España y las humanidades digitales

Entre el 9 y el 12 de julio estuve en A Coruña, España, en el I Congreso Internacional de la HDH: Humanidades Digitales Hispánicas. Sociedad Internacional. Asistí al encuentro con mucho entusiasmo, no sólo porque estarían muchos colegas conocidos, sino por ser un oportunidad para conocer los proyectos, las discusiones, los debates sobre las humanidades digitales que están teniendo lugar en este momento en España. Y no me desilusionó. Regreso, me parece, con una idea muy clara de lo que se está haciendo, de los problemas específicos -algunos semejantes, otros muy distintos- que se enfrentan, y de ciertas reflexiones que vale tener en cuenta para el futuro cercano.

Hay muchas cosas que referir, pero me limitaré a hablar en general de los proyectos más interesantes y de la que me pareció la tendencia más importante dentro del congreso. Como ocurre en muchos de estos eventos, al haber mesas simultáneas, no tiene uno la oportunidad de escuchar todas las iniciativas. En este caso, de las que tuve la oportunidad de conocer, dos son los grandes proyectos que llamaron mi atención. Ambos son trabajos de digitalización de documentos. Considerando la gran riqueza documental que tiene España, es natural que sean estos los proyectos más grandes y más notables. En los dos, se discutió la cuestión de la convergencia de la digitalización de los documentos, con su recolección en Hispana y más tarde en Europeana. Fue interesante notar que se trata de esfuerzos financiados y articulados a través del Ministerio de Cultura y de ahí la importancia de la integración de los mismos en las instancias española y europea. Tal es el caso, por ejemplo, de la magnífica Biblioteca Digital Ovideana, o el fabuloso Post Scriptum, que apenas comienza, pero cuya presentación puedes ver aquí. Me sorprendió, sin embargo, que en muchos de los proyectos de digitalización se hablara sobre todo de dos cosas: del fomento a la lectura y de la calidad filológica de los proyectos, pero que no se hablara de la creación de herramientas de investigación, de trabajos de mineria de datos o de visualización. Para algunos, la publicación digital era sólo cambio de plataforma, por lo que el enfoque debía darse sobre todo en la calidad del trabajo filológico e incluso alguien llegó a decir que esta sería una publicación menos seria de la que se hace en papel. No escuché en ningún momento que estuviéramos frente a todo otro nuevo mundo para la filología, incluso para el mundo de la publicación (por supuesto, hubo algunas voces que señalaron como todo esta cambiando, pero no fueron las más).

De hecho, la preocupación manifestada por la mayor parte de los participantes en el Congreso tenía que ver con el desfase disciplinar que significan las Humanidades Digitales. En una de las mesas de discusión dirigida, una de los asistentes decía que era ante todo filóloga y que temía que el paso a las humanidades digitales trastornara su perfil y la marginara de reconocimientos y evaluaciones positivas. Para mi fue muy notable que las HD en España enfrentan un reto importante en cambiar una visión institucionalizada excesivamente disciplinar que no parece avenirse bien con un campo en que la colaboración tiende a diluir las definiciones disciplinares.

Hubo mucho más por supuesto, proyectos de otra naturaleza, discusiones de otra índole, como la que tiene que ver con la dificultad institucional para crear posgrados o cursos regulares en humanidades digitales. Y el infaltable problema del reconocimiento al trabajo digital. Pero la comunidad de humanidades digitales hispánica está viva, trabajando y creciendo.

 

 

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