Cinco cosas que aprendimos de traducir y susurrar en DH2014

[El texto de abajo es la traducción al español de la entrada publicada en inglés el 21 de julio en mi blog personal.

Agradezco a Isabel Galina la invitación a traducir el texto y publicarlo aquí y a Jorge Daniel Camarena Bonilla por realizar la mayor parte de la traducción.]

Hace un par de semanas viajé a Lausana, Suiza, para asistir a DH2014 donde ayudé a organizar e implementar la iniciativa de pines “I whisper___” realizada en colaboración de GO::DH y MLMC. La idea era simple e informal: Aquellos asistentes dispuestos a ayudar a traducir en cualquier idioma presente en la conferencia podían solicitarnos a Alex Gil o a mí un pin, escribir en él los idiomas con los que podían ayudar, y usarlo durante la conferencia, listos para poner en uso sus habilidades lingüísticas según se requiriera. La idea tuvo su origen en la experiencia de otros miembros de GO::DH en Cuba, donde alguien literalmente susurraba/interpretaba las ponencias a quienes no comprendían. No obstante, esta es la primera vez (hasta donde sabemos) que algo como esto se ha hecho en Digital Humanities. En sí, la iniciativa se trató más de experimentar e idear cómo se podía implementar, de ver cómo responderían los asistentes, de ver qué tanto se pondría en práctica y demás cuestiones. Durante día y medio, más o menos, regalamos alrededor de cien pines y escuchamos lo que la gente tenía que decir. A mi lado analítico le habría gustado que hubiéramos registrado qué idiomas se escribían en los pines para tener una mejor idea de las comunidades lingüísticas que más se interesan en este tipo de ejercicio. No lo hicimos. Pero recuerdo haber visto alemán, árabe, catalán, español, francés, gallego, griego, hindi, holandés, inglés, italiano, japonés, noruego, polaco, portugués, ruso, sueco y seguramente otros más. Lo primero que aprendimos: hay muchos más idiomas moviéndose en la conferencia, que los considerados como oficiales por la ADHO.

Lo segundo que aprendimos: no sabíamos qué hacer con el idioma inglés: tomarlo como punto de partida o como otra de las lenguas presentes en la conferencia. Mientras entregábamos los pines, varias personas dudaban entre escribir “inglés” y no. Espero no estar sobreinterpretando, pero parecía que no escribir “inglés” era una indicación de que estábamos dando por sentado que todos podíamos comunicarnos en este idioma y que era el resto de lenguas las que necesitaban un acercamiento. Tengo que agradecer al fantástico Glen Worthey por señalarnos que sí debíamos escribir “inglés” como otra de las lenguas presentes en la conferencia. Esto insinuaba que los angloparlantes podrían pedir traducción durante las ponencias en otro idioma––que aunque sabiendo que no había muchas de ellas era una posibilidad. También significaba que, por ejemplo, un francoparlante podría llegar a una presentación en español y alguien podría ayudarle a interpretar entre estas dos lenguas sin que se usara el inglés como puente entre ambas, incluso cuando sí lo es en muchos casos. Algunos participantes reconocían que, pese a que podrían traducir, por ejemplo, entre holandés e inglés, probablemente no sería necesario. Tal vez, en realidad, no lo era, aún así, los alentamos a tomar un pin y hacer patente la posibilidad, por si acaso. Por eso, cada vez que alguien preguntaba: “¿Escribo “inglés” también?”,  les respondimos que sí.

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La iniciativa fue recibida con gusto y resultó ser bastante escandalosa para un susurro. A través de Twitter y en persona, escuchamos qué gran idea era y lo entusiasmada que estaba la gente por ponerse un pin. En el segundo día de la conferencia, Aurélien Berra envió una “petición de emergencia” a los susurradores, cuando gran parte de la audiencia salió del salón donde se encontraba justo antes de una ponencia en francés. Del mismo modo, Sarah Potvin nos pidió susurrar en la sesión bilingüe que presidió el jueves 10 de julio. Fue precisamente en esta sesión––en la que Nuria Rodríguez Ortega leyó un artículo corto en español––en la que el potencial de la iniciativa fue evidente, no sólo en términos de la mera traducción, sino también como un ejercicio comunitario. Al principio, nos imaginamos que seríamos capaces de susurrar, pero el tiempo era poco; la audiencia, numerosa; y la habitación, grande, por lo que susurrar no era una alternativa viable. Les preguntamos a todos cómo les gustaría hacerlo y Lisa Spiro sugirió que se susurrara con tuits en vivo. Así que tuiteamos en vivo en inglés tanto y tan claramente como pudimos durante la ponencia de Nuria (ofrezco disculpas por el mayor número de typos que he cometido en un lapso de 10 minutos). Aún así, nos quedamos con la sensación de que tendría que haber una manera más sencilla. Al terminar la sesión, alguien sugirió que usáramos Google Docs en el futuro, para no tener la restricción de los 140 caracteres y para que fuera más fácil para los asistentes seguir la presentación en lugar de filtrar los tuits de entre todos los demás del resto de la conferencia. Para el último día de la conferencia, las solicitudes de susurradores venían de diferentes sesiones. Lo tercero que aprendimos: la gente está lista para este tipo de iniciativas; están dispuestos a participar en ellas; quieren trabajar e incluso lidiar con el alboroto que conllevan; y hay un montón de buenas ideas que no habíamos contemplado y que queremos incorporar.

