¡Listo el evento! El Primer Encuentro de Humanidades Digitales

El Primer Encuentro de Humanidades Digitales se realizará los días 17 a 18 de mayo en la Biblioteca Vasconcelos organizado por la UNAM y CONACULTA,  con la participación de más de 20 ponentes. Además, los ponentes magistrales, Glen Worthey de la universidad de Stanford y Dino Buzetti de Bologna, le pondrán un toque especial a esta reunión. Un evento en el que los humanistas digitales  asistentes o participantes  serán los protagonistas en todo momento.

El Encuentro tiene como propósito promover y dar a conocer las Humanidades Digitales en nuestra sociedad; un naciente concepto en las Humanidades en el que se puede hablar de construir y desarrollar herramientas tecnológicas para el desarrollo académico en este campo. En este sentido, las Humanidades tienen cada vez mayor necesidad e interés por acceder al uso de los avances tecnológicos, en particular para establecer y administrar sus propios medios digitales de producción académica.

Creemos que eventos de este tipo contribuyen a recoger la experiencia, que surge de un proceso de construcción amplio y diverso utilizando los medios tecnológicos-científicos para el desarrollo de proyectos en las Humanidades. Además, este evento abre la oportunidad de contribuir con ideas innovadoras, planteamientos de nuevos escenarios en las Humanidades, proyectos posibles a desarrollar e ideas para potenciar los recursos utilizados. Todo esto significa un trabajo conjunto, un esfuerzo colectivo que recopila los aportes de quienes ya trabajan en estos campos, a veces sin saberlo.

El Encuentro tendrá un enfoque Humanista y tecnológico que se basa en la labor de personas que promueven el reconocimiento del uso de la tecnología en las Humanidades. Asimismo, se promueve el ejercicio de diversificación del conocimiento para el fortalecimiento y desarrollo de una cultura en las Humanidades Digitales.

Este encuentro ofrece numerosas iniciativas para las Humanidades. Como en todo, las Humanidades Digitales tienen su historia, sus logros y sus retos. En distintos países existe una gran variedad de visiones y vertientes con respecto a las Humanidades Digitales, pero todos sostienen y defienden un objetivo ampliamente compartido, el de construir una comunidad solida que le de voz, fortalezca la cultura digital en la Humanidades, que se defienda el reconocimiento de este campo y no se le relegue. Es importante reconocer y fomentar la dinámica de independencia de esta comunidad de las Humanidades Digitales entre las instituciones y las disciplinas, ya que por el hecho de ser Humanidades no quiere decir que no puedan definir su camino y aportar al desarrollo de nuestro país.

El Encuentro incluirá ponencias, posters, talleres e intercambio de experiencias. Las mesas de trabajo giraran en torno al fortalecimiento de las Humanidades Digitales y la conformación de acciones conjuntas por medio de proyectos e investigación. Este encuentro es una gran oportunidad para conocer, intercambiar, aprender y mejorar el quehacer en las Humanidades en México.

Conoce más en http://www.humanidadesdigitales.net/index.php/encuentro

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Los nativos digitales, ¿un mito genial?

Como profesora de filosofía y áreas afines he empleado desde hace varios semestres tecnologías digitales innovadoras para el trabajo de planeación y diseño instruccional, así como para el trabajo de los alumnos ya sea intra o extraclase.

En la institución donde laboro desde hace muchos años ha habido una sucesiva utilización de plataformas tecnológicas educativas tales como Lotus Notes y Blackboard. Lotus Notes dejó de emplearse al filo del 2001, mientras que el Blackboard en sus diferentes versiones sigue empleándose hasta la fecha, y se le han añadido recientemente una serie de utilidades y ambientes de interacción. Por ejemplo hay herramientas para que los estudiantes elaboren sus propios wikis, blogs, foros de discusión, así como utilidades para la entrega de tareas dentro del espacio virtual de Blackboard.  Además de emplear esas herramientas, he comenzado a emplear grupos cerrados de Facebook para interactuar con un grupo piloto de estudiantes de la materia de ética.

Me queda claro desde hace tiempo que Blackboard no es muy del agrado de los estudiantes en general, y que cada que les solicito actividades en wikis o blogs se quejan y se resisten diciendo que “es muy difícil usar esos espacios”. Tal aseveración  no es cierta, ya que los blogs y wikis de Blackboard son en general como cualquier otra herramienta de hacer wikis o blogs como Blogger, WordPress o Wikipedia. Sin embargo los jóvenes preparatorianos con los que trabajo se resisten a su utilización, pero paradójicamente se la pasan pegados a las tablets o a los smartphones. Quizá les falta un cierto grado de alfabetización digital, aunque siendo “nativos digitales” teóricamente están suficientemente habilitados para el manejo de las tecnologías digitales. He aquí un misterio.

Resulta curioso que hace unos 3 años varios profesores diseñamos -a instancias de la institución- una serie de recursos didácticos para smartphone denominados “recursos de aprendizaje móvil“. Ciertamente la calidad de varios de estos materiales pudo no haber sido la mejor, hubo unos mejores que otros; pero como tal era un esfuerzo interesante para llamar la atención de los estudiantes a través de herramientas  de aprendizaje móvil. El proyecto nunca terminó de cuajar, y era notoria también la resistencia de los jóvenes de la prepa para interactuar y utilizar los smartphones para acciones de aprendizaje. El proyecto se terminó en su primera fase, y hubo otra basada en iPad, pero no ha tenido mucha trascendencia, hasta donde tengo noticia.

Este semestre he comenzado con un grupo cerrado de Facebook para interactuar con un grupo de ética, y el resultado francamente no es satisfactorio, pues es poco el interés y la interacción que los estudiantes realizan con fines académicos en este espacio, a pesar de que están mucho tiempo del día en Facebook. Cuando pregunto por qué no interactúan, dicen en general que “casi no entran a Facebook”. Como maestra envío links, textos, comentarios e información en general para promover la discusión sobre la participación política y ciudadana, que es parte del servicio social de nuestra materia de ética. Y nada. Dudo mucho que siquiera abran las ligas que mando, o que tomen con seriedad los materiales y comentarios que ahí comparto.

Todo lo anterior me lleva a cuestionar la realidad de los llamados “nativos digitales“, jóvenes y adolescentes  nacidos en los años 90, que supuestamente están habituados desde niños al uso de herramientas derivadas de las TIC`s, pero que no se muestran muy interesados en aprender a través de esas nuevas tecnologías, y que más bien pretenden circunscribirlas a un uso meramente recreativo, de divertimento o para interactuar con  aspectos cotidianos y superfluos de la relación interpersonal.

Probablemente nuestro papel como educadores ha fallado al no haber dado en el clavo en la creación de estrategias, entornos y recursos que resulten verdaderamente interesantes para los jóvenes, pero dado que la docencia es un oficio al que se le llena de muchas culpas, prefiero no seguir en esta línea y mejor preguntarles a ustedes lectores, ¿cómo involucrar a los jóvenes en el uso de las TIC´s para el aprendizaje?

Referencias

Ejemplos de recursos de aprendizaje móvil

Drogas ilegales: http://www.youtube.com/watch?v=1PXlnZ2ItV0&context=C46ab75bADvjVQa1PpcFNQg0NsjrGLpoY2OPmHaMYmRUJ8F34eYQ8=

Las falacias de todos los días I: http://www.youtube.com/watch?v=-w8NJIiPI0M

Las falacias de todos los días II: http://www.youtube.com/watch?v=J-ym_6GFZDs

Friction Ecuations: http://www.youtube.com/watch?v=w1FKOqdiIOg&context=C4b228cdADvjVQa1PpcFNQg0NsjrGLppw8adQrT3cwe_hcTQeK1g8=

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Británica: la impresión final

Por Paola Ricaurte Quijano

@paolaricaurte

 

When one considers the immense material for an encyclopedia , the only thing one perceives distinctly is that it cannot be the work of a single man.

Diderot

 

Marzo 13, 2012:

Después de casi 250 años, la Enciclopedia Británica dejará de imprimirse.

Este escueto anuncio declara oficialmente el fin de una era y conduce a la reflexión acerca de las implicaciones de la revolución digital. En este caso, no estamos hablando solamente de las consecuencias financieras para la industria editorial, sino del cambio de paradigma en las formas de producción, circulación y consumo de conocimiento.

La Enciclopedia Británica, con sus 32 elegantes volúmenes, era el símbolo más poderoso de una época en la que el saber enciclopédico -de los expertos, académicos, especialistas – se consideraba el de mayor prestigio y valor.

