Ariel Páez

@arimasen

Partamos de una perogrullada. El desarrollo de cada proyecto de Humanidades Digitales puede dividirse en dos: la parte Humanística y la parte Digital. Hasta ahí, todo queda claro, pero me parece importante recalcar hasta qué punto se han integrado una dentro de la otra, al menos en el área de creación de conocimiento. Y es que en la dicotomía “desarrollo conceptual – desarrollo técnico” de cada proyecto resultan necesarios tanto los investigadores que generan contenidos y planean los objetivos como los técnicos, ingenieros, programadores y diseñadores que no sólo ofrecen su expertise para la creación y desarrollo técnico del producto tecnológico derivado de la investigación sino que ayudan a perfilarlo y a definir sus alcances.

Se crea una relación simbiótica en la que, para el correcto desarrollo del proyecto, no pueden existir una sin la otra; en la que se desdibujan los límites claros y en la que se vuelve necesario que ambos manejen conceptos de su contraparte para crear un producto integral. Es decir: los investigadores necesitan conocer cuestiones técnicas para saber, por ejemplo, qué solicitar a los desarrolladores o qué es viable o no en determinados procesos, mientras que los técnicos necesitan tener conocimientos mínimos del tema tratado para ofrecer a los investigadores las herramientas que más convengan a los fines del proyecto. Justo aquí es donde encontramos el quid del asunto: ¿Quién debe ensuciarse las manos? ¿Quién es preferible que desarrolle determinadas acciones en los proyectos?: ¿el humanista que sepa un poco de todo de manera superficial o un especialista que conozca al dedillo su labor pero que ignore el tema del proyecto?

Se convierte en una disputa entre el estos dos personajes. A título personal, creo que cabe preguntarse cuándo conviene tener a un humanista multidisciplinario y cuándo a un especialista que pueda realiza actividades específicas que requieran más detalle o mejor manejo de determinadas aplicaciones.

La problemática va un poco más allá: toca el tema educativo en lo referente a la formación de recursos humanos para las Humanidades Digitales.

He podido encontrar en mi vida profesional diseñadores expertos en web o programación que, en parte debido a los programas de estudio enfocados tan sólo al aspecto comercial, ni siquiera reconocen la existencia de los proyectos de humanidades como un campo de desarrollo fértil y viable. He encontrado estudiantes de filosofía y letras capaces de escribir PHP y HTML a un nivel envidiable. Consecuencia una de la otra, de un sistema educativo que no ha sabido comprender la evolución de la investigación hacia los medios digitales y que ha fallado en reconocerlos como medios de difusión o de investigación tan respetables como los medios impresos tradicionales.

Y no es que sea un error la obtención de nuevos conocimientos aplicados a la investigación, pero me quedo con esos curiosos casos en los que encontramos filósofos que conocen mejor el marcaje de textos TEI y el lenguaje XML que muchos autoproclamados diseñadores.