Por Paola Ricaurte Quijano
@paolaricaurte

La preservación de las fuentes primarias en formato físico (documentos, imágenes fijas y en movimiento, objetos en tercera dimensión, etc.) implica su descripción y catalogación, su almacenamiento, así como la conservación del soporte material que haga posible su uso futuro. El principio rector de la preservación es evitar la pérdida de información, que en la era análoga estaba principalmente vinculada al soporte físico. Sin embargo, la era digital nos coloca frente a nuevos retos relativos a la preservación.

Una tarea importante es la conversión de fuentes primarias a un formato digital, que permita luego su difusión, manipulación, análisis y además la interconexión con otras fuentes. Esta conversión implica el seguimiento de estándares como TEI (Text Encoding Initiative), W3C (World Wide Web Consortium) o DCMI (Dublin Core Metadata Initiative), de tal manera que a través del marcado de las características textuales y la adición de metadatos para los materiales no textuales, puedan ser reutilizables, intercambiables e interoperables (Deegan y Tanner , 2004). La otra tarea es lograr que estos nuevos objetos digitales sean preservados a largo plazo.

Los objetos digitales de cualquier naturaleza (textual, visual, auditiva, geoespacial, etc.) son flujos de bits en código binario articulados con un orden lógico. De acuerdo con Smith (2004) los dos principales retos técnicos para la preservación digital son precisamente la conservación física (mantener la integridad de los bits) y la preservación lógica (mantener la integridad de la ordenación lógica del objeto). Estos riesgos tienen que ver con la degradación del soporte digital y con la obsolescencia del software o el hardware: es necesario asegurar que los datos puedan ser leídos aun cuando el software en el que fueron escritos o el hardware utilizado para su lectura sean obsoletos. Si pensamos en la rapidez del desarrollo tecnológico, nos resultará sencillo imaginar que los soportes, el software y el hardware que utilizamos en la actualidad, en menos de cien años habrán desaparecido.

Según Smith, algunas de las estrategias utilizadas para enfrentar estas dos problemáticas son la migración de un soporte/formato, software/hardware antiguo a uno más actual, la emulación (preservar la funcionalidad del software junto con el contenido, lo que implica conservar también toda la información sobre los ambientes), la  preservación persistente del objeto (definir todas sus propiedades para poder “recrearlo” en el futuro: contenido, estructura, contexto, presentación) y la preservación tecnológica (la  preservación del objeto digital junto con el hardware, el sistema operativo y el programa).

Usualmente pensamos que la información digital conlleva menos riesgo de pérdida que la contenida en formatos físicos; sin embargo, en la práctica, los objetos digitales pueden resultar mucho más frágiles. Por esa razón es urgente invertir recursos y capital humano para vencer los obstáculos de la preservación digital, que resulta crucial para la conservación de la memoria de la cultura.

Referencias

Deegan, M. y Tanner, S. (2004). Conversion of primary sources. In A Companion to Digital Humanities, ed. Susan Schreibman, Ray Siemens, John Unsworth. Oxford: Blackwell. http://www.digitalhumanities.org/companion/

Smith, A. (2004). Preservation. In A Companion to Digital Humanities, ed. Susan Schreibman, Ray Siemens, John Unsworth. Oxford: Blackwell. http://www.digitalhumanities.org/companion/