¿De qué herencia es digital un humanista?

Es una pregunta genealógica: ¿de dónde le viene lo digital a un humanista?

20070417klplyllec_81_Ies_SCONo es una pregunta simple: ¿por qué un humanista se podría llamar digital? ¿Qué legitima o da derecho a ese nombre? ¿Qué permite a un estudioso llamarse a sí mismo humanista y también digital? ¿Por qué no presentarse como humanistas que usan herramientas digitales -algo externo a su ejercicio de producción del saber tradicional- para defender que son algo diferente -y que algo llamado digital se los da-? ¿Es cierto, como se defiende, que un humanista digital hace algo diferente que esos humanistas del siglo XVI? ¿Acaso no el saber que producen y difunden es diferente? ¿O quizás son académicos del mismo modo que los intelectuales universitarios medievales y las tecnologías sólo son herramientas para hacer uso de ellas? ¿Para que querer convertir su práctica y saber en disciplina? ¿Salvaguardar libros, una herencia libresca? ¿Ser digital para un humanista sólo sería algo así como un reflejo?

Siempre he defendido que para determinar las prácticas y discursos de lo que llamamos humanista digital debería tratarse genealógicamente y discutirse teoricamente. Quizás si se piensa la modificación de la producción del saber mediante la tecnología sería posible vislumbrar alguna pista. No relacionarlo, como de costumbre, con las formas de trabajo institucional o las técnicas de trabajo editorial.

Jean-François Lyotard escribió en 1979 La condición posmoderna. Fuente de malas Lorenzo_Valla_-_Imagines_philologorumlecturas y confusiones interminables -con los insultos y malostratos que vinieron con ello- el libro tenía como subtítulo Informe sobre el saber en las sociedades desarrolladas. Así, uno de sus cometidos era describir las transformaciones que las tecnológicas más contemporáneas producían en los mecanismos e instituciones encargados en la modernidad de salvaguardar y generar saber. Su pesquisa se trata de un estudio de las modificaciones que la tecnología genera en la relación poder-saber. Le llama un problema de legitimación. Lyotard escribe: «El planteamiento de la información de las sociedades más desarrolladas permite sacar a plena luz, incluso arriesgándose a exagerarlos excesivamente, ciertos aspectos de la transformación del saber y sus efectos sobre los poderes públicos y sobre las instituciones civiles, efectos que resultarían poco perceptibles desde otras perspectivas.”

5947892Lyotard toma como hechos que la tecnología modifica la forma de la investigación, producción y transmisión del conocimiento.  Según él, la cibernética -forma en que ciertos autores franceses de izquierda han tratado de pensar la relación tecnología-poder, cf. Tiqqun-, las tecnologías modifican las instituciones de gobierno y de conocimiento, y entran en articulación problemática con el capitalismo. Pero para defender sus afirmaciones Lyotard tratará de elaborar un discurso que dé cuenta del conocimiento en una época tecnológica. Pues el conocimiento es tecnológico el día de hoy y debe poder nombrarse cómo se ha modificado y qué efectos trae aparejados esa producción tecnológica.

Para ello, Lyotard plantea en términos de filosofía del lenguaje y teoría del discurso una distinción de las características del conocimiento científico (llamémosle ciencia moderna) del conocimiento producido tecnológicamente (llamémosle, por comodidad, dato). Según Lyotard, la ciencia moderna siempre trató de distingir su discurso de las narraciones tradicionales (mitos, consejos, cuentos, etcétera) mediante ciertas reglas y procesos:

  • su discurso siempre debe elaborarse en un lenguaje constatativo; es decir, debe poder describir que algo es eso -no debe crear la cosa o santificarla como dada-;
  • ese discurso científico implica que lo que se sostiene como verdad de la cosa debe ser probada o construida al interior del conocimiento, e implica que no hay múltiples discursos que satisfagan el carácter de verdadero;
  • para elaborar ese discurso constativo la ciencia se construyó al laboratorio como espacio donde el conocimiento era producido;
  • para difundirse la ciencia moderna propuso la universidad donde la su discurso se enseñaría;
  • la construcción y difusión del saber de la ciencia moderna implican en su discurso e instituciones una memoria y un proyecto, historia y progreso; y
  • finalmente, lyotard defiende que el discurso científico moderno se legitimaba con un disurso que defendía un efecto positivo externo a su práctica: ciencia para la libertad del pueblo o ciencia como saber autónomo que implica el culmen de las capacidades de la humanidad.

Para Lyotard el saber producido y difundido tecnológicamente ha modificado todo esa constelación de la ciencia moderna. Así:

  • los datos son enunciados tecnológicos que no necesitan referente, y de hecho todo saber que actualmente quiera convertirse en relevante -tener efectos políticos, ser adecuado para las decisiones institucionales- debe de cierta manera ser tratado y traducido a lenguaje máquina;
  • en este sentido el discurso tecnológico se legitima por sí mismo en la performatividad; es decir, el saber tecnológico es saber que no se distingue de los múltiples usos que se hagan de él. Se trata de un saber de uso;
  • Lyotard afirma que actualmente sólo el capitalismo con su lógica de mercantilización puede hacer uso del saber tecnológico; y
  • se pregunta: ¿hay instituciones de enseñanza de este tipo de saber? -la universidad moderna parece incompatible con el saber tecnológico.

Y se pregunta algo que quizás debería poder plantearse a los humanistas digitales como cuestión apremiante: «¿Qué otra orientación podrían seguir las tecnologías contemporáneas que pueda ofrecerse como alternativa a la informatización de la sociedad?»

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