Notas sobre el encuentro INKE2013 para entender la lectura y los libros en la era digital

El fin de semana pasado estuve en Nueva York para asistir al encuentro anual del proyecto INKE. Para quienes no lo conozcan, en su página de internet, el proyecto Implementing New Knowledge Environments (INKE) se describe como una iniciativa interdisciplinaria que busca entender el futuro de la lectura y del libro a través del estudio de su pasado y una perspectiva histórica. El grupo de investigación central está dirigido por Ray Siemens desde Victoria, Canadá pero su red de unos cincuenta investigadores se extiende al resto de Norteamérica, Europa, y algunas partes de Asia y América Latina. El encuentro impecablemente organizado estuvo dividido en dos formatos: cuatro presentaciones plenarias y veinte más en el característico formato del grupo conocido como ‘birds of a feather’, en el que cada participante da una presentación de dos minutos seguida por ocho minutos de discusión. Los temas y aproximaciones fueron muy variados e incluyeron, por mencionar solo algunos: reflexiones sobre el futuro del archivo de William Blake, problemas de diseño de interfaces para la lectura y escritura colaborativa, recuentos de uso de bibliotecas digitales, breves demos de herramientas en desarrollo como NewRadial y proyectos de diseño de visualizaciones como este, reportes de programas pilotos en currículos de escritura en cursos universitarios, metodologías para el modelado de actos de lectura y de mapas de tópicos, y muchos otros. El formato del encuentro permite no solamente el intercambio de muchas ideas de manera ágil, sino también, después de la sobrecarga de información, observar las conexiones entre proyectos que, aunque comparte el tema central de la lectura y los libros, inicialmente parecían lejanos entre sí. Como era de esperarse, las preguntas en qué consiste la lectura actualmente, de qué forma podemos identificar sus características, y cómo podemos explorar qué más puede ser/hacer la lectura a través de desarrollos digitales y nuevas interfaces fueron constantes a lo largo de los dos días.

Bob Stein reflexionó sobre esto durante una de las plenarias. El fundador del Instituto para el Futuro del Libro (IFB) habló de los libros como lugar y propuso que su función es sobre todo la de facilitar la conversación entre los individuos que lo leen incluso asincrónicamente. Para enfatizar la idea del libro como lugar, a partir de muchos ejemplos de interacciones sociales en medios digitales contemporáneos como wikis, twitter, blogs, etc., Stein también arguyó que la gente desea comunicarse dentro de los medios que utiliza, no solamente por medio de ellos. Las reflexiones de Stein han desembocado en el desarrollo de Social Book, una plataforma de lectura y anotación/conversación desarrollado por el IFB que busca ofrecer un lugar análogo al libro impreso en el que el énfasis esté puesto en las conversaciones emergentes de la decodificación de los textos.

Por su parte, de manera muy clara, Lisa Gitelman puso en perspectiva histórica muchas de nuestras preocupaciones más profundas sobre la lectura, los libros y los problemas de digitalización utilizando como ejemplo la aparición del microfilm en la década de los 30. Gitelman recordó los debates que entonces surgieron sobre mejores prácticas para microfilmar, la ambición y el miedo de microfilmar ‘todo’, y las preocupaciones sobre los cambiantes procesos de lectura e investigación a partir del nuevo medio. La analogía con muchos de los temas más tratados actualmente no pasó desapercibida para nadie. Para Gitelman la pregunta básica para pensar históricamente en cualquier medio es ¿de qué está hecho? Y ese ‘qué’ implica no solamente los procesos de manufactura o diseño, sino las conductas que produce o sustituye y el conjunto de objetos y prácticas asociados – incluso si la asociación parece lejana. El segundo ejemplo utilizado por Gitelman para argüir esto fue el desarrollo del PDF y el propósito inicial en la década de los 90 de John Warnock de llegar a la oficina y la biblioteca sin documentos en papel. De esta forma, el PDF, parafraseando la charla, estaría hecho – ‘por sustitución’ – también de papel, clips, grapas, tinta, etc. y las industrias que los producen así como la gente que trabaja en ellas, etc. Tal vez, el asunto que Gitelman deja muy en claro es el que todos los medios y las soluciones que ofrecen son necesariamente provisionales y, al mismo tiempo, conllevan, en su propia conceptualización y materialidad, la historia y los remanentes de medios pasados.

Encuentros como este dejan en claro no solo las múltiples facetas del debate sobre la lectura y las plataformas en las que la llevamos a cabo. De manera más importante, llevan la discusión más allá de los problemas asociados a la crisis de la industria editorial y el declive de la lectura que, a partir de ésta, se asume. El resultado de esto es que una noción provisional de lectura no puede, de ninguna forma, estar restringida al libro impreso ni al electrónico como su locus exclusivo, sino, al menos en teoría, a una cantidad enorme de posibles interfaces. Así, la idea de lectura está atomizada en muchos y variados componentes (decodificar signos escritos, codificarlos, visualizarlos, navegarlos, y un largo etcétera) y de aquí surgen las preguntas incómodas: más allá de describir cómo se lee en nuestros días – una tarea ya de por sí vasta – ¿podemos plantear y diseñar un nuevo modelo de lectura? Y de ser así, ¿qué tipo(s) de lectura? ¿en qué tipo(s) de interface(s)? ¿Y con qué objetivos?  Como el propio Stein admitía desde la primera sesión, no tenemos una idea clara hacia dónde van la lectura y los libros, pero debemos evitar quedarnos atorados en las visiones exclusivamente presentistas y ahistóricas, y de esa forma reflexionar qué ha sido lo útil y positivo de  la página impresa (o manuscrita) así como de la pantalla y que nos gustaría llevar a un medio o modelo de publicación futuro.

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