La era enciclopédica

Enciclopedia es una palabra que proviene de dos términos griegos ἐγκύκλιος (compuesto por la preposición ἐν, en, y el  sustantivo κύκλος, círculo) y παιδεία (educación). Hace referencia al conocimiento general, el conocimiento completo.

En el siglo XVIII, los ideales de la Ilustración se materializan en la publicación en Francia de la  Encyclopédie (1751-1772).  La  colección de 35 volúmenes editados por Diderot y d’Alembert reúne textos de las mentes más brillantes de la época (entre ellos Voltaire, Rousseau y Montesquieu) y se considera un manifiesto intelectual en contra de los poderes autoritarios de la Iglesia y el Estado. La Era de la Razón da pie a la consolidación de las Academias como centros de producción del saber, la producción editorial como industria y las revistas científicas como fuentes de autoridad.

La Encyclopaedia Britannica, la de mayor antigüedad publicada en inglés, aparece en 1768 en Edimburgo como reacción a la Enciclopedia francesa y constituye un legado de la ilustración escocesa. La primera edición consta solamente de tres volúmenes. Para su novena edición (1875) ya se había convertido en una reconocida fuente de referencia.

Durante los siglos XIX y XX fue el modelo de lo que debía ser una enciclopedia: un texto que reflejara la suma del saber humano. En los años cincuenta, una Enciclopedia Británica constituía un bien aspiracional de las clases medias que la adquirían a través de mensualidades.

Crónica de una muerte anunciada

La Encyclopaedia Britannica enfrentó crisis financieras en diversas ocasiones. Una de las principales críticas constituía la desactualización propia de las ediciones que se publicaban cada 25 años. Es solamente a partir de 1933 que la enciclopedia incorpora la revisión constante de sus reimpresiones en una proporción determinada. Otra serie de críticas se dirigían a la falta de precisión de ciertos artículos, las incongruencias entre su Macropaedia y su Micropaedia y los criterios editoriales para la selección de temáticas y asignación de espacio.

La impresión de 2010, que corresponde a la decimoquinta edición, será la última impresa. Después de siete millones de enciclopedias vendidas en su historia, la empresa se centrará su edición en línea y en la producción de contenidos educativos. Esta decisión –tan relevante en términos simbólicos-  responde a una realidad cada vez más ineludible: el estrepitoso declive de las ventas impresas en un universo que se encuentra dominado el acceso al conocimiento en línea.

De acuerdo con el NYT, 1990 fue el año de mayor venta de la Enciclopedia Británica: 120 mil en total. En 1996 esta cifra cayó a 40 mil y de las 12 mil enciclopedias impresas en 2010, se han vendido unas ocho mil hasta hoy. El mensaje en su sitio declara: “No te pierdas esta última oportunidad de poseer una de las colecciones de referencia impresos más importantes de todos los tiempos.” La última edición se vende por 1395 dólares.  Mientras, su versión en línea cuenta con 500 mil suscriptores que pagan al año 70 dólares por acceder a todos los beneficios.

A pesar de que la Enciclopedia Británica ya se ofrecía en Internet desde 1994, el proceso de transición hacia un modelo de negocio para la era digital no le resultó tan sencillo.

Nunca aprendemos de los errores ajenos

Un acontecimiento que auguraba lo que presenciamos hoy, y que pasó casi inadvertido, fue la desaparición de Encarta en 2009.  Esta enciclopedia multimedia, lanzada por Microsoft  en 1993 con un costo aproximado de 400 dólares, no pudo tampoco competir con el dinamismo de la información disponible en línea y la emergencia de nuevas formas de acceso al conocimiento. Jamás fue comparable con la Británica, pero era una buena alternativa para el público escolar.

Después de un bajo volumen de ventas, el precio del CD se ubicó en 99 dólares y posteriormente continuó decreciendo. En 1998, Encarta se hace disponible en Internet a través de suscripción y en el 2000 se libera el acceso para quienes compraran su CD o DVD. Al año siguiente vuelve a cobrar por acceder a los contenidos en línea.

A partir de 2008, la versión completa en inglés, Encarta Premium, contaba con más de 62 mil artículos, imágenes, audios, videos, contenidos interactivos, líneas de tiempo, mapas, atlas y herramientas de tareas.

La autoridad de los sabios vs. la sabiduría de las multitudes

La Enciclopedia Británica defiende su existencia y su lugar con el argumento de la autoridad, la precisión y el criterio editorial:
¡Más de 1.000 artículos nuevos y revisados ​​y 4.000 colaboradores expertos!
Escrita por premios Nobel, historiadores, curadores, profesores y otros expertos notables, la Enciclopedia Británica es un recurso de confianza con una perspectiva equilibrada y global. Usted puede aprender de las mentes mejores y más calificados en el mundo.

32 volúmenes contienen 44 millones de palabras que abarcan la amplitud del conocimiento humano  ¡más que cualquier otra enciclopedia impresa!

La Enciclopedia Británica combina temas de actualidad con cerca de 250 años de experiencia y ofrece la profundidad, amplitud y la información que nuestros lectores han buscado durante siglos. Con más de 4.000 colaboradores y 65,000 artículos, la Enciclopedia Británica es insuperable.

Británica ofrece la garantía de que toda la información es fidedigna y correcta. Todos nuestros artículos son escritos por expertos en sus campos. Británica tiene más ganadores del Premio Nobel autores que cualquier otra enciclopedia, y emplea a un equipo para revisar los artículos y asegurar que la información sea exacta y esté actualizada.

En oposición al argumento de autoridad, Wikipedia es la primera enciclopedia global: técnicamente puede ser escrita y leída por toda la humanidad. La funcionalidad del wiki -una plataforma en la que es posible contribuir colectivamente- incorporada a una enciclopedia, cuestiona y subvierte la concepción tradicional sobre la construcción del conocimiento académico oficial (institucional, jerárquico, formal, autoral) y la reemplaza por un saber no oficial, horizontal y anónimo.

Wikipedia ha derrumbado el paradigma enciclopédico basado en la erudición de los expertos y lo ha sustituido por el de la inteligencia de las multitudes. La visión original de Diderot acerca de un grupo de sabios letrados contribuyendo al bien de la humanidad resulta hoy obsoleta:

Este es un trabajo que no se puede completar, excepto por una sociedad de hombres de letras y obreros especializados, cada uno trabajando por separado por su parte, pero todos unidos únicamente por su celo por el interés de la raza humana y un sentimiento del bien común. 

Este bien común hoy no se construye por personas que trabajan de manera separada, sino colectiva. No son autoridades que escriben artículos firmados que se concretarán en un objeto comercial, sino comunidades anónimas que aportan su trabajo voluntariamente para que el producto sea consumido de manera gratuita y universal.

Existe aún la disputa acerca de la calidad de los artículos  y hay posturas reticentes al uso de Wikipedia, principalmente en medios académicos, pero eso es una discusión abierta.

Lo que es indiscutible, es que esta nueva de inteligencia colectiva se impone frente a las demás por su alcance global a través de Internet y su naturaleza (gratuidad, ubicuidad, inmediatez, colectividad, democratización). Wikipedia aparece como la referencia inevitable, la fuente por excelencia, una especie de base de datos infinita que aspira a convertirse en la memoria universal de la humanidad. Wikipedia vino, vio y venció.

La Británica lo sabía, tuvo la oportunidad de convertirse en una Wikipedia, pero no fue su opción. Veremos cómo responde su modelo de negocio digital en el futuro. Algunos autores sostienen que la Británica, a pesar de Wikipedia, tiene mucha vida por delante.

Dos paradigmas. Dos apuestas. Veremos hacia dónde se inclina finalmente la balanza.

No hay espacio para la nostalgia.

 

P.D: Este post hace cinco referencias a Wikipedia, tres a la Enciclopedia Británica y dos a la Enciclopedia francesa.

 

Cronología:

1768-1771 Primera publicación de la Enciclopedia Británica

1901 La publicación de la Británica

1933 Adopta la revisión continua de sus impresiones

1993 Microsoft lanza Encarta en formato de CD y DVD

1993 La Enciclopedia Británica se vende en CD

1994 Britannica Online se publica en Internet

1998 Encarta se publica en Internet

2001 Aparece Wikipedia

2009 Encarta es descontinuada

2012 La Enciclopedia Británica anuncia que no se ofrecerán más versiones impresas

 

Referencias:

Bosman, J. (Marzo 13, 2012). After 244 Years, Encyclopædia Britannica Stops the Presses. New York Times. http://mediadecoder.blogs.nytimes.com/2012/03/13/after-244-years-encyclopaedia-britannica-stops-the-presses/

Crovitz, G. (Marzo 18, 20012). Can Britannica rule the web? The Wall Street Journal. http://online.wsj.com/article/SB10001424052702304692804577285411517536598.html?mod=googlenews_wsj

Diderot, D. (2002). Encyclopedia. The Encyclopedia of Diderot & d’Alembert Collaborative Translation Project. Translated by Philip Stewart. Ann Arbor: MPublishing, University of Michigan Library.  http://hdl.handle.net/2027/spo.did2222.0000.004. Trans. of “Encyclopédie,” Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers, vol. 5. Paris, 1755.

