Ebooks- hacia el 2012

2011 y el 2012 – Notas sobre los ebooks

El 2011 fue un año interesante para las publicaciones digitales, en particular para los libros electrónicos. Aunque tomaron más tiempo del esperado, podemos afirmar que finalmente están aquí de forma masiva y comercial. Especialmente en Estados Unidos, los reportes de venta indican un crecimiento importante, en particular por los actores dominantes Amazon y Barnes & Noble. Una visita al norte de la frontera en julio del año pasado bastó para corroborar lo que estaban reportando en las noticias. En el aeropuerto, en el camión, en el parque, en la universidad vi a personas leyendo en distintos dispositivos: Kindle, iPad, incluso en el celular. En mi visita anterior, dos años atrás, no era un fenómeno cotidiano y me sentí como testigo de la historia. Así como mis padres me sorprenden cuando me dicen que se acuerdan de la primera vez que vieron la televisión, yo sorprenderé -y probablemente avergonzaré, por mi avanzada edad- a la siguiente generación cuando les platique que recuerdo cuando empezaron los libros electrónicos de forma masiva.

En México, los libros electrónicos todavía no son un elemento cotidiano. Incluso me atrevería a decir que los libros de papel tampoco lo son; pero bueno, eso es otra historia. Se argumentan muchas razones: el costo de los dispositivos, la falta de títulos en español, la ausencia de modelos económicos viables para las editoriales, los problemas de piratería, la reticencia por parte de la mayoría de los lectores, entre otros. En septiembre, asistí al Simposio del Libro Electrónico organizado por Conaculta, y pude atestiguar de primera mano esta resistencia. Un gran número de pláticas comenzaron sobre la línea “el debate acerca de que si el libro electrónico acabará con el libro impreso está superado” y posteriormente se lanzaban a una apasionada defensa de libro en papel. El simposio, en este sentido, se sintió como un retroceso (con notables excepciones). Y sin embargo, gracias al Twitter, pude darme cuenta que no estaba sola en mi sentir. A través del #libroEmx se realizó, en paralelo, una animada y crítica discusión que comprueban que muchos hemos superado aquel debate.

Recientemente se publicó en el Milenio un artículo acerca del libro electrónico en México. Reportan que para algunos el 2012 será el año del libro electrónico en español. Por el momento, el FCE busca alcanzar los 400 títulos, Conaculta ha publicado algunos títulos y el mercado editorial español está apostando a que ésta será un área de crecimiento. Me resulta dificil pensar que el mercado en México se consolidará tan rápido como para que el 2012 sea EL año, pero es claro que el ambiente es propenso. Me gustaría mencionar dos ejemplos que, aunque pequeños, pueden servir como indicadores de este cambio.

El primero es la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil en el Centro Nacional de las Artes que se realizó en noviembre del año pasado. Lo que me llamó la atención en particular fue el cartel que lo anunciaba, en el cual se aprecian dos figuras. Una niña está sentada sobre los hombros de un hombre, leyendo un libro. El hombre a su vez, también lee, pero en su mano sostiene un dispositivo de lectura. Me gustaron dos cosas del cartel: la primera es que se incluye por primera vez, hasta donde tengo conocimiento, un libro electrónico y la segunda es que el libro electrónico lo lee el adulto y no la niña. Me parece que, ya sea conciente o inconcientemente, no se reafirmó el mito de que sólo las generaciones nuevas pueden estar interesadas en los libros electrónicos.

El segundo es que también a finales de noviembre del año pasado Conaculta lanzó una aplicación para Ipad (¿podríamos llamarlo quizá libro electrónico?) del poema Blanco de Octavio Paz. Para la primera semana de diciembre, se anunció que era el app más descargado en la tienda de Itunes. El app está desarrollado muy al estilo de The Wasteland, que fue publicado por TouchPress en junio 2011. Las coincidenicas no son gratuitas. Al igual que The Wasteland, Blanco es un poema idóneo para el medio digital. El primero por sus numerosas referencias hipertextuales, el segundo por sus diversas y múltiples lecturas. Blanco fue desarrollado por la empresa Monuvo y me parece un excelente ejemplo de lo que se conoce como un enhanced ebook, un libro electrónico aumentado o realzado (puntos para quien conozca un mejor término en español). Un factor clave, sin embargo, pensando en el desarrollo del mercado de los libros electrónicos o apps, es que mientras que The Wasteland tiene un costo de 170 pesos, Blanco es un descarga gratuita. Según informes el costo del proyecto fue de 204 mil pesos. Aplaudo la iniciativa de Conaculta de ofrecer este tipo de materiales sin costo alguno, pero es claro que este no es un modelo economicamente viable para la mayoría de las editoriales; otro factor clave a resolver.

Cuando nos referimos a los libros electrónicos generalmente son archivos prácticamente iguales a los impresos y la única diferencia es el soporte en el cual se leen. Es claro que para este tipo de libros la pregunta ya no es cómo, más bien es cuestión de tiempo. En el caso de los enhanced ebooks, la experiencia de lectura es radicalmente diferente. La incorporación de hipertexto, audio y video, llevan a un nuevo tipo de publicación y sobre todo a un nuevo tipo de lectura. Este tipo de libros electrónicos representan un interesante reto en muchos sentidos: ¿cómo comercializarlos? ¿cómo preservarlos? ¿cómo prestarlos en bibliotecas? ¿qué ocurre con la lectura? ¿cómo reducir los costos para su desarrollo? ¿cómo consultarlos en diez o veinte años? Me parece que aquí es dónde encontramos los mayores y más interesantes retos.

 

 

 

 

 

 

Acerca de Isabel Galina

Humanidades digitales, recursos digitales, publicaciones digitales. Investigadora en el Instituto de Investigaciones Bibliográficas, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Digital humanities, digital resources, electronic publishing. Researcher at the Institute for Bibliographic Studies, Universidad Nacional Autónoma de México
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