcance de las TIC propuesto en el Modelo Educativo 2016 es limitado, poco pertinente y hasta desactualizado, ya que se propone utilizarlas solamente con fines de comunicación sin responder de ninguna manera a las necesidades de una sociedad del conocimiento como se describe insistentemente en los otros dos documentos. Para enseñar TIC —aún cuando solamente se trate de herramientas para la comunicación— se requiere del establecimiento de una progresión de aprendizajes entre grados escolares y niveles educativos que estructure a su vez los programas de estudio y permee todos los campos disciplinarios del sistema sin competir por espacio en el currículum.

Revisando la presencia de las TIC en los logros esperados por nivel educativo podemos ver que en preescolar no se consideran; mientras que en primaria, secundaria y Educación Media Superior, la intención de uso de las TIC se dirige hacia la exploración y comunicación.

De este documento se puede concluir que la intensión de uso de las TIC no es innovadora ni coherente con las necesidades de una sociedad de ese tipo; que su consideración en la escuela se limita a fungir como herramienta de comunicación; y que la definición de los logros esperados de los egresados de cada nivel educativo no esbozan siquiera los rasgos tecnológicos mínimos de los estudiantes del siglo XXI.

El Modelo Educativo 2016 es, de los tres, el documento más alejado de las TIC. En él se puede observar que los requerimientos de la educación del siglo XXI no han sido ni definidos ni plasmados en los planes de estudio de la Educación Básica ni en el Marco Curricular Común de la Educación Media Superior. En el texto se habla de la necesidad de fomentar capacidades y aprendizajes complejos referidos como propios del siglo XXI, no obstante, no hay lineamientos claros ni definiciones precisas sobre lo que se busca desarrollar en los estudiantes en materia de TIC. En lo referente a la infraestructura y equipamiento de los espacios escolares se puede ver que la prioridad actual es la rehabilitación de 35 mil escuelas —al CIEN— y no la detección de necesidades en materia tecnológica y su respectiva atención.

La Propuesta Curricular para la educación obligatoria 2016 es un documento —en el que se presenta con mayor detalle la información, dosificación temática y necesidades de los campos formativos del modelo educativo 2016—. El documento inicia con un matiz protecnológico que al ser leído sugería un tratamiento innovador de las TIC, no obstante esta idea se va perdiendo al avanzar el texto.

En el primer párrafo de la propuesta se enuncia que el objetivo del documento es convertirse en un instrumento rector para el desarrollo humano, social, político y económico del país. En la idea siguiente el secretario de educación presenta a los niños, niñas y jóvenes como los beneficiarios directos del modelo. Ya entrando en materia, en el tercer párrafo, se habla de un mundo interconectado que vive transformaciones vertiginosas y de las brechas tecnológicas que se deberán sortear. Y en el cuarto párrafo se sugiere que las personas deberán reconocer a la información y a sus distintas fuentes como objetos centrales para su formación. Con esa idea termina el ímpetu tecnológico del documento para después abordar otras ideas incluso alejadas de las TIC.

De este documento se puede concluir que las TIC siguen estando lejos de una incorporación transversal en la educación básica y media superior mexicana. Que las tres ideas presentadas en el documento de los Fines de la Educación en el Siglo XXI —cambios vertiginosos a nivel global; la existencia de una sociedad del conocimiento, y la necesidad de desarrollar habilidades para el aprendizaje pertinente y permanente— prevalecen pero al no plantear estrategias para su atención su presencia no trasciende.

Concluyo mi reflexión diciendo que tras revisar los documentos del Modelo Educativo 2016 podemos decir que aún cuando la idea del cambio global prevalece en los tres documentos, la noción de una sociedad moderna basada en el conocimiento y la información no se precisa; como tampoco se hace con lo relativo a las habilidades propias del siglo XXI. Las TIC como herramientas o plataformas para la comunicación, la oferta de materias relacionadas con tecnología digital alejadas de los aprendizajes clave, la capacitación de docentes sin una orientación tecnológica clara y el equipamiento azaroso de los recintos educativos son problemas de tiempo atrás que no fueron resueltos con oportunidad y probidad entonces; y que ahora más que ser propuestas innovadoras representan un lastre en el sistema educativo mexicano.

Para incorporar a las TIC a la escena educativa, propongo entonces emprender un trabajo de definición de lo que nuestros estudiantes de los distintos niveles educativos deben saber sobre TIC como herramientas transversales para el resto de las asignaturas de sus planes y programas. La innovación educativa se dará solamente si tenemos claridad en el rumbo, si definimos los saberes digitales de los estudiantes y si cambiamos el discurso de incorporación de las TIC como materias adicionales del curriculum hacia uno en el que hablemos del uso transversal de las TIC, que a su vez dé luz sobre las necesidades de formación docente, la infraestructura tecnológica necesaria y las estrategias de incorporación en los programas de cada una de las asignaturas de los distintos niveles de la Educación Básica y Media Superior.

El video de esta presentación se puede ver en esta liga

Documentos revisados

  • SEP (2016a). Modelo Educativo 2016  | liga
  • SEP (2016b). Los fines de la educación en el siglo XX | liga
  • SEP (2016c). Propuesta Curricular para la educación obligatoria 2016 |  liga

Este post fue originalmente publicado en: http://www.uv.mx/personal/albramirez/2016/09/26/modelo2016/

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