Gilmor, D. (Marzo 14, 2012). Encyclopedia Britannica in the age of Wikipedia. The Guardian. http://www.guardian.co.uk/commentisfree/cifamerica/2012/mar/14/encyclopedia-britannica-wikipedia?INTCMP=ILCNETTXT3487

Gordon, C. (Febrero 6, 2011). The Truth According to Wikipedia. The Huffington Post. http://www.huffingtonpost.com/claire-gordon/the-truth-according-to-wi_b_819247.html

Jack, I. (Marzo 16 de 2012). Printed encyclopedias were once a rare source of knowledge. But no more. The Guardian. http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2012/mar/16/encyclopedia-britannica-sum-of-human-knowledge?INTCMP=ILCNETTXT3487

McCarthy, T. (Marzo 13 de 2012). Encyclopedia Britannica halts print publication after 244 years. The Guardian. http://www.guardian.co.uk/books/2012/mar/13/encyclopedia-britannica-halts-print-publication

Rosenblum, M. (Marzo 14, 2012). Au revoir Britannica. The Guardian. http://www.guardian.co.uk/media-network/media-academy-blog/2012/mar/14/au-revoir-britannica?intcmp=239

The Huffington Post (Marzo 13, 2012). Encyclopaedia Britannica To Cease Print Edition After 244 Years. The Huffington Post. http://www.huffingtonpost.com/2012/03/13/encyclopaedia-britannica-online_n_1343263.html?ref=tw

Williams College  Libraries. Should I cite Wikipedia? Probably not. http://library.williams.edu/citing/wikipedia.php

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¿Infraestructura de cómputo para las humanidades?

Por las responsabilidades que actualmente tengo en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, intervengo en las decisiones de adquisición, asignación y organización de la red de cómputo. Justo en estos días participo en la elaboración de la solicitud al Consejo Asesor de Tecnologías de la Información, para cubrir las necesidades de la Facultad. El momento es pues propicio para reflexionar sobre un tema donde se reclama mucho, pero se discute poco: el de la infraestructura de computo para las humanidades.

Antes de avanzar en cualquier dirección, conviene detenerse en dos cuestiones relevantes: por qué hablar de infraestructura, por un lado, y por qué hablar de una específicamente para las humanidades, por otro. La primera pregunta, me parece, buscar asignar una función y un lugar al cómputo, mientras la segunda, quiere definir su orientación, en relación con la cual se establecen necesidades y requerimientos específicos.

Geoffrey Rockwell escribe un interesante post sobre la diferencia entre suministro e infraestructura, para explicar por qué el cómputo debe ser considerado una infraestructura y no un suministro.  La idea en la cual me detengo es aquella que subraya el carácter no neutral del uso del término infraestructura, pues hablar de una infraestructura de cómputo implica considerarlo de manera equiparable al agua o la electricidad, como un bien público sobre el que deben existir compromisos de disponibilidad, sustentabilidad, financiamiento publico y uso público.

En términos generales, el planteamiento apunta a subrayar que el cómputo o la Cyberinfraestructura, como la denomina el American Council of Learned Societies, es más que software o hardware, más que consumibles y equipos, es un entorno que garantiza el acceso a materiales, sistemas y procesos necesarios en este caso para la investigación, la enseñanza y la difusión de la cultura.

Hablar pues, de infraestructura, es reconocer que lo que se está formando es un cierto habitat de trabajo, un tipo de ecosistema donde el cómputo dejo de ser un recurso para conformar una estructura.

Lo más común es pensar que, si hablamos de redes, computadoras y software, la infraestructura de cómputo debería ser semejante en todos lados, al fin y al cabo hablamos de lo mismo. Pero no es así. Darle apellido al cómputo, definir que es cómputo para las humanidades, no es neutral tampoco. Implica señalar un destino específico. En el fondo, los requerimientos de las ciencias y las humanidades, aunque tengan una gran base en común, e incluso puedan compartir elementos de infraestructura, tienen necesidades distintas. Es importante entender aquí que no hablamos solamente de equipos o conexiones. Sino que parte de la infraestructura de cómputo son los servicios que se construyen dentro de las redes, como, por ejemplo, las bibliotecas digitales, las bases de datos, los repositorios, y en general, los sistemas orientados hacia un lado y hacia el otro. Así, mientras la ciencia ocupa el cómputo para procesar cierto tipo de datos, los humanistas lo utilizamos para procesar otro. En la medida en que esos procesamientos se hacen más sofisticados, la diferencia en la naturaleza de la infraestructura es mayor.

Cabe aquí entonces la pregunta de si existe una infraestructura de cómputo para las humanidades en la UNAM. La respuesta tendrá que ser, necesariamente ambigua: hay elementos que formarían parte de una infraestructura, pero en estricto sentido, no existe una porque las necesidades de cómputo en las humanidades han sido atendidas de forma segmentada y no integral, y con una visión particular por áreas y dependencias, y no por una visión global e integradora, por lo que están algunos de los elementos, pero falta aun la concepción integral de que eso que se construye año con año, es propiamente una infraestructura de cómputo para las humanidades. Por eso ni pensar en hablar de una infraestructura nacional de cómputo para las humanidades, tema en el que sin embargo, hay que comenzar a pensar ya desde la Red.

¿Cuáles son nuestras necesidades comunes? ¿Qué es lo que necesitamos construir en conjunto y no como partes? Queden estas preguntas para una próxima entrega.

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Modernidad, Web 2.0 y super-sujeto

¿Hasta qué punto la potencialización del sujeto de conocimiento en la web 2.0 constituye un fortalecimiento del proyecto moderno comprendido como “la época de la imagen del mundo”?

El usuario del entorno digital, a pesar de ser lego, se encuentra siempre ya dentro de la empresa del saber técnico, y al menos de manera superficial conoce aspectos técnicos básicos del entorno digital en que se mueve. Podríamos preguntar hasta qué punto sería factible que los usuarios término medio profundizaran y llegaran a especializarse en el saber técnico del entorno digital.

 Es decir, presenciamos actualmente la irrupción de un super-usuario que se constituye como sujeto potencializado desde el entorno digital que amplia los linderos del la cultura y el saber. Además,  parece cada vez más factible la penetración de las diferentes áreas del saber hacia el entorno digital, y con ello la generación de un nuevo segmento de especialistas en diversos temas que además dominan técnicamente el entorno digital.

Si bien el investigador tradicional se da a la tarea de la publicación de libros, obras, y textos que den cuenta de los resultados que va acumulando en su empresa, como parte de la seriedad y el rigor de la investigación, en el entorno virtual la publicación no tiene el eco de trascendencia y seriedad que ha caracterizado la publicación de libros y revistas especializadas. Esto sugiere la paulatina  transformación del sujeto epistémico a partir del entorno digital. Gracias al entorno digital, prácticamente cualquiera puede ser sujeto de conocimiento, aportar, difundir ideas y productos culturales, y no únicamente aquellos vinculados o afiliados con las comunidades epistémicas tradicionales. Es factible que el sujeto común en el cotidiano encontrarse en el entorno digital, amplíe su campo de saber, y sus opciones técnicas para enfrentarse a dicho saber.

El sujeto cotidiano, no solamente el investigador comprometido con su empresa investigativa, el sujeto común que actualmente planea en el entorno digital, tiene la posibilidad de extender su contemplación del mundo a través de las nuevas tecnologías de la información, y con ello amplía el horizonte de su representación. El sujeto digital está en vías de convertirse en un super-sujeto en condiciones de representarse una imagen cada vez más completa y detallada del mundo fundada en las tecnologías de la información. Doueihi (2010, p. 21) plantea que el impacto primario del entorno digital sobre los sujetos produce el establecimiento de formas mínimas de etiqueta dentro de  Internet para facilitar y permitir la interacción. Doueihi denomina a estas formas de etiqueta como netiquette,  en alusión a las formas de conducta aceptables dentro de la red  de Internet (net). Esta es solamente una manera en que la subjetividad se ve trastocada, de una manera más bien formal. Pero debemos tomar en cuenta que la subjetividad no solamente interviene superficialmente como forma de conducta y modales en los intercambios en el entorno digital, sino que algo en la profundidad del sujeto moral y del sujeto epistémico se trastoca también con la interacción digital.

