La modificación tecnológica de las humanidades

A la forma del nuevo modo de producción, que al principio aún está dominada por la del antiguo (Marx), le corresponden en la conciencia colectiva imágenes en las que Io nuevo se entrelaza con lo antiguo.

Walter Benjamin, “París, capital del siglo XIX

Quizás, la definición de las Humanidades Digitales no sea necesaria. Quizás es preferible poder describir lo que se ha alterado en el ejercicio de las humanidades. Describir parecería una operación más simple que definir. Es lo que tradicionalmente se nos ha enseñando. Describir parecería de menor alcance. Pero describir esas, a veces, modificaciones simples que la técnica ha impuesto a las prácticas humanísticas, no es tarea menor y quizás es más ardua. Esto parece ser así porque ya han sucedido, ya nos han sucedido y somos nosotros. Pero de poder describir lo que se ha modificado en las prácticas humanísticas depende si podemos afirmar que ha aparecido una nueva disciplina, si su emergencia cala hasta la construcción del saber o sólo señala unas prácticas determinadas al interior de un campo ya establecido, determinado y jerarquizado. Siempre es complicado decidir si lo que se anuncia como innovación lo es, pero, quizás, caracterizando lo que se ha alterado en las prácticas de las humanidades modernas pueda ayudar a determinarlo en este caso. Nuestro cometido aquí se podría enunciar como determinar lo digital en las Humanidades Digitales, aquello que sería el índice que determina su nombre, y buscamos hacerlo describiendo de manera muy sencilla una alteración técnica de eso que la tradición humanística ha defendido como su ámbito propio: el lenguaje.

Primeramente, si se busca en la literatura actual más habitual sobre humanidades digitales se hallarán varias caracterizaciones corrientes. Así, se afirma en cierta literatura que las Humanidades Digitales son, antes que otra cosa, la apertura en la economía contemporánea de un campo de trabajo para los humanistas. A la par de esos discursos hay otro que afirma que las HD son un ruptura de la jerarquías de las disciplinas y los espacios universitarios. A ellos se añade que se trata de una apertura hacia formas inéditas de difundir y salvaguardar los saberes humanísticos. Todo ello, se llega a afirmar, genera o es generado por nuevas prácticas humanísticas que constituyen una cultura digital. Lo interesante de esos discursos es que parecen obviar algo realmente importante en las prácticas históricas de las humanidades, como si supusieran ya un sentido dado de lo que es su medium mismo de aparición, su técnica y su lenguaje. Y es que aquello que se supondría el índice –la diferencia y especificidad de las HD– es escatimado y tomado como algo natural de lo que puede echarse mano sin pensarse. El lenguaje técnico que las constituye como digitales, puesto en operación por los lenguajes computacionales, es soslayado. Como si se eludiera pensar la alteración técnica que permite la emergencia de las Humanidades Digitales, y se fantaseara aún en ese discurso moderno que sostenía que las humanidades tenían en el lenguaje el instrumento privilegiado para salvaguardar, hacer florecer y difundir los archivos del legado de lo humano. Y es que ese discurso humanístico moderno que sobredetermina aún y hace pasar por su rejilla de inteligibilidad las prácticas en las Humanidades Digitales, toma al lenguaje y su tecnicidad como una simple herramienta para servir de transmisor neutro de la genialidad de lo humano. Eso, esas “imágenes en las que Io nuevo se entrelaza con lo antiguo” –como escribe Walter Benjamin en el epígrafe que escogimos para este texto–, no falta enunciarlo, evita pensar y decir lo inédito en las Humanidades Digitales.

Para mostrar esa imposibilidad de decir y concebir las alteraciones a las prácticas de las humanidades que el lenguaje técnico, los lenguajes computacionales acarrean, se pueden citar muchos textos o revisar muchos discursos, pero con dos basta. La primera cita es del filósofo español Ignacio Castro Rey, y sobre el problema de la relación entre política y tecnología afirma lo siguiente:

Una cosa es utilizar como una herramienta, esclavizar esas tecnologías para forzar una nueva presencia real, como a veces se ha hecho en algunos movimientos sociales. Pero para ello hace falta que una tecnología existencial maneje esa tecnología social. Si falta tal potencia, dejamos que esos medios se conviertan en fines. Y hay una tendencia en esa dirección.

Como es ostensible Castro Rey sólo puede concebir la tecnología como herramienta; o mejor, supone que un fin político deseable es esclavizarlas como herramientas. Por otra parte, Noam Chomsky en una entrevista sobre el objetivo de la educación evalúa en términos de las humanidades modernas el impacto de las tecnologías en la educación y la academia.