A lo largo de la conferencia fue muy emocionante ver que mucha gente llevaba sus pines con dos, tres, cuatro y, sí, ¡incluso cinco idiomas escritos en ellos! Sí, en los recesos, los cafés y durante las sesiones nos comunicamos principalmente en inglés, pero––tal vez este era el verdadero susurro, el que todos necesitábamos escuchar––en cada pin había una presencia visible y tangible de todas las demás lenguas; un recordatorio de que siempre hay un idioma (o muchos) con los que necesitamos ayuda. Lo cuarto que aprendimos: si no logramos nada más, los pines “I whisper___” nos ayudaron a darnos cuenta (a tomar verdaderamente conciencia) de lo multilingüe que son las Humanidades Digitales y preguntarnos cuánto más pueden llegar a serlo.

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Aunque soy parcial al asunto, mi impresión general es que la iniciativa fue un éxito. Dicho esto, también nos planteó muchas preguntas y no se puso en práctica tanto como podría haberlo sido. Al final de la conferencia, la mayoría de los susurradores no susurró, en parte quizá porque estábamos probando; viendo qué iba a pasar; participando y observando al mismo tiempo. Sin embargo, me pregunto cuántos de nosotros dimos nuestras presentaciones en inglés cuando pudimos haberlo hecho en cualquiera de los idiomas oficiales de ADHO, por alguna de las razones mencionadas por Martin Grandjean u otras. Me pregunto también si algunos de nosotros consideraríamos cambiar a otro idioma ahora que sabemos que hay alguien que traduzca nuestras presentaciones y que nuestra elección de idioma no determinará el interés de los asistentes en nuestro trabajo, o bien si el prospecto de que nuestro trabajo sea susurrado incremente su visibilidad. ¿Es acaso esto algo que podría afectar el envío de trabajos y su proceso de revisión en el futuro? Todas las preguntas sin respuesta, en mi opinión, resaltan la importancia de la iniciativa, así como los aspectos en los que tenemos que trabajar aún más. Lo quinto que aprendimos: si una iniciativa experimental cuyo planteamiento tomó dos semanas tuvo un impacto tan positivo, sólo podemos imaginar que será mucho más relevante en el futuro si la mantenemos y la mejoramos.

No hace falta decir que hay todavía mucho por hacer: una mejor coordinación con los comités de los programas, con los presidentes de las sesiones, con los presentadores y los asistentes seguramente ayudará a obtener una mejor comprensión acerca de qué idiomas tendrán una presencia más fuerte; qué tipo de traducción (susurros, tuiteo en vivo, Google Doc) podría funcionar, cuándo y en dónde. Aún así, pese a que parte de mí quiere hacer de esto una iniciativa más organizada y estructurada para que funcione mejor en el futuro––si tenemos la suerte de continuarla––espero conservar su espontaneidad para que siga siendo una invitación a jugar, que sea divertida (¡lo fue!), que una a las personas, y que provoque muchas más ideas ya que no tiene un guión fijo. Después de todo, esto es una conversación que va para largo.

Agradecimientos: a toda la lista de distribución de GO::DH y al Comité Ejecutivo, en especial a Dan O’Donnell por proporcionar los fondos para los pines. A todo aquel que tomó un pin, lo vistió, tuiteó acerca del proyecto, tradujo, solicitó una traducción, etc. A Elizabeth Burr y a todos en el Comité de Multilingüismo y Multiculturalidad de la ADHO por respaldar y difundir la iniciativa. A Neil Fraistat, otrora presidente de la ADHO, por su apoyo desde el principio y promovernos amablemente durante su discurso de apertura. A los organizadores locales y al comité del programa, sobre todo a Kevin Baumer y Melissa Terras, por facilitar nuestra presencia en la mesa de registro. Y finalmente, un agradecimiento muy especial a Bethany Nowviskie por la generosa mención en su maravillosa ponencia magistral.

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