Más allá de las formas, el sujeto del entorno digital se conecta con otros de maneras inéditas, e implica en las relaciones digitales parte de su interioridad subjetiva, poniendo en juego su ethos, su emotividad y su autocomprensión. Además del impacto ético en el sujeto, el entorno digital, como ya se dijo trasciende al ámbito del sujeto epistémico sus posibilidades de conocer, como ya se explicó. Tal ampliación de las posibilidades subjetivas de representar la totalidad de lo existente proviene del hecho de que, sin ser propiamente un investigador organizado en alguna empresa de investigación, el sujeto usuario del entorno digital se encuentra siempre ya dentro de las determinaciones técnicas de la empresa investigadora que ha dado lugar a la creación del entorno digital. El entorno digital, comprendido como medio, está caracterizado por sus determinaciones técnicas como la fabricación y utilización de útiles, aparatos y máquinas (Heidegger sa, p. 54), y es resultado de múltiples tareas de investigación científica y tecnológica organizada como empresa. De ahí que el sujeto usuario digital por el solo hecho de estar en el entorno digital está de entrada determinado por la organización y el desarrollo de la empresa científica que ha dado lugar al desarrollo de Internet y de la Web 2.0. La ampliación de las posibilidades técnicas del sujeto del entorno digital, que redundarían en la ampliación de sus opciones de saber, no cuestiona, desde esta perspectiva, el papel del sujeto vigente desde la Modernidad. Por el contrario, parecería que actualmente se amplían las posibilidades epistemícas del sujeto en la medida que se amplian sus posibilidades técnicas en el entorno digital.

El proyecto de la Modernidad al fincarse en la subjetividad y su proyecto de representación de la totalidad de los existente, determina precisamente la modalidad en que se comprende y despliega la subjetividad, y con ello la manera en que el ser humano se asume e interpreta como humano. El humano autocomprendido como sujeto de la representación se torna en medida de cualquier saber, en tanto que es desde él que se representa la totalidad de lo existente (Heidegger 1969, p. 91). El humano sostiene la medida de lo presente y de lo ausente (Heidegger 1969, p. 92), y como habitante del entorno digital, los linderos de su representación se abren, pero siempre desde su facticidad, desde su experiencia; y es desde ahí que imagina y fantasea, y experimenta las emociones y pasiones cotidianas. En tanto sujeto de la experiencia que ordena su acontecer a partir de las vivencias, su ethos en el entorno digital de igual manera se potencializa ampliando sus posibilidades de intercambio con otros sujetos.

Referencias

Heidegger, M. (1969). “La época de la imagen del mundo”. Sendas perdidas. Buenos Aires: Lozada, 2a. ed. [Existe una versión disponible en http://www.heideggeriana.com.ar/textos/epoca_de_la_imagen.htm]

Heidegger, M. (sa). “La pregunta por la técnica”. Revista Espacios. Puebla: UAP. Año I, 54 – 68. [Existe una versión con otra traduccioón en http://www.heideggeriana.com.ar/textos/tecnica.htm]

Doueihi, M. (2010). La gran conversión digital. México: FCE.

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Acceso abierto

Creemos en el poder de la apertura.
Open Knowledge Foundation.

De acuerdo con la Fundación Conocimiento Abierto (Open Knowledge Foundation) el conocimiento abierto es “cualquier material – datos o contenido- que las personas pueden usar, reusar y distribuir” sin restricciones legales, técnicas o sociales, y que se encuentra sujeto, cuando más, a los requerimientos de atribución (BY) y de distribución bajo la licencia original (share-alike, SA).
De acuerdo con la Open Definition, el témino conocimiento incluye:

  1. 1. Contenido como música, películas, libros
  2. 2. Datos, ya sean científicos, históricos, geográficos, etc.
  3. 3. Infomación gubernamental y administrativa

Internet sin duda ha transformado las maneras en que se produce, se enseña y se comunica el conocimiento, por ello es urgente la reflexión acerca de las implicaciones que conlleva para nuestra principal actividad que es la de producir y difundir conocimiento.

La discusión en este ámbito parte de la confrontación entre dos mundos: por un lado, el mundo de la tradición de las publicaciones académicas, concentradas en un número reducido de editoriales con costos sumamente elevados por suscripción; y, por otro, una nueva tecnología, Internet, que permite reducir tanto los costos de producción como los de difusión de los contenidos. Es en este marco que surge el movimiento de acceso abierto.

Para Suber (2004) uno de los principales promotores del acceso abierto, director del Harvard Open Access Project (HOAP) del Berkman Center for Internet and Society: “el movimiento de acceso abierto es el esfuerzo de todo el mundo para proporcionar acceso en línea gratuito a la literatura de investigación científica y académica, sobre todo artículos de revistas y sus preprints.”

Los orígenes del movimiento de acceso abierto se remontan a la década de los sesenta; sin embargo, no es hasta la expansión de Internet a fines de los noventa y durante los primeros años del nuevo siglo que comienza a emerger una creciente conciencia sobre las implicaciones que tiene para la humanidad que las publicaciones científicas y académicas se encuentren restringidas.

Brian Evans, profesor del MIT, declara que “el flujo rápido y libre de la información y su amplia difusión son esenciales para asegurar un vigoroso debate intelectual y el progreso eficiente en cualquier ámbito académico, humanista, ingenieril o científico; es un ingrediente clave para promover un debate público informado sobre los problemas sociales críticos.”

Gracias a las posibilidades que ofrece Internet y el consentimiento de los autores, la literatura académica de acceso abierto (OA) es digital, en línea, gratuita y libre de la mayoría de las restricciones impuestas por los derechos de autor y las licencias. (Suber 2009)

Existen numerosas organizaciones, iniciativas y movimientos para promover el acceso abierto: gobiernos, universidades, organizaciones de la sociedad civil, fundaciones, asociaciones profesionales, bibliotecas, organismos internacionales.

De acuerdo con la iniciativa de Budapest (Budapest Open Iniciative): “Existen muchos grados y tipos de acceso más amplio y más fácil a la literatura científica. Por “acceso abierto” a esta literatura, nos referimos a su disponibilidad gratuita en la Internet pública, permitiendo a cualquier usuario leer, descargar, copiar, distribuir, imprimir, buscar o enlazar a los textos completos de estos artículos, incluirlos para indexación, traducirlos como datos para software o usarlos para cualquier otro propósito legal, sin barreras financieras, legales o técnicas distintas a las del acceso a Internet en sí mismo. La única limitación en la reproducción y distribución y la única función del copyright en este dominio, debe ser dar a los autores el control sobre la integridad de su trabajo y el derecho a ser adecuadamente reconocidos y citados. ”

Algunas iniciativas parten desde las mismas universidades que promueven y declaran como principio que el acceso al conocimiento científicos sea abierto y que los académicos publiquen en revistas de acceso abierto o que permitan que sus textos sean compartidos libremente a través de Internet.

Entre las opciones para promover el acceso abierto se encuentran algunas de las licencias Creative Commons. Tal como lo declara la propia organización: “Creative Commons juega un papel fundamental en el movimiento Open Access. Las publicaciones de acceso abierto más grandes del mundo utilizan licencias CC para publicar sus contenidos en línea. Hoy en día, el 10% de toda la producción mundial de revistas científicas es bajo licencia CC”.

Al contrario de lo que comúnmente se piensa, el movimiento de acceso abierto no promueve la violación de derechos de autor. Para las publicaciones que requieren suscripción, lo que busca el movimiento es que a través del consentimiento de las revistas y de los autores, se permita que esos materiales sean accesibles a todos. Puesto que las revistas no pagan a los autores por publicar, no afecta a los autores, al contrario, promueve que sus obras sean leídas por públicos más amplios. Se ha demostrado en numerosos estudios que el acceso abierto permite elevar el índice de citas. Para las revistas, ofrece una serie de opciones que les permitan abrir sus archivos sin perjudicar los ingresos que reciben por las suscripciones.

El movimiento de acceso abierto tampoco demerita la calidad de los contenidos publicados. Las revistas científicas de acceso abierto cuentan con los mismos procesos de revisión de pares, estándares de calidad e indización que las revistas con suscripción.

En origen de este movimiento se encuentra en la urgencia de transformar los prejuicios que existen acerca del acceso abierto y rescatar su relevancia para el futuro de la sociedad. Como lo recalca la OKF, con el acceso abierto se garantiza que la investigación funcione con eficacia y que la sociedad pueda cosechar todos los beneficios de las actividades de investigación.