Ya pensadores como Martin Heidegger, Walter Benjamin o Gilles Deleuze habían sostenido que la tendencia dominante en la modernidad era el incremento del poder técnico. Y conceptualizaban la técnica como un poder aumentado de acción sobre las cosas. Todo aparato técnico, sostenían, condensa un cúmulo de procesos, métodos, habilidades de producción y acción sobre las cosas aprendidas, acumuladas y transmitidas por generaciones de individuos. Así, la fotografía condensaba saberes y prácticas históricos adquiridos en las técnicas pictóricas y de imágenes retóricas, en los grabados y en los altorrelieves. Condensaba esa potencias a la vez que podía alterar el espacio de lo sensible. Y aquí entran las Humanidades Digitales, pues si su emergencia señala algo es la amplia puesta en operación y despliegue, en los lenguajes computacionales, de un lenguaje técnico. Los teóricos del lenguaje contemporáneos distinguen un tipo de enunciados que constata lo que hay de un tipo de enunciados que tienen la capacidad de producir lo que se enuncia. Así, se puede diferenciar una definición o una oración expositiva de una orden o de un insulto. La cuestión es que con los lenguajes computacionales esa distinción parece alterarse y perder sentido. Pues lo que caracteriza un lenguaje técnico es su poder de producir algo. En él hay una confusión entre la afirmación, los contextos de enunciación y los efectos que provoca.

Como se ha dicho, con los lenguajes computacionales podemos apreciar lo que muchos filósofos contemporáneos han teorizado acerca del lenguaje; muchos son metalenguajes que, antes de pensarlos como pertenecientes a una presunta instrumentalización, producen lo que dicen. Por supuesto, la producción se mueve más allá de la intencionalidad, nadie decide cómo funciona el lenguaje computacional en el marco de la producción de sentido, aunque se diga que el lenguaje computacional tiene un orden determinado, un procedimiento muy definido, destinado a terminar procesos y devolver un resultado. Si es posible pensar el lenguaje como productor de sentido, sobre la base de una emergencia, afirmaremos de antemano la imposibilidad de pensar el lenguaje como instrumento ni, menos aún, los medios digitales en los cuales estamos ahora sumergidos. En efecto, se trata de preguntarnos si las humanidades no se ven modificadas al sumergirse en estos nuevos lenguajes computacionales.

Por un lado, se dice que el hipertexto produce una relación no-lineal de lectura, porque posee una estructura fragmentada donde existen hipervínculos o enlaces a otros documentos y que, además, una de las características es que se asocia a una interfaz de usuario (User Interface). En el comienzo, interfaces muy pobres, línea de comandos (SHELL o MS-DOS) para simular el contacto directo con la máquina, quizás poder técnico en toda su expresión. Pero, con la llegada de la WWW (World Wide Web), sabemos la importancia de mantener un marcado de texto para ordenar información y, ante todo, ofrecer una interfaz de usuario más amigable. Con ese propósito surgió el conocido HTML, donde no se asumía la diferencia entre la presentación del contenido frente a la estructura del contenido, donde se podía  ordenar un texto, darle color, determinar el tamaño de tipografía. En efecto, en las humanidades digitales se comprendió algo esencial. No se trata simplemente de habitar en el hipertexto, de preservar la cultura en forma de hipertexto, sino que se trata de conseguir el mayor acceso a la cultura, hacer posible la investigación, las búsquedas eficientes de información; por eso, el HTML, en sus inicios, vino a “vulgarizar” una forma de presentar conocimiento. Así, en términos de edición digital, los humanistas digitales no piensan en publicar simplemente contenidos en la red, sino que han demarcado ciertas prácticas de producción de saberes con base en lenguajes de marcado como XML (eXtensible Language Markup) o SGML  (Standard Generalized Markup Language), por el sencillo motivo de que la presentación del texto o el formato es independiente de la estructura con la que se marca.

Pero, es cierto que en muchas herramientas y aplicaciones de humanistas digitales que tienen que ver la edición digital, no sólo basta el lenguaje de marcado para estructurar textos, sino que deben intervenir otros elementos que refieren igualmente a otros tipos de lenguajes; v. g. lenguajes de marcado para generar estilos y formato como CSS, así como las nuevas versiones semánticas del lenguaje HTML (ahora ya comprendiendo la necesidad de los estándares), incluso lenguajes de programación para generar procesos lógicos, condicionales, bucles, o lenguajes estructurados para obtener información de bases de datos.

Hemos llamado a todos estos lenguajes computacionales niveles de mediación que, finalmente, nos entregan una interfaz de usuario, necesaria en muchos proyectos de investigación para darle presentación y formato al texto, claro está, independiente de su procesamiento. En efecto, los lenguajes computacionales en general crean “realidades” en forma de interfaz, diseñan estructuras, canales de comunicación y producen sentido. Puesto así, sería ingenuo pensar que en todos estos niveles de mediación no hay una modificación técnica de las humanidades, que no cambian sus prácticas, y lo que producen.

Texto leído en el Primer Encuentro de Humanistas Digitales, los días 17 y 18 de mayo de 2012.

Marco Antonio Godínez Bustos (@Markotom)
José Francisco Barrón Tovar (@yierva)

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Durante la conferencia mostramos un ejemplo de cómo las prácticas de las humanidades digitales pueden modificarse o verse afectadas por los cambios tecnológicos. El ejemplo muestra otra forma de marcar texto en TEI (Text Encoding Initiative), usando un lenguaje de programación. Está escrito en el lenguaje de programación Ruby, usa el framework Sinatra y el lenguaje de marcado HAML (HTML Abstraction Markup Language).

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