SHOW (Share/Open Access/Worldwide)

Recursos de libre acceso para la publicación en humanidades:

Algunas iniciativas asociados con el movimiento de acceso abierto:

Referencias:

Budapest Open Iniciative http://www.soros.org/openaccess
Harvard Faculty of Arts & Sciences Considering Open Access For Their Work http://libraries.mit.edu/sites/news/harvard-faculty-sciences/731/
Open Definition http://opendefinition.org/okd/Open Knowledge Foundation http://okfn.org/Open Access http://www.youtube.com/watch?v=y9Jh_GffRPU&feature=relatedSuber, P. (2004). A Very Brief Introduction to Open Access. http://www.earlham.edu/~peters/fos/brief.htmSuber , P. (2009).Timeline of the Open Access Movement. http://www.earlham.edu/~peters/fos/timeline.htm

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El dónde y cómo de las Humanidades Digitales

El objetivo de este post es presentar para los que apenas se están iniciando en este mágico mundo de las Humanidades Digitales (HD) algunas de los programas de estudio, centros, publicaciones, congresos y asociaciones más destacados de este nuevo campo de estudio. Este no pretende ser una lista exhaustiva, más bien el interés es ofrecer un punto de partida para los interesados en el tema. Adicionalmente he hecho especial énfasis en el trabajo que actualmente se está haciendo en México ya que es el ámbito en el cual participo activamente. Esperamos próximamente colaborar más con otros colegas Latinoamericanos.

El artículo está dividido en cinco partes: para los que quieren estudiar HD, para los que quieren ver los proyectos de investigación, para los que quieren leer acerca de HD, para los que quieren asistir a un evento HD y para los que se quieren afiliar.

Para los que quieren estudiar Humanidades Digitales
A nivel maestría o doctorado existen numerosas opciones para el estudio de Humanidades Digitales.  Uno de los programas más antiguos es el de King’s College London. Su departamento de DH además de ofrecer un MA en Digital Humanities, también ofrece el programa Digital Culture and Society (Cultura Digital y Sociedad) y Digital Asset Management (Manejo de Recursos Digitales). Tiene un programa doctoral en Humanidades Digitales. Uno de los programas de reciente creación pero respaldado por una prestigiosa universidad es el MA en DH que ofrece University College London. En Irlanda, en Trinity College, ofrecen el MPhil en Digital Humanities and Culture.

Del otro lado del charco, en los Estados Unidos también encontramos algunos programas. La universidad de Virginia ofrece un MA en Humanidades Digitales dentro de su Institute for Advanced Technology in the Humanities (Instituto para la Tecnología Avanzada en las Humanidades). La universidad de Loyola, en Chicago, recientemente inauguró su programa que ofrece en su Center for Textual Studies and Digital Humanities.

En muchas universidades, aunque no existe el programa como tal, si cuentan con centros de Humanidades Digitales, que permiten al estudiante enfocarse a un tema relacionado a las HD dentro por ejemplo, de una maestría o doctorado en Literatura, Filosofía, Historia o alguna otra disciplina humanística. Este es el caso por ejemplo, de Brown University en su Center for Digital Scholarship.

Existen también numerosos cursos, talleres, especializaciones en Humanidades Digitales y sería imposible poder reunirlos todos aquí.  Uno de los cursos más establecidos es el Digital Humanities Summer Institute que realiza año con año la Universidad de Victoria en Canadá.

En México actualmente se está desarrollando el programa para un Diplomado en Humanidades Digitales, coordinado en conjunto por el Instituto de Investigaciones Bibliográficas y la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Se espera ofrecerlo a mediados de este año. Más información estará disponible próximamente en este blog o en la página de la RedHD (@Red_HD), así como en las páginas institucionales de los organizadores.

Para los que quieran ver los proyectos de investigación
Actualemente existen numerosos centros para las Humanidades Digitales y el número está incrementando constantemente. Recomiendo la página de Center Net, una organización internacional de centro de HD, que mantiene una lista actualizada de todos los centros.

En México, hemos desarrollado una base de datos con proyectos de Humanidades Digitales. Este es un trabajo en proceso.

Para los que quieran leer acerca de Humanides Digitales
Existen tres publicaciones académicas dedicadas al estudio e investigación de las HD.

En español, recientemente se anunció la creación de la publicación de la revista Caracteres  decidada a estudios culturales y críticos de la esfera digital. El primer número se publicará en may0 2012.

En julio del 2011 la Revista Digital Universitaria (RDU) de la UNAM publicó un número especial dedicada a las Humanidades Digitales.

Para los que quieran asistir a un congreso o reunión
El evento internacional más reconocido para el campo es el congreso de Digital Humanities que se realiza anualmente. La sede se alterna entre Europa y las Americas (hasta el momento siempre ha sido en Estados Unidos o Canadá). El congreso es organizado por la ADHO (Association of Digital Humanities Organizations) asociación que engloba numerosas organizaciones de Humanidades Digitales.

En México próximamente habrá un 1er Encuentro de Humanidades Digitales que se realizará en la Ciudad de México a mediados de año. Habrá más información  próximamente en este blog o en la página de la RedHD (@Red_HD).

Para los que se quieran afiliar
Actualmente existen cuatro grandes asociaciones de Humanidades Digitales a nivel mundial:

  • Association for Literary and Linguistic Computing (ALLC, fundada en 1978)
  • Association for Computers and the Humanities (ACH, fundada en 1973)
  • Society for Digital Humanities/Société pour l’étude des médias interactifs (SDH-SEMI, (fundada en 1986 como el  Consortium for Computers in the Humanities / Consortium pour ordinateurs en sciences humaines).
  • Australasian Association for Digital Humanities (aaDH)

La membresía a estas asociaciones se logra a través de suscribirse a a la revista Literary and Linguistic Computing que actualmente tiene un costo de $164 dólares anuales y $83 en caso de ser estudiante.

En México recientemente se consolidó la Red de Humanidades Digitales (RedHD). Surgió como una iniciativa de un grupo de académicos  y académicas que nos reunimos para discutir de qué forma podíamos impulsar y apoyar la formalización de las Humanidades Digitales. Nuestros objetivos son promover y fortalecer la investigación humanística y el cómputo, con especial énfasis en la investigación y educación en países de habla hispana. La RedHD apoya la comunicación entre los humanistas digitales de la región, la formación de recursos humanos, la elaboración de documentación y buenas prácticas, la promoción de los proyectos de HD, la difusión de eventos relacionados así como el impulso y reconocimiento del campo. Adicionalmente promueve proyectos e iniciativas regionales a nivel internacional.

Si te interesa participar comunícate con nosotros.

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La filosofía y la filosofía. Ajuste de cuentas digital

Walter Benjamin, quizás el pensador que más hondo ha calado al pensar la relación entre las tecnologías y la transmisión de los discursos y prácticas culturales, escribe: “Es característico del texto filosófico enfrentarse de nuevo, a cada cambio de rumbo, con la cuestión del modo de expresión” (El origen del drama barroco alemán, p. 9). Así, toda su obra trata de describir las modificaciones que las técnicas modernas de escritura y de la imagen, como el periódico, el cine, la fotografía, la novela, han producido, no sólo en nuestras relaciones político-sociales o en nuestra maneras sensibles, sino también en el ámbito del pensar filosófico. De allí su aseveración: a cada cambio de rumbo la filosofía debe replantear su modo de expresión –sus discursos didácticos, sus prácticas de difusión, sus estilos. O quizás sería mejor al escribirlo al revés: cada modificación en los modos de expresión del pensamiento filosófico señalan un cambio de rumbo.

Si aceptamos, de manera provisional, que el día de hoy sucede un aumento en las capacidades de producir, manipular, alterar y distribuir documentos, diferente al ya ocurrido en la modernidad, ¿ello viene emparejado con una exigencia de escribir, de transmitir y de pensar de otra manera? De allí una infinidad cuestiones: ¿en el momento de las humanidades digitales, la filosofía –como disciplina, como práctica, como discurso– se halla exigida a hacer algo consigo misma? ¿Si se han modificado las formas de transmisión de las imágenes y de los discursos hasta el punto de poner en cuestión las tradicionales hasta ahora formas humanísticas, eso debe impactar en la labor del pensamiento? ¿Habría que comenzar a pensar lenguajes computacionales para la filosofía o es que los filósofos se han vuelto obsoletos? ¿De qué pensar se trataría? ¿Uno que ya no pueda desarrollarse en las formas tradicionales: sermón, ensayo, sistema, tratado, discusión, crítica, aforismos, etcétera?

Además, suponiendo que las maneras de exposición filosófica se han modificado, ¿eso significaría que las virtudes tradicionales de los filósofos –tranquilidad, profundidad, crítico, valentía, felicidad, prudencia, probidad, racionalidad, etcétera– deberían replantearse o modificarse o dejarse de lado? ¿De qué tipo de filósofo se trataría? ¿Uno cercano a las técnicas de los discursos motivacionales? ¿Se trataría de uno que haga coaching ontológico u ontología computacional? Además, en un momento en el que elaboran discursos sobre la filosofía de vida o sobre la filosofía de la empresa, ¿qué función tendría? ¿Profesor, consultor, terapeuta, luchador político, asesor político? ¿En qué espacio se ubicaría: la universidad, un despacho, una consultoría, un taller, un seminario, en la clandestinidad, etcétera? Luego, ¿qué tipo de capacidades sería encargado de transmitir? ¿Las capacidades tradicionales: las críticas de lenguaje, las de prácticas de vida, las de paciencia, las de odio a la irreflexión y a la ausencia de profundidad? ¿Habría otras capacidades a transmitir acompañando al supuesto aumento en las capacidades de producir, manipular, alterar y distribuir documentos? ¿Habilidades para la vida?

Todo ello supone políticas filosóficas, toda respuesta a estas cuestiones postularía una política de la filosofía y de la tecnología. De este modo, todo discurso que no tenga en cuenta y trate esta modificación radical de las maneras de transmisión y fabricación del discurso y de las prácticas filosóficas y humanísticas sólo será propagandístico.

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Hacer del campo una red: Kathleen Fitzpatrick

Kathleen Fitzpatrick en la convención de la MLA 2012. Foto © Modern Language Association

Kathleen Fitzpatrick en la convención de la MLA 2012. Foto © Modern Language Association

  • El otro día estaba haciendo unas notas sobre el significado de una red de humanistas digitales para mi primera colaboración con este sitio. Apuntaba en mi cuaderno ideas sueltas sobre los debates recientes alrededor de la necesidad o no de continuar discutiendo lo que significa la frase “humanidades digitales” y sobre cómo la actividad académica se beneficiaba de la actividad en red, cuando leí este texto recién publicado por Kathleen Fitzpatrick, titulado en inglés “Networking the Field” . Este texto fue su participación en el foro presidencial de la convención de la MLA de este año, que tuvo lugar en Seattle, Washington. Este foro de la convención tuvo el título de “Lengua, literatura, aprendizaje [PDF].  Fitzpatrick es actualmente la directora de comunicaciones académicas de la Modern Language Association, y es autora de Planned Obsolescence: Publishing, Technology, and the Future of the Academy (NYU Press, 2011) y  The Anxiety of Obsolescence: The American Novel in the Age of Television (Vanderbilt University Press, 2006).  He seguido sus últimos artículos y comentarios en línea con gran atención a través de su blog, sus proyectos en MediaCommons y su participación en Twitter. De la academia estadounidense y posiblemente global, la suya es una de las posiciones más innovadoras en lo que resepecta a proceso creativo, comunicaciones, publicación, arbitrio (peer review) y reconocimiento académicos (por ejemplo a través de la plataforma CommentPress). Así que decidí dedicar esta mi primera entrega para la RedHD traduciendo al español este texto. La frase “Networking the Field” es difícil de traducir a nuestro idioma, pero opté por la expresión  “Hacer del campo una red”, intentando emular las implicaciones de actividad continua del participio presente, y así respetar la métafora de “trabajar el campo” (working the field). “El campo” aquí se refiere por supuesto a la disciplina académica, en este caso al estudio de la lengua y la literatura y áreas del conocimiento afines. El Diccionario de la Real Academia Española indica que la etimología de “campo” proviene del Latín campus, “terreno llano, campo de batalla”, y “disciplina”, su alternativa en este caso, carece de estas connotaciones. Por otro lado, a diferencia del inglés, el español no tiene un verbo único similar a “to network” (hacer red; conectar, relacionar, socializar, “hacer conectes”). Fue una elección consciente traducir “network” como “red”, que es la misma palabra con que traduje  “web”.  “Stage”, que significa tanto escenario como etapa en un proceso, traduje como “templete”, para intentar seguir la metáfora escénica/espacial, así como su relación con “template”, perteneciente al vernáculo técnico de los blogs. En lo que se pierde en la traducción quizá hallemos una primera reflexión: cómo hacer de la red académica no un sustantivo, sino una acción.

Hacer del campo una red

por Kathleen Fitzpatrick. Traducción al español de Ernesto Priego

Me da mucho gusto tener la oportunidad de hablar un poco el día de hoy sobre las formas en que las prácticas digitales de comunicación están transformando los campos de la lengua y la literatura. Estos cambios son, por supuesto, el tema central de mi libro, Planned Obsolescence, que acaba de publicar la Universidad de Nueva York, así como el corazón del trabajo que hago en la nueva oficina de comunicación académica de la MLA, donde estamos explorando a qué grado la publicación digital y los nuevos medios sociales están afectando las formas en que realizamos e intercambiamos nuestro trabajo como investigadores y profesores. Una advertencia: suelo describir mi rol dentro de la organización -medio en broma- como el de “evangelista en jefe de transformación”, y así lo que estoy presentando hoy es considerablemente más polémico que orientado hacia la investigación. El punto principal es éste: nuestra profesión ya es completamente digital.  Lo que nos queda es ponernos al corriente con lo que significa la digitalidad, y cómo es que la digitalidad transmite significados.

Abundan los temores sobre los efectos de lo digital: demasiadas veces se da por sentado que las tecnologías que nos permiten comunicarnos fácilmente están causando el deterioro de nuestras propias habilidades comunicativas. Hay poco de nuevo en esto; cualquier teórico de los medios que se enfrente con una narrativa sobre los efectos nocivos de los nuevos modos de comunicación nos referirá gustoso a Platón sobre el “olvido” que la tecnología de la escritura produciría en las almas de quienes la practicaban, o incluso a Alexander Pope y su idea de la imprenta como un “flagelo” de las almas educadas. Siempre ha sido así: las nuevas tecnologías se han imaginado perenemente no sólo como el enemigo de los sistemas establecidos sino, de hecho, como una amenaza directa a la esencia de lo humano. De manera similar, los cambios en la lengua siempre se toman como un deterioro. Los mensajes de texto de hoy están socabando la ortografía y la gramática, y Twitter está reemplazando el pensamiento crítico con citas citables. Y todo mundo sabe que los jóvenes de hoy se están graduando de las universidades sin saber escribir.

Hay, como siempre lo hay, algo de verdad en estos temores. Las formas en que nuestros alumnos conocen, así como las formas en que se comunican, están en flujo total- al igual que las nuestras. Pero, como también es cierto, un enfoque demasiado cercano al cambio que nos causa tanto miedo nos puede hacer ignorar otras cosas que también están pasando. Estos puntos ciegos se revelan, por ejemplo, en el reporte del 2004 del National Endowment for the Arts, titulado “La lectura en peligro”, y que notoriamente propuso “una evaluación detallada pero sombría de la disminución del papel de la lectura en la cultura de la nación”,  presentando estadísticas convincentes que señalaban que “[por] primera vez en la historia moderna, menos de la mitad de la población adulta actual lee literatura, y estas tendencias reflejan un mayor descenso en otros tipos de lectura (vii). Las conclusiones del informe subrayan una serie de temores convencionales sobre el panorama actual de los medios: la disminución de la lectura revelada por el informe no es sólo un cambio de valor neutral en las formas de consumo de información, sino más bien “una inminente crisis cultural” ( xiii), dados los vínculos que el informe establece entre la lectura literaria y formas de ciudadanía activa, esenciales para una democracia saludable. El informe se cuida de precisar que “no hay ninguna actividad singular que sea responsable por la disminución de la práctica de la lectura”, pero sostiene con fuerza que las diversas formas de medios de comunicación electrónica, incluyendo la televisión, los videojuegos y el Internet, han jugado un papel importante en su disminución.

En todo caso, tal es la sabiduría convencional que el NEA la revisó y reafirmó en su siguiente reporte, del 2007, titulado “Leer o no leer”. Pero esa evidencia, aparentemente abrumadora, de la disminución de la lectura en la vida estadounidense podría correr el riesgo de cegarnos a las indicaciones de continua proliferación de la cultura literaria, incluido el creciente número de dispositivos, plataformas y servicios a través de los cuales podemos leer hoy en día. El campo de lo literario sigue creciendo, aunque sus formas estén cambiando de una manera que le puede hacer más difícil de reconocer y más difícil de entender. Incluso el NEA por fin ha comenzado a reconocer esta difusión de las formas que la literatura ha tenido en la vida contemporánea de los Estados Unidos: en su reporte del 2009, titulado “La lectura a la alza”, la agencia señaló que una gran parte de la lectura sucede en línea, aunque quedó muy lejos de admitir que la lectura digital tuviera el mismo valor que la lectura de libros.

Esta admisión llega casi al concluir la primera década del siglo 21 y 15 años después de la popularización del Internet. Este reconocimiento extremadamente tardío de que la lectura en línea es de hecho lectura algo revela sobre el fracaso del pensamiento convencional para entender los cambios en la alfabetidad de la era digital. Este fracaso se puede observar en “La lectura en peligro”, que dentro de todo el pánico apunta pero evita dar cuenta de un dato curioso: “contrariamente a la disminución general de la lectura literaria”, señala el informe,

el número de personas haciendo escritura creativa – de cualquier género, no obras exclusivamente literarias – aumentó sustancialmente entre 1982 y 2002. En 1982, cerca de 11 millones de personas realizaron algún tipo de escritura creativa. En 2002, este número había aumentado a casi 15 millones de personas (mayores de 18 años), un aumento de alrededor del 30 por ciento (22).

En otras palabras, incluso antes de la difusión de los blogs y Facebook y Twitter y Tumblr, más personas en los Estados Unidos estaban escribiendo más que nunca antes – y las oportunidades para tal escritura, y para compartir esta escritura con otros, simplemente han crecido exponencialmente desde el año 2002.

Dada esta explosión, yo diría que el reto al que nos enfrentamos hoy en nuestro encuentro con el futuro digital de nuestros campos no proviene de una cultura mediática o de una población estudiantil que se niega a escribir. Más bien yo diría que el reto radica en la necesidad de reconocer que las formas de escritura a la que muchos se dedican hoy en día es de hecho escritura, y en averiguar cómo podemos poner esas formas de escritura a trabajar para nosotros, en lugar de descartarlas como inherentemente frívolas y degradadas.  Hoy en día muchos profesores encaran en sus aulas este reto, experimentando con blogs individuales y colectivos, con Twitter y con otras formas de comunicación social o en red, con frecuencia con gran éxito. Estos modos de trabajo con la escritura en línea a menudo sirven para dar a los estudiantes un sentido del público, de la escritura como un acto de comunicación e intercambio críticos, que supera con mucho el producido por el trabajo de investigación. En línea, sus palabras están sujetas no sólo al escrutinio de un solo evaluador, sino al de un grupo más amplio de lectores comprometidos con pensar en las mismas preguntas. Sin embargo, por formal o informal que nos pueda parecer el lugar de la escritura en comparación con el trabajo de investigación con formato del MLA, el acto de comunicarse en forma permanente con un público más amplio -la práctica continua del arte de tomar una posición, presentar evidencia, con la participación de argumentos en contra – o, francamente, simplemente el arte de ser interesante y divertido – sólo puede ayudar a producir mejores escritores y pensadores más claros, en cualquier foro.

Esto parece bastante obvio. Sin embargo, la necesidad de entender estos nuevos medios, a menudo menos que formales, de escritura en red como escritura se aplica por igual a nosotros y a nuestro propio trabajo. El horror con que se recibe la idea de tomar en serio un blog como un locus de escritura académica – o incluso, la idea de tomar en serio a Twitter como una forma de comunicación académica – revela una incomprensión profunda de la naturaleza de estos medios: lo que son y lo que se puede hacer con ellos. La oposición típica a aceptar a Twitter como una herramienta académica sugiere que no se puede hacer ningún argumento serio en 140 caracteres, y hay por supuesto una verdad auténtica en eso. Pero ese rechazo revela una falta de comprensión de las formas en que los académicos usan Twitter hoy en día, y las cosas que sí se pueden hacer en 140 caracteres: los académicos comparten vínculos a piezas más largas de escritura, participan en conversaciones complejas en tiempo real con muchos colegas y a lo largo de varios tweets, y más que nada, tal vez, crean un sentido de comunidad. Esta comunidad es solícita tanto para dar felicitaciones como condolencias, y está ansiosa por compartir chistes y memes, pero también está dispuesta a debatir, discutir y estar en desacuerdo. Más que nada, está dispuesta a leer – no es sólo una comunidad de amigos sino una comunidad de académicos, un público para el trabajo más extenso con el que sus miembros están comprometidos.

Y hay que reconocer que parte de ese trabajo más extenso ya está teniendo lugar no en libros y revistas, sino en blogs. Hoy en día muchos académicos están publicando fragmentos significativos de su escritura en espacios informales en línea, ya sea como medio de obtener retroalimentación sobre su trabajo en progreso o como un canal alternativo a través del cual un autor puede llegar a un público de manera más rápida y directa. Puede que un trabajo no se pueda publicar en un blog – puede haber ocasiones en que un académico se beneficie del formato del artículo de revista o de la disciplina del libro -, pero que el blog no lo sea todo no significa que no sea nada. Es un modo de comunicación, de establecer una conexión con el público, que debe ser tomado en serio en sus propios términos. El blog no ha sido sólo un foro en el que uno se puede quejar de las dificultades de la vida cotidiana. Sea lo que sea que el prejuicio típico pueda sugerir, el blog ofrece un escenario en el que los académicos pueden trabajar sus ideas en un proceso continuo de relación con sus colegas. Esa metáfora espacial – el escenario – es esencial aquí:  para comprender realmente cómo algo como un blog puede servir para la comunicación académica es necesario comprender que un blog no es una forma, sino una plataforma: el blog no es una forma mediante la cual se producen ciertos tipos fijos de material, sino un templete en que materiales de muchas variedades diferentes – de diferentes extensiones, temporalidades y mediaciones – se pueden presentar.

No dudo que muchos académicos experimenten una especie de horror reflexivo ante la posibilidad que todo mundo tenga su propia plataforma o canal, si se prefiere una metáfora de difusión mediática. Ya todos tenemos demasiado de qué mantenernos al tanto para que todo el mundo tenga la libertad de publicar lo primero que les pase por la cabeza. Pero imaginemos por un momento lo que nuestra vida como escritores podría ser si cada uno tuviéramos nuestra propia plataforma para escribir. ¿Qué tal si nos pudiéramos suscribir a un académico en particular, para poder seguir su trabajo a lo largo del tiempo y discutir con él? ¿Qué tal si este académico también siguiera tu trabajo, y las conversaciones que tuvieran sobre su trabajo en común produjeran nuevos proyectos colaborativos? ¿Qué pasaría si otros académicos pudieran seguir las conversaciones mientras suceden, proporcionando información adicional mientras trabajan? ¿Qué pasaría si esas conversaciones produjeran una comunidad de académicos en la que que pudieras confiar, una comunidad que sabes te avisará de nuevos trabajos de nuevos académicos a los que deberías prestar atención? ¿Qué pasaría si las comunidades de académicos de este tipo fueran capaces de decirse las unas a las otras el equivalente académico de “oye, tengo un baúl de disfraces, y podemos usar el granero de mi tío: por qué no montamos una obra?” ¿Qué tipo de actuaciones se podrían presentar en una plataforma de comunicación flexible y dinámica?

Por supuesto, hay mejores y peores maneras de utilizar todas estas plataformas para escribir. Hay cuentas insulsas de Twitter, y hay malos blogs- al igual que nunca ha habido, si es que estamos dispuestos a admitirlo, escasez de artículos de revistas sin sentido y  libros malos. La diferencia es que en la época de la imprenta, en que se controlaba el acceso a las plataformas de publicación, los académicos llegaron a relacionar el reconocimiento con el momento de la publicación. El hecho de que existiera un texto significaba que alguien en algún lugar pensó que merecía leerse. En la época de las plataformas abiertas, el reconocimiento ya no está asociado con la publicación, sino con la recepción, con la respuesta producida por una comunidad de lectores. Para poder tomar el trabajo que se realiza en la red en serio, en sus propios términos, tenemos que entender cómo es que las comunidades de académicos se involucran mutuamente en estas plataformas, cómo es que responden a las obras allí publicadas, y cómo es que esas respuestas generan más y mejores obras. Lo que sabemos que es cierto de nuestros estudiantes es también cierto de nosotros mismos: nuestro trabajo mejora con la práctica, ya que más comunicación informal de los unos con los otros conduce a  comunicación formal más significativa, y un público más amplio conduce a mayores encuentros serios con los lectores y otros autores y mejor retroalimentación.

Ese público más amplio es al mismo tiempo un aspecto crucial de las plataformas de publicación abierta de la red y un componente clave del nerviosismo que causan en muchos académicos. Plataformas abiertas como los blogs y Twitter permiten que el trabajo académico llegue a un público lector más amplio, pero también facilitan que el público en general pueda responder, un prospecto que puede causar bastante ansiedad – no menos en nosotros que en nuestros estudiantes. Pero si la crisis que ha asolado a la publicación académica en las últimas décadas – por no hablar de la ostensible crisis que muchos expertos han notado en las humanidades en general en nuestros días – ha  sido en cierto sentido producida por el público relativamente pequeño que ha tenido nuestro trabajo, entonces hacer ese trabajo a cielo abierto, donde se pueda ver, es un paso crucial. Si nos acercamos a un público más amplio, mediante el fomento del intercambio intelectual con lectores y escritores más allá de la academia, tenemos el potencial no sólo para ayudar a nuestro propio trabajo en sí mismo, sino para ayudar a la academia de una manera más amplia en sus intentos por comunicar su importancia para la sociedad contemporánea. Si somos lo suficientemente valientes como para relacionarnos directamente con el público, podríamos tener la oportunidad de demostrar un poco más qué es lo que hacemos y por qué lo que hacemos es importante.

Este tipo de comunicación requiere de una plataforma abierta, y requiere de una apertura para hablar un idioma con el que un público medianamente educado pueda relacionarse. Y aquí podríamos empezar a ver al acecho una versión de las preocupaciones expresadas sobre los efectos degradantes de los mensajes de texto en las habilidades de escritura de los adolescentes: ¿está la red destinada a simplificar todo a su mínima expresión? Un blog académico, ¿está inevitablemente destinado a volverse academia light? Por supuesto que no. Pero de la misma manera que la escritura en una plataforma en red tiene el potencial para hacer que nuestros estudiantes se pongan a pensar seriamente en el público, también presenta el mismo potencial para nosotros: todos deberíamos ponernos a pensar en el público – a qué lectores queremos llegar, cuándo y por qué. Hay un tiempo y un lugar para el lenguaje altamente técnico, para la dificultad, y hay también un tiempo y un lugar para atraer a más lectores comunes y corrientes a nuestras discusiones. Al igual que nuestros estudiantes de hoy, tenemos que tener fluidez en múltiples lenguas vernáculas, y tenemos que ser capaces de traducir nuestras ideas a través de ellas.

Hacer del campo una red, conectando a los académicos y su trabajo a través de plataformas digitales, tendrá sin duda algunos efectos: trastornará nuestras ideas de cómo se crea el reconocimiento, alterará nuestro sentido de cuándo es apropiado hacer público un nuevo proyecto, transformará las formas en que tradicionalmente nos hemos relacionado los unos con los otros. Pero para que estos trastornos sean tan productivos como sea posible se requiere liberarnos de los temores que nos producen,  que entendamos que la comunicación académica a través de estas nuevas plataformas es de hecho comunicación académica, y que permitamos que estas nuevas plataformas nos enseñen nuevas formas de leer y escribir juntos, a cielo abierto.

Traducido y publicado con el amable permiso de Kathleen Fitzpatrick.
Licencia Creative Commons
Hacer del campo una red por Ernesto Priego (nota introductoria y traducción al español del texto de Kathleen Fitzpatrick, texto original en inglés); se comparte bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported.
Basada en una obra en www.plannedobsolescence.net/blog/networking-the-field/.
Permisos que vayan más allá de lo cubierto por esta licencia pueden encontrarse en http://www.plannedobsolescence.net/ .

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Ebooks- hacia el 2012

2011 y el 2012 – Notas sobre los ebooks

El 2011 fue un año interesante para las publicaciones digitales, en particular para los libros electrónicos. Aunque tomaron más tiempo del esperado, podemos afirmar que finalmente están aquí de forma masiva y comercial. Especialmente en Estados Unidos, los reportes de venta indican un crecimiento importante, en particular por los actores dominantes Amazon y Barnes & Noble. Una visita al norte de la frontera en julio del año pasado bastó para corroborar lo que estaban reportando en las noticias. En el aeropuerto, en el camión, en el parque, en la universidad vi a personas leyendo en distintos dispositivos: Kindle, iPad, incluso en el celular. En mi visita anterior, dos años atrás, no era un fenómeno cotidiano y me sentí como testigo de la historia. Así como mis padres me sorprenden cuando me dicen que se acuerdan de la primera vez que vieron la televisión, yo sorprenderé -y probablemente avergonzaré, por mi avanzada edad- a la siguiente generación cuando les platique que recuerdo cuando empezaron los libros electrónicos de forma masiva.

En México, los libros electrónicos todavía no son un elemento cotidiano. Incluso me atrevería a decir que los libros de papel tampoco lo son; pero bueno, eso es otra historia. Se argumentan muchas razones: el costo de los dispositivos, la falta de títulos en español, la ausencia de modelos económicos viables para las editoriales, los problemas de piratería, la reticencia por parte de la mayoría de los lectores, entre otros. En septiembre, asistí al Simposio del Libro Electrónico organizado por Conaculta, y pude atestiguar de primera mano esta resistencia. Un gran número de pláticas comenzaron sobre la línea “el debate acerca de que si el libro electrónico acabará con el libro impreso está superado” y posteriormente se lanzaban a una apasionada defensa de libro en papel. El simposio, en este sentido, se sintió como un retroceso (con notables excepciones). Y sin embargo, gracias al Twitter, pude darme cuenta que no estaba sola en mi sentir. A través del #libroEmx se realizó, en paralelo, una animada y crítica discusión que comprueban que muchos hemos superado aquel debate.

Recientemente se publicó en el Milenio un artículo acerca del libro electrónico en México. Reportan que para algunos el 2012 será el año del libro electrónico en español. Por el momento, el FCE busca alcanzar los 400 títulos, Conaculta ha publicado algunos títulos y el mercado editorial español está apostando a que ésta será un área de crecimiento. Me resulta dificil pensar que el mercado en México se consolidará tan rápido como para que el 2012 sea EL año, pero es claro que el ambiente es propenso. Me gustaría mencionar dos ejemplos que, aunque pequeños, pueden servir como indicadores de este cambio.

El primero es la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil en el Centro Nacional de las Artes que se realizó en noviembre del año pasado. Lo que me llamó la atención en particular fue el cartel que lo anunciaba, en el cual se aprecian dos figuras. Una niña está sentada sobre los hombros de un hombre, leyendo un libro. El hombre a su vez, también lee, pero en su mano sostiene un dispositivo de lectura. Me gustaron dos cosas del cartel: la primera es que se incluye por primera vez, hasta donde tengo conocimiento, un libro electrónico y la segunda es que el libro electrónico lo lee el adulto y no la niña. Me parece que, ya sea conciente o inconcientemente, no se reafirmó el mito de que sólo las generaciones nuevas pueden estar interesadas en los libros electrónicos.

El segundo es que también a finales de noviembre del año pasado Conaculta lanzó una aplicación para Ipad (¿podríamos llamarlo quizá libro electrónico?) del poema Blanco de Octavio Paz. Para la primera semana de diciembre, se anunció que era el app más descargado en la tienda de Itunes. El app está desarrollado muy al estilo de The Wasteland, que fue publicado por TouchPress en junio 2011. Las coincidenicas no son gratuitas. Al igual que The Wasteland, Blanco es un poema idóneo para el medio digital. El primero por sus numerosas referencias hipertextuales, el segundo por sus diversas y múltiples lecturas. Blanco fue desarrollado por la empresa Monuvo y me parece un excelente ejemplo de lo que se conoce como un enhanced ebook, un libro electrónico aumentado o realzado (puntos para quien conozca un mejor término en español). Un factor clave, sin embargo, pensando en el desarrollo del mercado de los libros electrónicos o apps, es que mientras que The Wasteland tiene un costo de 170 pesos, Blanco es un descarga gratuita. Según informes el costo del proyecto fue de 204 mil pesos. Aplaudo la iniciativa de Conaculta de ofrecer este tipo de materiales sin costo alguno, pero es claro que este no es un modelo economicamente viable para la mayoría de las editoriales; otro factor clave a resolver.

Cuando nos referimos a los libros electrónicos generalmente son archivos prácticamente iguales a los impresos y la única diferencia es el soporte en el cual se leen. Es claro que para este tipo de libros la pregunta ya no es cómo, más bien es cuestión de tiempo. En el caso de los enhanced ebooks, la experiencia de lectura es radicalmente diferente. La incorporación de hipertexto, audio y video, llevan a un nuevo tipo de publicación y sobre todo a un nuevo tipo de lectura. Este tipo de libros electrónicos representan un interesante reto en muchos sentidos: ¿cómo comercializarlos? ¿cómo preservarlos? ¿cómo prestarlos en bibliotecas? ¿qué ocurre con la lectura? ¿cómo reducir los costos para su desarrollo? ¿cómo consultarlos en diez o veinte años? Me parece que aquí es dónde encontramos los mayores y más interesantes retos.

 

 

 

 

 

 

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